Download Festival 2019 – Domingo 30 de Junio ’19 – La Caja Mágica, Madrid

Tercera y última jornada que afrontábamos con mucho cansancio acumulado en las piernas y con el mismo calor que las precedentes. Una jornada pobre en lo musical, ya que, exceptuando a los cabezas de cartel y un par más, el nivel no fue el más alto.

Texto: Alberto López
Fotos: Mario López

Abríamos la tarde con Bones Of Minerva, quienes están gozando de mucha popularidad últimamente y recibiendo grandes alabanzas por parte de público y medios especializados. Ya fuese por el calor, por la mejorable asistencia de público o por ambas cosas, seguramente una consecuencia de la otra, el caso es que el cuarteto no estuvo al nivel esperado. No es que estuvieran mal tampoco, pero había muchas ganas de verlas y tuve la sensación de que podían haber dado mucho más. El sonido tampoco les acompañó en ciertas ocasiones, aunque “Vehemence” sonó bastante bien, y “Madre”, nuevo tema que presentaron, tampoco estuvo nada mal. Son jóvenes y con mucho futuro por delante, esperemos verlas más arriba en próximos festivales, porque calidad tienen.

La siguiente parada en nuestro camino fue ya en el Main Stage. Toundra, junto con Vita Imana, era la banda nacional con más peso dentro del cartel. El crecimiento que han tenido ha sido constante y seguramente todavía no hayan llegado a la cima, con la dificultada añadida de ser una banda instrumental, una circunstancia que no suele mover la cantidad de gente que había esperando la salida a escena de los madrileños.

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Y allá que fueron, sobrados de energía que enseguida contagiaron al público. ¿Quién quiere un cantante si se consigue conectar con tu audiencia de esa manera? Porque esa fue la realidad, una comunión público-banda perfecta, con un Esteban tremendamente activo y con unos temas que sonaron realmente bien. “Cobra”, “Tuareg” o “Cruce Oeste” fueron celebradísimas, y ante cualquier mínima exhortación desde el escenario, el público respondía de la mejor manera posible. Fue un concierto, quizá por el lugar, algo más directo de lo que nos tienen acostumbrados, algo que incluso sus fans más acérrimos, que comentaban cada canción desde la idolatría, agradecieron por distintivo. Su voz son los instrumentos, y viendo la maestría con la que manejaron el concierto, no sé dónde está el techo para ellos.

Era el turno, en el escenario 2, de Max Cavalera y compañía. Que Soulfly, y más en concreto Max, hace años que ya no son lo que eran no es ningún secreto, pero habiendo sacado un disco bastante decente el año pasado, y con la revitalización que le da a la banda la juventud de Zyon Cavalera a la batería y Mike Leon al bajo, tenía la esperanza de verles algo mejor que las últimas veces. Y si, Marc Rizzo sigue siendo un animal a las 6 cuerdas, y la base rítmica es brutal, pero cuando tu líder, tu cara visible, tu voz… sigue en franca decadencia es muy difícil. Y es que Max se presenta frente al micro con desgana y a veces hace una libre interpretación de sus líneas vocales que cuesta entenderlas, como cuando le llegó el turno a “Plata o plomo”.

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Anteriormente habían abierto de buena manera con “The Summoning” y “Under The Rapture”, ambas de su más reciente lanzamiento, donde algo de las raíces de los antiguos Sepultura hay. O esa es la intención, por lo menos. El público estuvo muy frío en ambas y únicamente se animó cuando llegaron temas clásicos de la banda como “No Hope = No Fear”, “Tribe” o “Prophecy”. Hubo también tiempo para sacar el berimbau a pasear, aunque Max pareciese más bien un borracho dando palos, arrojando posteriormente el instrumento a un lado del escenario de mala manera. Lo mejor, como no, vino en los bises con “Back To The Primitive” y “Jumdafuckup/Eye For An Eye”.A nivel instrumental fue un buen concierto, pero esperemos que Max, y con eso Soulfly, recupere cierto nivel de antaño.

Lo de Architects en el escenario principal fue para estudiarlo. Abriendo muy muy bien con “Modern Misery” y “Nihilist”, quizá algo altos, pero nada grave, con un gran nivel instrumental y un cantante que lo estaba dando todo. Hasta que alguien, imagino que su técnico de sonido, decidió que no bastaba con eso, que subir, no solo los bombos, si no los graves en general hasta un nivel verdaderamente dañino era una genial idea. Aquello era inaguantable, de malestar físico. Las consecuencias de tal mente preclara no tardaron en llegar.

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La primera fue que mucha gente se fue alejando del escenario hasta encontrarse más allá de la torre de sonido, desde donde se podía soportar, y aun así era recomendable irse aún más atrás, el asunto. La segunda consecuencia fue que durante “These Colors Don’t Run” y “Holy Hell” tuvieron una visita inesperada en el foso: la Policía Municipal, que se acercó a hacer las mediciones pertinentes ante aquel ataque sonoro. La tercera, y última consecuencia, fue que el público fue desconectando de la banda y viceversa, hasta que se despidieron con un seco e incómodo “thank you, good night”.

Lo tenían todo para llevárselo de calle y lo tiraron por la borda, una verdadera lástima, porque la cosa prometía y mucho.

Pero para quitarnos el mal sabor de boca ya estaban Sum 41 quienes dieron uno de los mejores conciertos de todo el festival sin lugar a dudas. La banda liderada Deryck Whibley finalizaba su gira aquella noche, así que salieron a quemar las naves y lo dieron absolutamente todo sobre las tablas, con un sonido envidiable y un set list plagado de clásicos.

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El que siga pensando en ellos con una banda más de pop punk adolescente debería ir cambiando el chip. Bien es cierto que algo de eso queda, pero son mucho, mucho más. Cada vez más cerca del Metal o del Hardcore, su calidad es innegable. Y así lo demostraron ante una audiencia completamente entregada desde el primer tema. Acto seguido cayó “The Hell Song” y aquello fue la locura, con confeti y globos gigantes incluidos.

Nos ofrecieron dos adelantos de su inminente lanzamiento y, además, se atrevieron con el comienzo del “Another Break In The Wall” de Pink Floyd y con una veloz versión del “We Will Rock You” de Queen.

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La fiesta que se vivió en temas como “Over My Head (Better Off Dead)”, “Into Deep”, “Fat Lip” o “Still Waiting” fue increíble. La gente se lo pasó a lo grande saltando y coreando los temas, contagiados por el buen rollo y la caña que venía desde el escenario. Un escenario, por cierto, de lo más currado y, aunque en versión pequeña, influenciado por los de bandas como Iron Maiden o FFDP.

Espectaculares.

Y llego la hora que la gran mayoría de asistentes esperaba con ansia. El regreso de Tool, los culpables de que fuese el día con mayor asistencia y, seguramente, de salvar el festival.

Una pieza de música clásica prácticamente inaudible hizo que todos centráramos la atención sobre el escenario: una estrella de metal de 7 puntas suspendida en el centro del escenario, que dependiendo del tema iluminaba de una manera u otra y cinco pantallas verticales de vídeo, además de las dos laterales, donde se proyectaban las imágenes que acompañaban a los temas y que bien podrían haber sido sacadas de la experiencia de un viaje de ácido. Tras la intro, comenzó a sonar Ænema y con ella el hechizo. Tool es una banda complicada, de eso no hay duda, pero lo cierto es que cuando conectas con ellos ya no hay remedio. Maynard James Keenan se encontraba en una plataforma al fondo del escenario y solo se percibía su silueta, algo que no cambiaría en todo el concierto. A la misma altura se encontraba la tarima de la batería con Danny Carey dando una lección, la misma que estaban dando más abajo Adam Jones y Justin Chancellor.

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“The Pot” y “Parabola” fueron las siguientes en caer ante la inigualable atención del público, que en los momentos de silencio comentaba la jugada y elevaba a los músicos al nivel de los Dioses. En este punto no estoy a favor de eso, por lo menos en conciertos como el de Tool, y es que el silencio también es música y forma parte del planteamiento del concierto, y tú lo estás interrumpiendo para decirle a tu colega que qué buenos son. No es lo mismo hacerlo en un concierto de Slipknot o Sum 41 que en algo tan especial y tan particular como un concierto de Tool. Pero bueno.

Continuaron con “Descending”, uno de los dos adelantos del nuevo trabajo que publicaran en algún momento de este 2019, supuestamente. El otro fue “Invincible”. Curiosa la expectación creada ante las novedades, pocos conciertos he visto con un público tan atento, tan inmerso en el espectáculo. Y es que Tool, con su rareza, son del todo atrayentes. No hay más que ver a Maynard, ataviado en esta gira como una especia de payaso punk, cantando sin mirar al frente ni una sola vez, prácticamente siempre en penumbra… Y no puedes quitar la vista de él. Ni de nada en realidad, es una experiencia casi extrasensorial.

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“Schism”, con la intro de Adam al xilófono, sonó espectacular, seguramente marcó un punto de inflexión, en el cual cualquier pequeño desajuste en el sonido quedó totalmente subsanado. El resto es historia. “Intolerance”, “Jambi”, “Forty Six & 2”, “Vicarious” con una extensa intro y la celebradísima “Stinkfists” para cerrar. Eso fue todo, 11 temas, hora y media, de absoluto disfrute, de una experiencia inmersiva donde las haya. Esperemos que no tarden otra vez más de una década en dejarse ver por aquí.

Magnífico cierre.

Texto: Alberto López
Fotos: Mario López