Gambardella + Lost In Kiev + Yndi Halda – 3 De Octubre ’16 – La [2] (Barcelona)

El festival de rock instrumental de referencia en España (con permiso del Be Prog! My Friend) no pudo empezar mejor. Tres bandas devotas del post-rock, cada una con matices únicos para empezar a tope tres días intensos que volvieron a situar Barcelona en el mapa de esas mentes perturbadas que siempre quieren más y que no se conforman con tres o cuatro acordes básicos agrupados en compases convencionales. Los locales Gambardella ya dejaron el nivel muy alto, seguidos de los parisinos Lost In Kiev y su enfoque contundente y metódico, para finalizar con los ingleses yndi halda, sin duda los reyes de la noche transmitiendo un buen rollo difícil de describir en palabras. Pero por eso estamos aquí, así que lo intentaremos.

Texto y fotos: Toni Feliu

Qué nervios. Mi primer festival íntegramente de rock instrumental. 15 minutos después de la hora prevista se abren las puertas de La [2], la hermana pequeña de la mítica Sala Apolo, y aunque ciertamente con menos metros cuadrados, sin nada que envidiar a su hermana mayor. Una sala moderna, casi futurista, con un sonido fantástico y con ese olor casi imperceptible que nos recuerda la cantidad de grupazos que han pasado por ese escenario. Acreditación recogida, todo muy familiar ("hoy no necesitas pulsera, ya te tenemos fichado") y poquita gente – de entrada. Cerveza de rigor en mano y todo a punto para iniciar tres noches de gozo extremo.

GAMBARDELLA

Después de 30 segundos del inicio del concierto ya estaba clarísimo: estos tíos van clavadísimos y suenan de puta madre. Pero no solo eso. Se les notaba complicidad entre ellos, algo que a veces cuesta de ver. Puede que su autodefinición de "Jazz Rock Instrumental" no sea del todo exacta en lo que a jazz se refiere, pero lo que quedó claro el pasado jueves es que tienen momentos muy locos. Y es precisamente allí donde sorprende el batería, capaz de mantener la sangre fría dentro del torbellino armónico para que la máquina sonora no se detenga.

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Sorprendió también la ambivalencia de Jaime Pantaleón, héroe de los desaparecidos 12Twelve, cambiando de guitarra a sintetizador casi sin despeinarse, aportando toques electrónicos para llevarnos a terrenos más psicodélicos y revueltos, con el apoyo imprescindible de un bajista que se lo estaba pasando en grande con un instrumento enorme. Y es allí donde el grupo brilló, causando ollas mentales no aptas para todos los públicos. Un proyecto estimulante que esperemos que apueste aún más por cruzar esa zona de confort que acostumbra a reinar en músicas más convencionales.

LOST IN KIEV

La sala ya presentaba mucho mejor aspecto a nivel de público cuando Lost In Kiev empezaron, y enseguida vimos que iban a por todas. Abrieron con Narcosis, el primer tema de su último álbum Nuit Noire, donde la frontera entre el post-rock y el post-metal queda desdibujada en un jardín de guitarras contundentes, cánticos pseudo gregorianos y ese tempo lento digno del mejor stoner. El uso de samplers de voz directos a la PA y no a través del ampli de guitarra, como acostumbra a suceder en conciertos más punkis, fue ese toque de calidad que demostraba que los chicos se lo curran en directo.

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De hecho el sonido del concierto fue casi impecable. Todo petaba cuando debía, era una versión mejorada de sus trabajos de estudio. Sólo en un par de momentos se escuchó algo inesperado. Una de las guitarras empezó a desvanecerse en unos vaivenes de sonido que inicialmente parecían debidos al uso de un trémolo puesto a tempo muy lento. Me fuí hacia el fondo de la sala para entender mejor lo que estaba pasando, y resultó ser un fader que el técnico de sonido estaba aplicando entre las dos guitarras. Es decir, mientras sonaba una guitarra la otra dejaba de sonar, pero el guitarra "muteado" seguía tocando! Raro, raro, aunque no duró mucho rato.

A nivel de actitud, sorprendía la parsimonia del batería, que parecía estar tocando desde el sofá de casa, sin que ello quitara fuerza a unos golpes de baqueta precisos y contundentes. Mientrastanto los dos guitarras lo daban todo en la línea delantera, complementándose perfectamente a nivel melódico y usando (que no abusando de) delays sin estridencias innecesarias. Mención especial para el bajista, que llevó el peso de la armonía por donde quiso con una maestría difícil de superar.

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Las visuales tampoco se quedaron cortas. Respaldadas por una iluminación casi siempre tenue, cada tema gozaba de su propia estética, con imágenes que ayudaban a entrar de lleno en el viaje sonoro que nos iban brindando. Nebulosas, galaxias, estatuas asiáticas, esqueletos futuristas o edificios de hormigón sin terminar, todo enlazado con mucho gusto. Acabaron el concierto con Emersion, un tema muy adecuado para generar un final casi apoteósico con un crescendo infinito que arrancó los primeros bailoteos de la noche entre el público. De repente suena un sampler rítmico, y parece que el batería se descuadra, pero falsa alarma. Todo a punto para el subidón final. Empiezan a cantar y las voces no se escuchan, pero da igual cuando te das cuenta que ya tienes la piel de gallina.

Setlist Lost In Kiev:

Narcosis
Hope, Fight and Disillusions
Mirrors
Somnipathy
Insomnia
Underclose Surveillance (live extended version)
Celestial
Emersion (live extended version)

Yndi halda

Sólo dos grupos y ya tenía las emociones a flor de piel. Pero lo que estaba por venir fue aún más fuerte. El sexteto yndi halda salió al escenario con un aplomo y buen rollo envidiable, y cuando empezaron a tocar esa sensación no hizo más que expandirse exponencialmente. Clásicos instantáneos.

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La calidad del sonido y volumen del concierto fue perfecto. Hay que decir que La [2] del Apolo ya suena muy bien de por sí, y los ingleses lo aprovecharon con su dominio total de los momentos de super calma. Respaldados por intros que recordaban a los magníficos Stars Of The Lid, hubo momentos donde se podía incluso escuchar el sonido de las reflex de los fotógrafos, muy ocupados inmortalizando lo que estábamos viviendo. Hay pues que agradecer el respeto en forma de silencio de un público entregado que flipaba internamente con el bolo y se guardaba de comentarlo con el de al lado.

Tampoco hay que olvidar los subidones de las canciones. Aplicando la máxima de “menos es más”, llegaron al éxtasis sonoro sin tener que recurrir a distorsiones pesadas y gruesas. Fué más bien una cuestión de actitud y de intención interpretativa. Los mirabas y entendías que el colegueo y aprecio que se tienen entre ellos es espectacular, y eso se transmite sin duda al tocar.

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A nivel instrumental, destacó el magnífico uso del violín, por su sonido tan bien ecualizado y por unas melodías que respondían perfectamente a lo que hacían las guitarras. Incluso hubo momentos de pizzicato ejecutados a la perfección por un chico que tenía los pies en el suelo, también literalmente, ya que iba descalzo, con un traje que recordaba a los comerciales de los ochenta. El bajo sufrió inicialmente de un volumen (valga la redundancia) un pelín bajo, pero el técnico lo puso a su sitio a lo largo del concierto. El batería tampoco se quedó corto, usando masas en vez de baquetas en ciertos momentos, cosa que siempre es de agradecer en los pasajes ambientales.

Y qué mejor que un directo para darse uno cuenta de la particular belleza de las composiciones, ganando mucho más en vivo que enlas grabaciones. El uso perfecto de loops y delays cuantizados al milímetro, un teclado nord de esos que suenan de lujo, los dos guitarras enfurecidos haciendo fusas a lo Vivaldi, voces ocasionales que parecían una mezcla perfecta entre Hood y Battles… Demasiado bonito. Probablemente es por eso que estando sucumbidos en un goce absoluto, enmedio de un momento de paz interior más allá de la meditación, un chico del público va y suelta el estornudo de su vida. Seguramente para recordarnos que no todo puede ser perfecto.

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Una anécdota previa al grand finale que los muy cabrones (en el buen sentido de la palabra) nos habían preparado. Empieza un coro de todos ellos, entra una guitarra sutilmente y sin pensárselo dos veces terminan en medio del público tocando cada uno de ellos, y a dos manos, unos instrumentos acústicos que no había visto en mi vida, de sonido parecido a un diapasón, dejándonos atónitos y culminando así el mito que habían ido cultivando. Bravo chicos, y bravo al AMFest por brindarnos ese regalazo.

Texto y fotos: Toni Feliu