No hay cosa peor que intentar ser objetivo si se es un fan incondicional. A mí me pasa cada año a la vuelta del Sweden Rock, ese festival que como a unos cuantos incautos como yo, me atrapó hace años entre sus fauces y ya no me suelta. Esa primera mordida ya inoculó un veneno para el que no hay antídoto ni ganas de que lo haya, pues la sola idea de verse allí va llenando la maleta de la ilusión durante el largo invierno en una relación de amor/odio a cada nueva confirmación en el cartel.
Texto y fotos: Susana Manzanares

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Aquella, mi primera vez, me llevaba con el corazón tan acelerado y tan lleno de ilusiones que no cabía nada más. Entre todo lo que había ido recopilando durante varios años, las experiencias que narraban los que ya habían ido, las fotos que había visto… y el cartel, ese cartel que de tan entonces descomunal para mí me parecía hasta un sueño el poder ver tanta banda de ‘lo mío’ junta. Ese año me llevaron a Suecia grandes nombres de mi cabecera… Judas Priest, Whitesnake, Poison, Def Leppard, Avantasia, Electric Light Orchestra, Satriani, Ratt, y otros tantos que hoy por hoy (salvo excepciones) no moverían a muchos del sofá de casa. Pero ese mismo año ya aprendí que esos nombres son sólo un anzuelo, que tras ellos el verdadero encanto del Sweden reside en lo que no se ve, en los otros, los pequeños grandes nombres, en las bandas que descubres y en todas esas sensaciones fruto del entorno, de la organización y del ambiente que te entran y ni te enteras… el silencioso veneno de lo subliminal mano a mano con el exquisito ojo de la organización para fichar, contratar y traer. El Paraíso lo llamamos.

Este año en nuestro Paraíso no había grandes nombres de esos que quitan el hipo, el cartel durante meses ha sido muy cuestionado y la apuesta de la organización no ha sido muy del agrado de mucha gente y se apreciaba un ligero descenso de afluencia con respecto a otros años, era bastante visible. Desde el punto de vista de nuestra perspectiva, la de los de aquí que nos trasladamos allí año tras año y estamos los 12 meses pendientes del cartel, también ha sido una edición floja y algo ‘decepcionante’. El más claro ejemplo de decepción lo tenemos quizás en la elección de Sabaton como cabeza de cartel del último día. Que una banda como Sabaton cierre un festival como el Sweden Rock ha suscitado todo tipo de opiniones y argumentos, todos en contra por supuesto. Es una conclusión difícil, pero intentando ser objetiva -y ya digo cuanto me cuesta- mi conclusión es la siguiente:

El panorama musical, inquietudes, demandas, éxitos y preferencias musicales de un país en el que uno no vive es algo muy difícil de entender, se nos escapa por razones obvias. Que la organización haya decidido poner a un cabeza como Sabaton en tal lugar privilegiado, es algo que aquí no hemos entendendido y tal vez deberíamos hacerlo. Son una de las bandas más mimadas del festival desde hace muchos años (también en aquella mi primera vez por cierto) y participante en casi todas las ediciones. Si esto es así sin duda es por algo, a los suyos les gusta y allí son muy grandes y muy queridos por lo que pudimos comprobar allí mismo, camisetas, chalecos, gorras por doquier e incluso mientras tocaban, que hasta los vendedores salían de sus caravanas y puestos de comida a cantar una o dos canciones y volverse a meter… Si los quieren de cabeza pues lo tenemos que aceptar, y no hay más. Este es un festival sueco, hecho por suecos y para suecos aunque no nos demos cuenta o no queramos verlo, pues a fuerza de los años lo hemos hecho muy nuestro y esa apropiación también nos ha vuelto más exigentes.

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Ahora, nuestra visión, la del no-sueco tiene otro hándicap que nos importa muy mucho y no es el de los típicos grandes cabezas aunque también, pero es que nos faltaban los otros ‘nombres’, las golosinas como ya se definen en el argot del manual del buen swedenrockero. Esas bandas que harían temblar las rodillas de los más gourmets, las que jamás de los jamases verás en ningún otro lugar a excepción quizás del Firefest y otros exquisitos sucedáneos que pasan casi desapercibidos como el también británico Ramblin’ Man Fair de este año, apetitoso cartel donde los haya. Bandas que te hacen coger un avión sabiendo que merece la pena ir hasta allí para saborear de la más pura exclusividad musical puesta en bandeja. Este año había alicientes, pero no los suficientes, faltaban esos verdaderos propulsores que te ponen allí sin pensarlo y con la ilusión de un niño pequeño, por eso un buen número de amigos y compañeros de fatigas en esta gran familia que formamos los ‘spanisch swedenrockers’ se nos han quedado en casa en esta edición.

Ha sido como un festival de caras B, que sin tener dos o tres bandas pelotazo que nos hicieran babear a excepción de Foreigner y algún que otro plato especial, contaba en el menú con un buen montón de bandas de nivel medio muy disfrutables y alguna pseudo-golosina como King Kobra que ha resultado ser la gran y peor decepción del festival.
Entre todas las sensaciones de esta extraña 25ª edición, se enfrentan un halo de luz y esperanza contra una sombra de duda y malos presentimientos cara al futuro. ¿Qué nos espera al año que viene? ¿Que la organización siga apostando por una propuesta en la misma línea que este año, de abrir paso a bandas que generan un tirón masivo entre especialmente el público más joven, o podemos mantener la esperanza en que siga escogiendo esas bandas que hacen único a éste festival y a nosotros levitar?…

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Sin duda este año el aspecto musical es el que nos ha dejado con hambre, pero no sería justo no resaltar esos otros aspectos que nos importan y mucho a la hora de invertir cuatro días de tu tiempo y tu dinero en desplazarte a tres mil kilómetros de casa. El Sweden sigue colmando las expectativas en ese aspecto y sigue demostrando como ninguno que hacer un festival de treinta y pico mil personas de aforo no está reñido con la comodidad, limpieza y absoluta pulcritud en cualquier necesidad que puedas tener. Hasta el más mínimo detalle está cubierto por una impecable organización que cuida al máximo tu bienestar durante toda la duración del festival, cada persona, desde miembros de seguridad, del staff, de restauración, personal de servicios, los que te dan agua en las primeras filas y un sinfín más, están ahí para que no te falte de nada y siempre con algo tan valioso como escaso en los tiempos que corren: una sincera sonrisa. ¿Qué nos deparará el Sweden Rock 2017…? Habrá que esperar unos meses, mientras tanto nos quedamos digiriendo todo lo vivido y esperando contaros muy pronto y con más detalle nuestra humilde visión de un festival que para muchos, ya forma parte de nuestra vida.

Texto y fotos: Susana Manzanares

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