Saint Vitus + Dopelord. Sala Bóveda, Barcelona. 25/04/2019

Este año, en Barcelona, hemos tenido un jueves santo seguido de otro, concretamente el del pasado 25 con la venida de nuestro señor, el padrino del Doom, Saint Vitus. Los americanos volvieron a visitar después de 5 años la ciudad condal, para celebrar su 40 aniversario acompañados de Dopelord y demostrarnos, a pesar de sus melenas grises, que siguen siendo tan brutales como siempre.

Texto y fotos: Quim Torres

A pocos minutos de la hora programada para el inicio, el bajo número de asistencia que había en la sala era preocupante, sobre todo pensando en que recientemente Red Sun tubo que llegar a cancelar un pedazo de festival de Stoner y Doom por la escasez de entradas anticipadas vendidas. No obstante, la preocupación se fue al poco rato de que los jóvenes Dopelord dieran los primeros acordes y al final de su concierto la sala ya estaba bastante llena.

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Dopelord sacaron un sonido inmejorable para lo que ofrece la sala Bóveda, que últimamente me está sorprendiendo gratamente en cuanto a la calidad del sonido, eso sí, si te sitúas más o menos por el centro o atrás de la sala. Disfrutamos muchísimo con los contundentes y pesados riffs del cuarteto polaco, y sus largas canciones y pasajes, a veces con un aire más progresivo y post-Doom a lo Elder u otras echando mano de la lentitud y el mantra a lo Electric Wizard o Windhand. Son una banda muy interesante e hipnotizante, aunque las voces no me acabaron de convencer y la puesta en escena tiene aspectos por mejorar, aunque esto último puede ser debido a que uno de los cantantes y guitarristas tenia problemas de espalda. Consiguieron enganchar al público e incluso sus compañeros de gira se acercaron a verlos en las últimas dos canciones, entre las cuales destacó uno de sus mejores temas: “Preacher Electric”.

Saint Vitus salieron al escenario con una actitud muy cercana desde el mismo inicio y con una gran ovación hacia el guitarrista Dave Chandler y también el cantante original, Scott Reagers, que salió como si andara por su casa, bebiendo de su taza de Frankenstein. Tras el saludo inicial de Chandler empezó, con el inconfundible sonido de su guitarra, el primer riff de Dark World, uno de mis temas preferidos de los discos de Reagers, quien nos dejó a todos flipando con su buen estado vocal, y eso que tan solo era el inicio. De este nos fuimos a otro de los clásicos, “White Magic/Black Magic” de su primer álbum, todo un himno que hizo mover las cabezas a medio público y que empezáramos a cantar. De un extremo a otro, ahora nos deleitaban con dos canciones inéditas de su nuevo álbum, que saldrá el 17 de mayo, “Remains” y “Hourglass” algo más rápidas que los dos clásicos anteriores, pero más contundentes y pesadas que las otras dos nuevas canciones que ya publicaron en internet.

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De nuevo a uno de sus discos más conocidos, Hallow’s Victim, sacaron la canción con la que revitalizarían al público, “War is our Destiny”, que contó con el solo loco y macarra marca inconfundible de Chandler. A éste le siguió otro temazo de la discografía de Reagers, fue en ese momento en que, a pesar de ser un fan de Wino y de The Obsessed, la balanza se decantó hacia este su cantante original, que a pesar de estar menos valorado, realmente es mucho más versátil y con una puesta en escena imparable, demostrando no haberse desgastado ni un poco en los años que ha estado inactivo.

Después de este temazo quizás fue una mala elección escoger “A prelude to…” un tema más bien ambiental y muy suave del nuevo disco, que entre que no lo conocíamos y la falta de educación del público con ganas de hablar, no lo dejaron disfrutar y paso sin pena ni gloria, una pena… Pero entonces rompieron con los temas que le siguen en el álbum y que si conocíamos, las cañeras “Bloodshed” y “12 Years in the Tomb”, con las que la gente se volvió completamente loca, empezando un mosh y todo y, la verdad es que, a partir de este momento todo fue a más, sin descanso.

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Reagers sacó dos botellines de cerveza y cuando los hizo chocar todos supimos lo que se venía, la lenta y oscuramente fantasmagórica “Burial at Sea” de su primer disco, seguida de la canción que les da nombre y abre este mismo álbum, la canción con la que muchos les habíamos descubierto, así que, como decía, todo fue para arriba hasta llegar al punto álgido con “Born too Late”, muy ovacionada y cantada por el público. Fue el único tema de la época de Wino, pero Reagers lo bordó magistralmente, dándole el extra de garra que tiene su voz.

Finalmente acabaron con dos canciones rapidísimas, con el casi Speed Metal de “Hallow’s Victim” se acabó de desatar la última locura y, sin transición y casi indistinguiblemente siguieron con “Useless”, la canción más rápida y directa que sonó en toda la noche, una elección curiosa, si más no, para cerrar la hora y cuarto de concierto, al ser una canción nueva y poco conocida, pero que sirvió para acabar en alto con esa sensación de apoteosis caótica.

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Saint Vitus hizo un concierto que creo que nos sorprendió a muchos, tanto por su actitud como por calidad, con un setlist variado y lleno de contrastes, aunque con muchas canciones de este aun inédito nuevo álbum (que no se de quien habrá sido la idea de no sacarlo antes de hacer la gira) y sólo una de la discografía de Wino, pues hubiera estado bien escuchar alguna más con el vozarrón de Reagers.

Texto y fotos: Quim Torres