Amon Amarth + Arch Enemy + Hypocrisy – 23 de Noviembre 2019 – Palacio Vistalegre (Madrid)

Cuando se anunció el concierto, Amon Amarth ya habían anunciado que aspiraban a jugar con los grandes, a subir un peldaño y codearse con bandas que hasta ahora solo podían soñar con telonear. Ya parecía algo excesivo el recinto para una banda como los suecos, pero pasaron las semanas y las entradas fueron vendiéndose a buen ritmo hasta llegar al punto de agotar las de pista. El resto es historia. Una noche para el recuerdo, donde Amon Amarth refrendaron sobradamente sus intenciones con un show absolutamente espectacular, aún habiéndoselo puesto muy difícil Arch Enemy, quienes dieron un concierto tremendamente solvente.

Texto: Alberto López
Fotos: Mario López

Antes era el turno de Hypocrisy. La banda liderada por el polifacético Peter Tägtgren salía a escena pasadas las 7 de la tarde antes un Palacio de Vistalegre con bastante espacio libre todavía. Tras una breve intro, fueron apareciendo en escena los miembros de la banda mientras, bajo una potente iluminación verde, daban comienzo a “Fractured Millenium”. Sonido potente, aunque no todo lo nítido que hubiese sido deseable. Cuando aceleraban, las luces verdes daban paso a unas estroboscópicas capaces de provocar un ataque epiléptico a cualquiera. No se entretuvieron demasiado ni para saludar, atacando “Adjusting The Sun” sin más preámbulos. A Peter se le veía sobrio y concentrado al frente del escenario, mientras que el resto de la banda eran los encargados de aportar movimiento al show.

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Es digno de mención que, tratándose del primer grupo de la noche, pudiesen llevar parte de su escenografía, algo que no suele ser demasiado habitual, relegando al grupo de apertura a la estrechez de un escenario copado por los bártulos de los demás. La celebrada “Fire In The Sky” fue la siguiente en sonar, demostrando que no estaban allí como meros comparsas. Seguían sonando todo lo mejor que las circunstancias lo permitían, ante cada vez más público, y ejecutando con certeza los temas. Aún así, el frío que habíamos soportado en la calle antes de entrar no se iba de nuestros cuerpos. Estaba siendo un concierto muy correcto, pero frío como su Suecia natal. Y así continuó hasta el final, cuando sonó su mítica “Roswell 47” y la audiencia se vino arriba. Antes “Eraser”, “The Final Chapter” o “The Gathering” arrancaron tímidas ovaciones pero en ningún momento terminaron de conectar del todo con el público, pese a no haber dado un mal concierto.

Otra cosa fue lo que vino después. Hay que tenerlos bien puestos para llevar a una banda como Arch Enemy de grupo invitado, ya que pueden pasarte por encima con facilidad. Y podría haber ocurrido de no ser por el impresionante despliegue posterior de Amon Amarth, porque Arch Enemy dieron otro señor conciertazo. Ellos sí que caldearon el ambiente a base de bien, y sin necesidad de pirotecnia. Salieron a comerse el escenario, como es habitual en ellos y ya desde los primeros acordes de “The World Is Yours” comprendimos que iba a ser tremendos. Gran sonido ya desde el principio, nada que ver con Hypocrisy, aquí todo estaba en su sitio, se distinguía a la perfección cada elemento y la potencia seguramente despeinó a más de uno en las primeras filas.

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Alissa es un torbellino que no para un momento, moviéndose y animando constantemente de un lado a otro del escenario, o subiéndose a la tarima de la batería, mientras que Loomis a un lado y Ammott al otro reparten lecciones de guitarra con cada tema. “War Eternal” y “My Apocalypse” refrendaron lo oído en el primer corte, llevando al público, ya todo lo numeroso que sería aquella noche, a votar y mover las melenas sin cesar. No siempre es fácil sustituir a alguien que ha tenido tanto peso en una banda, pero en este caso, Alissa, desde hace ya tiempo, hace que ni se te pase por la cabeza que ciertos temas los cantaba Angela Gossow. Como fue el caso de “Ravenous”, la siguiente en caer, un tema insignia de la época Gossow que Alissa ya lo ha hecho tan suyo que hay hasta quien duda por instantes del tema o de la época de este.

Con esta premisa siguieron desgranando un set bastante equilibrado, con representación de los discos en los que la del pelo azul ha participado así como de los más representativos de otras épocas. Así pues, “Under Black Flags We March” y “The Eagle Flies Alone” sonaron perfectamente engarzadas. “First Day In Hell” sonó algo más descafeinada, si se puede decir algo así del recital que estaban dando, pero el bajón les llegó en buen momento, ya que después se tomaron un respiro mientras sonaba la intro que daba paso a “As The Pages Burns”, la cual, junto a “No Gods, No Masters” sonaron especialmente brutales. “They Bury Their Dead” y la gran “Nemesis” cerraron un concierto de un nivel altísimo, que ponía las cosas muy difíciles de superar a Amon Amarth.

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Pero llegaron los vikingos y nada de lo que habíamos imaginado, aún teniendo la referencia veraniega de su actuación en el Download Festival, nos había preparado para lo que vino a continuación. Mientras un telón negro con la palabra Berserker cubría el escenario, tras este se intuía una frenética actividad, preparando una escenografía que haría las delicias de los allí presentes.

Sonó el “Run To The Hills” de Iron Maiden y el fuego hizo aparición nada más caer el telón y mostrar a la banda que daba comienzo a “Raven’s Flight”. La plataforma de batería era un gigantesco casco vikingo con dos pantallas de alta definición por ojos, en los cuales se iban proyectando distintas imágenes o diseños según fuese el tema que sonase. La pirotecnia no cesó en prácticamente ningún tema, con 6 cañones que lanzaban llamaradas sobre las cabezas de las primeras filas, además de otros 4 que cruzaban el escenario por delante y por detrás de la batería. Un espectáculo visual absolutamente espectacular y constante, que por momentos te hacía distraerte algo de lo puramente musical.

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Las runas que había en los extremos del escenario prendieron al comienzo de “Runes For My Memory” y así estuvieron hasta que las retiraron al final del tema. La tormenta de fuego que cayó en “Death In Fire” fue sobrecogedora. Además la banda estaba totalmente engrasada, sonando bien y ejecutando los temas a la perfección, comandados por un Johan Hegg eufórico, convertido en un vikingo feliz, en claro contraste con otras veces en que lo hemos visto bastante menos comunicativo. “Deceiver Of The Gods” fue el primer clasicazo en caer, para el que contaron con la inestimable aparición de Loki, quien paseo por el escenario durante la primera parte del tema.

Cada canción tenía su toque distintivo en cuanto a iluminación, lo que se proyectaba en los ojos del gran casco que hacia las veces de tarima de la batería, a la pirotecnia o incluso el confeti, como fue el caso de “First Kill”. Hegg volvía a dirigirse al público para presentar “Fafners Gold”, que como él mismo dijo, es una canción hecha para sacar al vikingo que todos llevamos dentro. En “Crack The Sky”, el rubio cantante apareció martillo de Thor en mano, algo que recuperaría para la parte final del show. Todos los temas eran celebradísimos por la audiencia, ojiplática con lo que estaba viendo, disfrutando tanto que iban pasando los temas casi sin darnos cuenta. Así llegó y pasó “The Way Of Vikings”, espectacular, aun sin tanto teatro.

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Otro de los grandes momentos de la noche fue la llegada de “Prediction Of Warfare”. Primero porque recuperaron un tema que hacía mucho tiempo que no tocaban en directo, y segundo porque, sorpresivamente, el casco vikingo que sostenía la batería comenzó a elevarse hasta una altura considerable, quedándose ahí casi hasta el final del concierto. El efecto fue inmejorable. “Shield Wall” quizá fue lo más flojo del concierto, aunque rápidamente quedó olvidada tras la aparición de dos enormes estatuas de guerreros vikingos, una a cada lado del escenario, para el comienzo de “Guardians Of Asgaard”. Empezaba la traca final y no pudo hacerlo de mejor manera.

La siguiente fue “Raise Your Horns”, para la cual le acercaron a Johan un gran cuerno vikingo repleto de cerveza que vació en dos impresionantes tragos. Acto seguido nos informó, entre risas, que se encontraba bien. La festividad del tema se contagió por todo el recinto y fue así como llegamos al breve descanso antes de encarar los bises. “The Pursuit Of Vikings” y “Twilight Of The Thunder Gods” fueron los temas elegidos para cerrar el concierto. Y lo hicieron a lo grande, como no podía ser de otra manera. Echaron el resto en cuanto a pirotecnia, además de sacar un Jórmundgander gigante con el que Hegg luchó, emulando la portada de aquel mítico disco.

Fue sin duda una velada impresionante, en la que Amon Amarth cumplieron con lo prometido y se sentaron, por fin, a comer con los grandes.

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Texto: Alberto López
Fotos: Mario López