introsr Hubo un tiempo en que ver bandas de hard rock americano en nuestro país era casi una quimera. Veíamos a bandas como Poison, Mötley Crüe, L.A. Guns, Cinderella o la que nos ocupa, Skid Row, venir a Europa a girar en sus respectivos mejores momentos y aquí nos quedábamos con las ganas. Sin embargo, desde hace unos años este tipo de bandas nos ha venido visitando regularmente, aunque la verdad, muchas de ellas han venido demasiado tarde como para poder disfrutarlas como era debido en su momento.
Edko Fuzz

A pesar de ello, para los fans de este género, siempre es una perita en dulce un doble cartel como el que nos visitaba en esta ocasión. Una banda de corte más clásico como Skid Row – que, todo hay que decirlo, nos visitaron en 1995 con su formación original en uno de los mejores conciertos que han visto estos ojos – y otra de la nueva hornada pero que, a lo tonto a lo tonto, ya llevan 16 años de carrera, Buckcherry. Completaban el cartel los interesantes Buffalo Summer, pero nos quedamos sin verlos puesto que problemas con su furgoneta de gira les impidieron llegar a tiempo al show.

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En una gira donde la cabecería de cartel se iba a sortear día a día, en Barcelona nos tocó que abrieran Buckcherry así que se apagan las luces y suena el potente riff de "Lit Up" (algunos dirían que de "Shock Me" de KISS) para dar inicio a la velada. Es un movimiento arriesgado para una banda abrir con uno de sus temas más representativos, sino el que más, pero está claro que en ese momento el rugir de aprobación del público apacigua cualquier tipo de dudas sobre la decisión. Sigue el set con "Fall" de su segundo disco, "Time Bomb". La banda suena potente con Keith Nelson como maestro de ceremonias en el plano musical, pero el que atrae las miradas es Josh Todd. Su peculiar manera de cantar es trasladada casi sin defectos al directo pero, a pesar de los años que lleva pateando escenarios de todo el mundo, Todd nunca da la sensación de sentirse a gusto en las tablas. Ni una sonrisa al público, poca comunicación y un par de pasos de baile que parece que se haya aprendido para la ocasión es todo lo que tiene que ofrecer este tipo que tiene la imagen perfecta para ser un frontman de una banda de rock.

Sigue el repertorio con frecuentes visitas al que ha sido su album más exitoso hasta la fecha, "15", al son de temas más reposados como "Everything" o "Sorry" que cuentan con el beneplácito de una audiencia que lo pasa en grande con el show que monta Stevie D, ese torbellino a las seis cuerdas que no para quieto ni un segundo y regala sonrisas hasta al que no las quiera. Dos temas seguidos de "Time Bomb" como "Porno Star" o "Riding" nos ponen a tono con el sonido ya totalmente perfeccionado: Buckcherry suenan engrasadísimos. Sin embargo uno no puede dejar de notar que es una banda sin química; parece que cada uno haga la guerra por su lado. Nelson en su rincón de escenario y su boina que le cubre media cara, Stevie en el extremo opuesto en su propia fiesta privada, la base rítmica de Xavier Muriel y Kelly LeMieux aportan el granito de profesionalidad y Todd sigue perdido en su mundo, cantando las canciones con una facilidad pasmosa pero sin apenas pasión.

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El último disco es representado por "Gluttony" y "Greed", muy celebrados por los fans más jóvenes de la banda, mientras que el maravilloso primer disco solo obtiene un poco más de amor en el setlist con la regulera "For the Movies", uno de los temas menos afortunados de aquél debut de 1998 ya. Cierran el set con su hit más popular, al menos en Estados Unidos, "Crazy Bitch" en el que insertan un interesante interludio funk que metamorfosean en el "Miss You" de The Rolling Stones, pero la cosa está llegando a su fin.

Para acabar definitivamente, Buckcherry se descuelgan con una versión de Icona Pop retitulada como "Say Fuck It" para la ocasión y con la que la mayoría de gente se suelta el pelo. Vivir para ver. A pesar de que me gustaron más que la otra vez que los había visto, Buckcherry siguen siendo una banda a la que le parece que le falta algo. Tienen buenas canciones, tienen una imagen potente pero cuando se juntan sobre un escenario da la sensación que algo no acaba de funcionar. Una lástima, pero en cualquier caso siempre nos quedarán esos tres primeros discos.

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El segundo asalto nos esperaba y el calor empezaba a hacer mella. Los responsables de la sala colocaron la cortina de aforo reducido, pero la fiesta de Buckcherry había allanado el terreno para unos Skid Row que venían a presentar "United World Rebellion: Chapter One" a la vez que celebran sus 25 años de carrera. Así, "Let’s Go" de su último trabajo da el pistoletazo de salida con cierta indiferencia del público que da paso al jolgorio general cuando empieza a sonar "Big Guns" de su disco de debut.

Aquí vamos a lo que vamos. Hasta cuatro canciones seguidas de aquél maravilloso "Skid Row" nos endosan para empezar, entre ellas un celebrado "18 & Life". Es impresionante cómo parece que los años no pasen para Rachel Bolan, Scotti Hill y Dave "Snake" Sabo. Los tíos se conservan perfectamente y rockean, quizá no como el primer día, pero sí como el segundo. Johnny Solinger lleva ya 14 años en la banda pero está condenado a ser "el tío que sustituyó a Sebastian Bach y no le llega a la suela de los zapatos". Me sabe mal por él, porque parece un tipo simpático y se esfuerza todo lo que puede pero qué le vamos a hacer, no le aguanta la mirada al Seb clásico ni un segundo (al actual quizá un rato).

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Una pequeña concesión al material más nuevo con "Thick is the Skin" precede al baladón que es "In a Darkened Room". Esto no se acerca, ni en pintura, al show de 1995 y en gran parte es por culpa del bueno de Solinger que trampea como puede por las partes vocales más duras que grabó Bach en sus años mozos. "Riot Act" nos devuelve a la memoria los Skid Row más punk, en su momento una de las bazas de su frescura, pero el bolo se viene inexplicablemente arriba cuando Bolan arremete con la versión de Ramones imprescindible en sus conciertos, "Psycho Therapy", por supuesto. Es en este momento cuando sientes que las primeras filas empiezan, por fin, a responder como es debido.

Este show se debe tomar como un karaoke para revivir nuestro pasado, y eso es precisamente lo que sucede cuando Snake enarbola la guitarra acústica para interpretar "I Remember You", uno de los baladones definitivos del hard rock de los ochenta. Y claro, cuando el tema que le sigue es uno titulado "Monkey Business" ¿qué vas a hacer? Pues tratar de disfrutarlo como es debido. Ya sé que puedo resultar cansino, pero es que la sombra de Bach planea todo el rato por el Razz 2. Nadie lo dice, todo el mundo lo piensa. Intentar pretender que un show de Skid Row en 2014 te vuele la cabeza como antes de "sUBHUMAN rACE" es pecar de inocente y optimista, pero es imposible no difrutar con estas canciones que, en el plano musical, suenan perfectas.

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En vez de abandonar el escenario para seguir el juego de los bises, Solinger nos dice que pasan de eso y que en su lugar tocarán un tema extra. ¡Genial! ¿Qué caerá? ¿"Mudkicker"? ¿"Here I Am"? Pues ni una ni la otra. La banda nos sorprende con una nueva versión, esta vez del clásico de Cheap Trick "Surrender" que, por desgracia, no es especialmente reconocida por el público. La versión no es mala ni mucho menos, pero ya que estamos en harina se agradecería algún tema más de "Slave to the Grind" (no me atrevo a pedir uno de "sUBHUMAN rACE" aunque no me disgustaría) y no otra versión.

Como si me hubieran oido, la banda atacan con el tema "Slave to the Grind" que en la época era uno de los openers en directo más brutales con el que una banda podía contar. Ahora la han relegado al puesto "honorífico" del bis, pero yo la sigo prefiriendo al principio. Y bien, para acabar solo falta el que fuera el himno de una generación de melenudos y que Solinger nos recuerda que seguirá siendo interpretado por ellos y cantado por la gente que les vaya a ver porque siempre seremos los "Youth Gone Wild". Es casi imposible no darlo todo cuando suena este tema y las primeras filas responden como está mandado, puño en alto. La banda se despide entre vítores del público con gestos de auténtico agradecimiento pero ya no vuelven y se dejan en la chistera, incomprensiblemente, un favorito de directo como "Get the Fuck Out".

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Es un poco difícil valorar lo acontecido esta noche en Barcelona. Por una parte una banda, Buckcherry, que suena perfecta y con un buen repertorio pero a la que le falta la chispa adecuada, que diría aquél. Sin embargo, logran encender a sus fans y de qué manera. Por otro lado Skid Row, unos clásicos que ya no son lo que eran pero que siguen ejerciendo una función en este mundo del hard rock, y con su saber estar sobre las tablas y su química logran aguantar un buen show. Y sus fans disfrutan del concierto lo que pueden mientras secretamente siguen rezando para que Bolan y Bach se dejen de rencillas, estrechen las manos y vuelvan a pisar los escenarios de medio mundo juntos una vez más. Sea como sea, que siga viniendo el hard rock a nuestro país, que buena falta nos hace.

Texto y Fotos: Edko Fuzz

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