Jardin de la Croix + Ànteros, La [2] de Apolo, Barcelona. 25/11/2017

Después de su éxito en los festivales veraniegos, Jardin de la Croix inicia la gira nacional para presentar su último disco Circadia, del que pudimos disfrutar en una noche de Post-Metal en la renovada La [2] de Apolo, Barcelona, junto a unos invitados de lujo como fueron Ànteros.

Texto y fotos: Quim Torres

Estaba lloviendo y no llevaba paraguas, así que entré con más ganas que nunca en el emblemático edificio de la Apolo, y una vez dentro hubo una cosa que me puso casi tan contento como el saber que mi cámara no se había mojado por la lluvia, pues no parecía encontrarme en la sala de segunda categoría que recordaba, sino que La [2] de Apolo se había remodelado casi por completo, con una estética que le hacía algo más de justicia a su hermana mayor.Mi pregunta entonces era si también sonaría mejor que antes, a lo que me responderían en un momento los barceloneses Ànteros, que venían a presentar su primer LP Cuerpos Celestes, el cual habían publicado a principios del mes y al que tenía muchísimas ganas de escuchar en directo.

Intensas luces rojas cubrían el escenario y la lúgubre belleza de la portada de su álbum se proyectaba al fondo cuando los jóvenes componentes se preparaban para romper el silencio con los primeros acordes de “Nereid”, el tema que abre el disco. Con un sonido muy contundente y claro, a pesar de ser tres guitarras, se escuchaban realmente compensados y no demasiado sobresaturados, lo cual suele ser difícil cuando se juntan tantos guitarristas en salas tan pequeñas. Y entonces entró la voz desgarradora de Endika Pikabea, que lanzaba sus preguntas existencialistas y mensajes desesperados llenos de significado, que se funden perfectamente con las profundas emociones que nos transmiten con su música.

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Después de dos buenos temas como “Hydra” y “Rhea”, llegó la magnífica composición “Polaris”, con una amalgama de potentes riffs contrastados con abrumadores pasajes, creadores de oscuras atmosferas. Una gran luna corona el escenario mientras suena el sugerente arpegio que inicia la canción instrumental dedicada a este astro y que dará paso a otros grandes temas como “Elara” y “Vega”, donde destacó su perfecta interpretación y transmisión, que hizo vibrar al público, a pesar de no interactuar mucho con él, a parte del guitarra Rubén Martínez que llegó a tocar incluso en medio del público. Finalmente, con “Cressida”, igual que en el álbum, cerraron los 40 minutos de una espectacular actuación que seguro quedó gravada en la mente de muchos de los asistentes.

Con la sala prácticamente llena al finalizar Ànteros, ahora tocaba esperar placenteramente los 15 minutos que dura exactamente la canción de Om “At Giza”, la cual sonaba por los altavoces, cortesía del técnico, para ver a uno de los mejores grupos de Post-Metal instrumental nacionales. Un azul más optimista teñía esta vez el escenario para que Jardin de la Croix iniciara su concierto con los teclados de “Flowers and carrion”, interpretados por el guitarrista Ander Carballo.

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Empezando por la canción que cierra su último trabajo, continuaron con el tema que lo abre, la inconfundible “Seventeen years to hatch an invasion”, donde el cuarteto madrileño nos sorprendió con su impecable ejecución: los guitarristas Pablo Rodríguez y el anteriormente mencionado Ander Carballo denotan una compenetración digna de admirar, sobre todo en los muchos momentos que crean melodías que parecen caminar solas y transportarnos a lugares de ensueño, utilizando magistralmente técnicas como el tapping, que queda lejos aquí de sobrecargarnos de notas y más notas vacías, como suele pasar en ciertos grupos de metal progresivo, pues la música de Jardin de la Croix tiene, en todo momento, su propio mensaje.

Enlazadas por “Green Architect”, desde su anterior disco 135 Steps to cross the Universe nos trajeron “Man Made the Lighting” y “Colorado Springs”, con las que introdujeron algo más de variedad a su setlist, en las que destacan también los juegos rítmicos con los que nos deleitan Ignacio Hernández e Ismael Arias al bajo y la batería, respectivamente.

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A medida que avanzaba el concierto, su actuación y actitud se volvía más intensa y su conexión con el público más cercana – a pesar de hacer justicia al título de grupo instrumental y no decir ni una palabra durante todo el concierto, pues la verdad es que no les hace falta. Con “Intermareals” y sus sugerentes pasajes nos llevaban al punto álgido del concierto que culminaron con la parte final de la odisea espacial “Talking with planets”, de su anterior trabajo, en la que llegaron a un completo éxtasis, con un final apoteósico que hizo surfear sobre el público a Hernández mientras tocaba su bajo. Un final en el que acabaron de descargar toda la potencia que les quedaba, que no era precisamente poca.

No obstante, el público se quedó esperando un bis que no llegó, lo cual decepcionó un poco, pues la actuación a penas rozaba los 50 minutos de duración, ni siquiera la hora que se espera como mínimo por parte de unos cabezas de cartel.

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Salvo este último detalle, fue una noche perfecta y, sin duda, uno de los mejores conciertos de formaciones nacionales que he visto este año. La escena post-rock, post-metal, post-whatever, está bien viva y avanza, seguramente síntoma de la postmodernidad en la que nos adentramos, en la que se suprimen las dualidades y se cuestionan los parámetros establecidos, tal como hacen Jardin de la Croix, Ànteros y cada día más grupos emergentes con la música, consiguiendo crear toda una nueva realidad a partir de su particular lenguaje y expandiendo los horizontes de este arte.

Texto y fotos: Quim Torres