Han pasado los años y sigue la eterna pregunta: “Y tu, ¿eres de los Beatles o de los Stones?”. Una rivalidad fomentada, en su mayor parte en la década de los 60, cuando ambas bandas libraron una batalla épica en cuanto a éxitos comerciales y credibilidad estética se refiere.

Alberto López

Los Stones aún sostienen que tal rivalidad no existía, que era un invento de los medios, pero, como podemos apreciar en este entretenido repaso a una parte fundamental de la historia de la música, la realidad es que pasaron por épocas más convulsas que otras, en las que muchas veces fueron sus productores y representantes quienes distorsionaron la imagen que se tenía de unos y otros, de sus enfrentamientos, para crear un imperio monetario digno de mención.

Buen ejemplo de esto es como se promovió la imagen de chicos buenos y de clase media/alta al referirse a los Beatles, cuando en realidad provenían de los barrios duros de Liverpool. Los Beatles, dentro del Rock, representaban el Pop más refinado, con atuendos y declaraciones en su mayoría equilibradas y amables.

Todo lo contrario que Mick Jagger y compañía, quienes eran los chicos malos del barrio, desaliñados y violentos, que desafiaban los últimos estertores de la era victoriana con su manera desenfadada de ver la vida y su actitud políticamente incorrecta.

A través de decenas de recortes de prensa, entrevistas, documentos y declaraciones de los círculos más íntimos de ambas bandas, John McMillian hace un exhaustivo repaso a las enemistades y amistades, que también las hubo, entre el cuarteto de Liverpool y los londinenses.

Uno de los momentos más tensos se vivió, como se cuenta en el prólogo, en la noche del 26 de julio de 1968, el vigésimo quinto cumpleaños de Jagger. El cantante apareció en la fiesta en el Vesubio Club, uno de los más exclusivos de Londres, con el adelanto en exclusiva del que sería el próximo disco de los Stones. Fue un éxito y todo fue sobre ruedas hasta que hizo su aparición Paul McCartney con el single de los Beatles, con “Hey Jude” y “Revolution”, y la reacción de la gente, pidiéndolas una y otra vez al DJ, acabó con Jagger fuera de escena en su propio cumpleaños.

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Ejemplos en el otro sentido también los hay realmente magníficos, como cuando los Stones pasaban por una amplia sequía creativa y Lennon y McCartney les cedieron el tema “I Wanna Be Your Man”, o la influencia que ejerció Harrison sobre Dick Rowe, directivo de la discográfica Decca, para que contratara a los Stones.

El autor insiste en que pasaron épocas en las que iban todo el día de la mano, mientras que en otras, coincidiendo con épocas de actividad musical, se cuidaban mucho de no mencionar a la banda “rival” en público. Aunque en cierto momento, un indignado Lennon declaraba “Todo lo que hacemos, los Stones lo repiten 4 meses después”. Sin embargo, aprovechando el tirón de la Beatlemanía y los pasos en falso que dio Lennon posicionándose incómodamente con “Revolution” contra el izquierdismo reinante, los Stones fueron creciendo y con “Street Fighting Man”, adoptada por la contracultura de aquel momento como un himno, alcanzaron un estatus mucho más nivelado con sus vecinos de Liverpool.

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Las anécdotas se suceden por doquier, y a través de una gran documentación el autor repasa una época, y a dos bandas, que fuera de polémicas mediáticas, han marcado la historia de la música.

Al final nos queda un ilustre cadáver contra el desafío a la edad y la muerte, y aquel que sea capaz de responder a la pregunta planteada al comienzo que lo haga. Yo nunca he sido ni de los Beatles ni de los Stones. Yo he sido, y soy, de la música. Y todo aquel que disfrute de la música lo hará con este libro, quizá de mayor manera que los acérrimos seguidores de unos y otros, ya que verán el conjunto sin fanatismos inútiles. Por descontado queda que es de obligada lectura para los seguidores de cualquiera de las dos bandas, aunque puede que no encuentren lo que quieran oír. Avisados están.

Alberto López

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