Godspeed You! Black Emperor + Light Conductor – Sala Apolo, Barcelona – 14/11/2019

El pasado 14 de noviembre, tuvimos una cita en Barcelona con los pioneros del post-rock, Godspeed You! Black Emperor, los cuales no pisaban la ciudad condal desde el Primavera Sound de 2014, así que había una gran expectación que se vio reflejada en una sala Apolo completamente llena de, seguramente, el público más diverso que me he encontrado nunca en un concierto.

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También venidos desde Canadá, los acompañaba el trío de electro-drone Light Conductor, que fue un plato curioso para ir abriendo boca y entrar en el estado mental adecuado para enfrentarnos a lo que vendría después. Con una puesta en escena austera y oscura, el grupo combina la electrónica y el synthwave de los ’80 con el carácter decadente y monótono del drone. Para la última canción, pero, se colgaron las guitarras y se colocaron en frente del micro para cerrar el concierto de una manera contundente, con la canción que lleva su nombre.

A las nueve y poco, las luces de la sala bajaron a mínimos y empezó a sonar una nota grave y constante, junto con los primeros “sshh” por parte del público, que, sorprendentemente, estuvo respetablemente callado durante la mayor parte del concierto, al menos en la zona cercana al escenario. Los ocho músicos fueron subiendo uno a uno para añadir progresivamente su instrumento a la mezcla de sonidos que se estaba formando, mientras la tensión, la intensidad y el volumen aumentaban muy lentamente, para explotar a los diez minutos, con la irónica palabra “Hope” proyectada tétricamente a sus espaldas. De este “drone de la esperanza”, el sonido insistente del violín nos enlazaba con la canción “Bosses Hang”, de su último disco, y sus melodías elevadoras del espíritu, combinadas con las proyecciones de esas torres de Lucifer que son los altos edificios de las grandes ciudades y las imágenes en repetición y en blanco y negro de simpatizantes de Donald Trump, con banderas estado unidenses y gorras de “Make America Great Again”, que invitaban a una interesante reflexión social.

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La parte final de esta canción constituyó ya un pequeño momento de catarsis con esa explosión de su melodía principal, y es que el concierto fue una clase magistral del control de dinámicas, tensiones y distensiones y de cómo hacerte llegar una gran cantidad de sentimientos con el mínimo de notas. Y así lo siguió haciendo la primera de las dos canciones nuevas e inéditas que siempre nos regalan Godspeed en sus conciertos, llamada “Glacier”, que supuso un cuarto de hora de lento e intenso crescendo y multitud de riffs y melodías variadas e interesantes.

“Anthem for No State” sonó para meter directamente en las cabezas del público sus mágicas melodías de violín, antes de presentarnos otra canción nueva, “Cliff”, de un carácter central que nos recuerda a sus primeros discos, pero con algunas sorpresas inesperadas, como es su final optimista y enérgico que incluso hizo bailar a buena parte del público.

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Llegamos al final de este concierto con la magnífica “BBF3” y su profunda melancolía, que dejaba el concierto en alto con su explosiva última parte, tras la cual, tal como habían entrado, se marcharon del escenario progresivamente, dejando sonar su instrumento para crear una última ola de denso sonido que duraría varios minutos, hasta que los apagaron finalmente el bajista Mauro Pezzente y batería Timothy Herzog, cerrando así un set que rozó la hora y tres cuartos de concierto. Un concierto marcado en todo momento por un sonido perfecto, claro y contundente, fuerte en su justa medida, y que no podía haberse dado en un lugar más idóneo que la sala Apolo.

Texto y fotos: Quim Torres