Parkway Drive + Stick To Your Guns + Darkest Hour – Jueves 27 de Abril ’17 – Sala La Riviera (Madrid)

Que los australianos de Parkway Drive son unos de los mayores referentes del Metalcore a día de hoy es un hecho. Que han alcanzado un grado de personalidad dentro del mencionado estilo que los proporciona una distinción necesaria, otro. Indiscutible es también que cada vez que pisan la península su legión de seguidores es mayor.

Texto: Alberto López
Fotos: Mario López

Además, es una banda que su presencia ha sido reclamada por los seguidores del Resurrection Fest. multitud de veces, así que ante la incompatibilidad de fechas, los organizadores del festival decidieron, con su buen criterio de siempre, montar un Route Resurrection con ellos, Stick To Your Guns y Darkest Hour. Casi nada. Tras algunos problemas para acceder al recinto, subsanados con rapidez y eficacia, llegamos con el tiempo justo para coger sitio, preparar las cámaras y que Darkest Hour empezaran a conseguir los primeros circle-pits de la noche. Y es que fue apagarse las luces, comenzar con “Knife In The Safe Room” y empezar el movimiento. Bien es cierto que el público todavía era escaso, pero sin duda lleno de energía, lo cual convirtió el centro de la sala en un auténtico hervidero ya durante toda la noche.

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Los de Washington continuaron descargando temas, con un sonido que no llegaba a ser del todo satisfactorio, pero aun así obteniendo una grata respuesta por parte del respetable, que había acudido a pasarlo bien y no iba a dejar que nada se lo empañase. El comienzo había sido agotador y “No God”, “Rapture in Exile” o “Savor The Kill” no lo fueron menos, pero si es cierto que fueron virando su set list desde su onda más agresiva hacía su lado más melódico, abarcando así buena parte de su carrera en poco más de media hora. “Those Who Survive”, “With A Thousand Words To Say But One” y “The Sadist Nation” cerraron un concierto que no fue malo, que divirtió a la gente en su justa medida, pero que no pasará a la historia, ni mucho menos. Cumplieron expediente y poco más.

No podemos decir lo mismo de Stick To Your Guns, quienes con su mezcla de Hardcore Punk y Metalcore, pusieron la sala patas arriba nada más comenzar con “Bringing You Down”. Una banda bien engrasada, una actitud agresiva e imparable y un frontman como Jesse Barnett, sobre el que recaía todo el peso de cara al público fue lo que nos encontramos en los casi cuatro minutos que duró su primera aparición, y que ya no decaería de ahí en adelante. “Empty Head”, “Nobody” y “Such Pain” volaron cabezas sin respiro alguno. La gente botaba, coreaba los melódicos estribillos, se animaba con circle-pits cuando desde el escenario se requerían y se empezaron a ver los primeros crowd-surfings de la noche.

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El sonido estaba siendo notablemente mejor que el de Darkest Hour, y además, desde la batería, donde tenían un pad para disparar diferentes sonidos, lanzaban subgraves en ciertos momentos que daban una contundencia brutal. Un recurso que utilizaron muy bien, en cuando a los momentos escogidos para ello, pero del que quizá abusaron un poco. Con “What Choice Did You Give Us?” fue la primera vez que se dirigieron al público, cosa a la que le debió coger el gusto el bueno de Barnett, ya que antes de comenzar “We Still Beleive” soltó un buen discurso con todas sus proclamas políticas y anti todo, que la mayoría de los asistentes jaleaban como si de un mitin se tratase aunque por sus caras quedase más que claro que no sabían ni por donde les daba el viento y no estaban entendiendo absolutamente nada.

“I Choose Nothing” y “Nothing You Can Do To Me” demostraron que están en un estado de forma admirable, ya que no habían dejado de correr, saltar, subir y bajar de las plataformas puestas a ambos lados y el centro del escenario, y ahí seguían, dándolo todo con absoluta precisión. Y la audiencia disfrutando de lo lindo. “Amber” y “Against Them All” pusieron el punto y final a un grandísimo concierto, de los mejores grupos invitados (a ver si desterramos la palabra teloneros) que he podido ver últimamente.

Tras un cambio de escenario algo más largo de lo normal, pasados pocos minutos de las nueve y media de la noche el ambiente se caldeaba al máximo cuando las luces se apagaban y comenzaba a aparecer humo en el escenario. El nerviosismo y las ganas eran patentes, y tras encenderse tres focos azules, por nuestra derecha aparecía Jeff Ling interpretando las primeras notas de “Wild Eyes”. La respuesta no se hizo esperar y el público coreo hasta dejarse la garganta esa melodía que acompaña durante buena parte del tema. Mientras fue saliendo el resto de la banda, recibiendo mayor reconocimiento Winston McCall, como no podía ser de otra forma, quien en seguida se plantó sobre su plataforma al frente del escenario y encandiló a todos con su presencia y carisma, además de demostrarnos que vocalmente estaba en perfecto estado. Y para perfección, o casi, porque yo diría que estaba un pelín alto, el sonido. Una auténtica barbaridad como arrasaron sonoramente los de Byron Bay desde el primer momento.

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La primera incursión en “Ire”, su último álbum, llegó pronto con “Dedicated” y fue muy celebrada. Había quién nos mirábamos entre incrédulos y admirados por la calidad, la potencia, la agresividad y la energía que nos llegaba desde el escenario. Quizá los fans de la banda que la siguen desde “Deep Blue” en adelante no tengan tan interiorizado un disco como “Horizon”, pero sí que está más que asumido un tema como “Carrion”, muy utilizado en directo, y que McCall puso al público a cantar el estribillo antes de comenzar.

El single estrella de “Ire”, “Vice Grip”, fue la siguiente en caer, y aquello fue una locura. Botes, Headbanging, brazos en alto y cerca de mil gargantas coreando “Get Up! Get Up!” o “Hope is for a hopless…!”. Uno de los momentos de la noche, sin duda, y es que aunque muchos hayan criticado este tipo de temas en concreto, donde juegan más con la melodía, lo cierto es que son perfectos para el directo, y así quedó demostrado. “Dark Days” fue otro gran momento, muy esperado. El set-list estaba siendo de infarto, sin respiro alguno, sin casi pausa más que para unas loas al público y unos breves saludos. En este momento La Riviera era una caldera a punto de estallar, las ganas que había de verles y el conciertazo que estaban dando, tenía al público al borde del colapso entre botes, circle-pits, crowd-surfings, coreos y demás actividades propias de un concierto de estas características.

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“Idols And Anchors” sirvió para volver a echar la vista atrás y enfriar mínimamente el ambiente, que volvió enseguida a la locura con “Karma” y “Sleepwalker” de aquel magnífico “Deep Blue”, que parece mentira que ya tenga siete años. “Writings On The Wall”, su tema más extraño y diferente hasta la fecha, rozando el medio tiempo y cargado de intensidad, con solo de batería incluido, nos trajo otra vez al presente y esta vez sí que se relajó bastante más el ambiente. Pero es que lo que quedaba por delante no iba a dejar lugar a respiro alguno. “Swing”, “Destroyer” y “Boneyards” cayeron como tres bombazos, uno tras otro, y sin apenas darnos cuenta nos vimos ante un escenario vacío y reclamando más y más. McCall y compañía salieron de nuevo con “Crushed”, otro momento inolvidable, encarando así los bises de la noche.

Tras el primero llegó el momento de decidir, Winston se dirigió al respetable para que eligiésemos entre “Romance Is Dead”, de su primer álbum y que contiene ese tapping maravilloso a dos guitarras, o “Bottom Feeder”, otro de los temas estrella de su reciente “Ire”. Aunque por aclamación popular se eligió el primero, acabaron tocando ambos, cerrando de esta manera un concierto absolutamente impresionante.

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Texto: Alberto López
Fotos: Mario López