Angelus Apatrida + Bala – 3 de Octubre 2025 – Sala La Riviera (Madrid)
El pasado 3 de octubre, La Riviera vivió una noche marcada por el contraste y la contundencia. Dentro del Inverfest —el festival de invierno de Madrid— se celebró una doble cita con dos de los nombres más sólidos del metal y el rock estatal actual: Bala y Angelus Apatrida. Un cartel aparentemente disonante, pero con un nexo claro: la entrega total sobre el escenario. Era, además, una fecha destacada dentro del calendario: el arranque del ciclo de conciertos en la capital y una parada especial dentro de la gira de 25 aniversario de Angelus Apatrida, que también servía como presentación pendiente en la ciudad de su último trabajo.
Aunque en nuestra opinión no era el grupo más adecuado para abrir una noche orientada al thrash metal, Bala se plantaron en el escenario de La Riviera con una seguridad que no dejó lugar a dudas. El dúo gallego, que sigue presentando su último trabajo Besta, descargó una propuesta cruda, potente y sin adornos, sostenida por un punk áspero, en ocasiones pasajes de un stoner desértico y una actitud que arrasa sin necesidad de palabras. La sala presentaba ya una gran afluencia de público cuando salieron, y si bien como ya hemos dicho, su estilo no nos casaba del todo con el cabeza del cartel, algunos momentos especialmente intensos dentro de los temas desataron ovaciones espontáneas y headbanging compartido entre los asistentes.
Anxela, con su guitarra afinada en registros graves, construyó un muro de sonido que no dejaba huecos. Su voz, afilada y visceral, fue una constante desde el primer tema hasta el último, sin fisuras ni dudas. Violeta, con una batería nada vistosa en lo visual pero en primera línea, precisa y envolvente, firmó una de esas actuaciones que hacen olvidar por completo el tamaño del set. Esa combinación tan bien medida entre contundencia rítmica y distorsión cargada de potencia permitió que el dúo llenara el escenario como si fueran cuatro o cinco. No necesitaron más.
Durante el repertorio fueron sonando temas de Besta. Canciones como ‘Omertá’ o ‘Bessie’ tuvieron momentos de una carga emocional muy marcada, en los que la interpretación ganó en profundidad y consiguió conectar con buena parte del público, incluso con aquellos que no conocían de antemano la propuesta del grupo. Cuando editaron Maleza coincidieron en sello con Angelus Apatrida, en Century Media, y quizá de ahí venga la relación que ha derivado en compartir cartel y algunas fechas.
El cierre con ‘Agitar’ y ‘Humo’ fue tan sobrio como contundente, sellando una actuación que, aunque breve, dejó huella. Bala no se apoyan en luces, efectos o discursos: lo suyo es energía pura, entregada con precisión y una fuerza escénica difícil de igualar. Suponemos que seguirán girando con Besta hasta final de año, y habrá que ver qué les depara 2026, pero según lo visto en La Riviera, su crecimiento sigue firme y a muy buen ritmo.
Tras el set de Bala, hubo un cambio de equipo rápido y sin complicaciones. El personal técnico de Angelus Apatrida realizó algunas comprobaciones y ajustes finales mientras el público seguía entrando en calor. Sin necesidad de más preámbulos, a la hora en punto la banda tomó el relevo con una sala ya volcada y lista para la descarga.
Lo que vivimos con Angelus Apatrida fue una celebración de 25 años de trayectoria de una banda que muchos hemos seguido desde sus primeras fechas en salas pequeñas, ahora llenando uno de los recintos más importantes de Madrid. Su regreso a La Riviera, tras años de haber pasado por allí como teloneros de Megadeth o Slayer —y en aquella atípica versión pandémica con el público sentado—, tuvo un componente simbólico evidente, casi como cerrar un círculo con todo lo aprendido y conquistado en el camino.
Con un repertorio de 20 temas y cerca de dos horas de duración, la banda repasó gran parte de su carrera, incluyendo ocho temas que no tocaban desde hace años. ‘Clockwork’ fue el arranque perfecto, seguida por una joya rara como ‘To Whom It May Concern’, tema largo, complejo y emocional inédito en sus directos, que fue recibida con sorpresa y entusiasmo a partes iguales. En lugar de apoyarse en visuales o proyecciones como hizo previamente Bala en su actuación, Angelus Apatrida optó por lo austero: telón negro con su logo al fondo y un juego de luces propio, con focos traseros y desde el suelo, sin iluminación frontal. Un planteamiento que crea ambiente pero que también hace que, en muchos momentos, apenas se les vea. Ya es habitual, sí, pero nos sigue pareciendo en ciertos momentos una oportunidad desaprovechada.
Con todo, lo que sucede sobre el escenario es incontestable. ‘Snob’, ‘Indoctrinate’ o ‘Cold’ mantuvieron la tensión, mientras que ‘End Man’, directo y furioso, se convirtió en uno de los momentos más celebrados por el público. ‘The Thornmaker’ trajo ecos de sus primeros pasos, y fue imposible no notar el peso de la nostalgia en el ambiente. En ‘Farewell’ llegó una de las cumbres emocionales de la noche: Guillermo arrancó con una interpretación melódica y contenida que congeló la sala, hasta que el tema explotó en su segunda mitad. Un golpe inesperado que dejó a muchos sin poder moverse. A lo largo del concierto, Guillermo también recordó aniversarios clave como los de Clockwork y Hidden Evolution, conectando con quienes llevan años acompañándolos.
La ejecución fue impecable. La maquinaria sigue funcionando como el primer día, quizá incluso mejor: llevar 25 años con la misma formación se nota, y mucho. El grupo suena cohesionado, afilado, como una banda que lo ha visto todo y aun así se deja la piel en cada directo. Incluso Guillermo se mostró en mejor forma vocal que en su anterior paso por la Sala Mon, algo que no pasó desapercibido. A medida que avanzaban los temas —’Give ‘Em War’, ‘Sharpen the Guillotine’, ‘Versus the World’ con su estribillo cantado a pulmón— la sala se convirtió en un hervidero: pogos, coros, brazos en alto y esa energía colectiva que solo se da en conciertos así.
Eso sí, es difícil tener contentos a todos con un repertorio tan amplio. Se agradece la recuperación de algunos temas olvidados, pero quizás faltó algo más de riesgo: juntar las dos partes de ‘Corruption’, rescatar ‘Hidden Evolution’ completa o invitar a Sho-Hai en ‘What Kills Us’ por decir algunos… podrían haber elevado aún más el carácter único del concierto. Fue un set sólido, sin duda, pero en un aniversario como este, se echó un pelín en falta ese pequeño golpe de efecto que marque la diferencia. Aun así, su directo sigue siendo uno de los mejores del país, y el público y este medio lo disfrutó al máximo, lo ratificó con vítores, cánticos, y una entrega absoluta de principio a fin.
Una pena, eso sí, que la iluminación no acompañe más al tipo de directo que hacen: una banda con semejante presencia escénica y musical ganaría mucho con un refuerzo visual más contundente. Pero es su elección, y a estas alturas ya sabemos que Angelus Apatrida apuesta todo al músculo sonoro, que al fin de cuentas es lo que importa. Tras esta tanda de conciertos especiales, queda la sensación de que la banda aún tiene mucho por decir. Lo que venga en 2026 es una incógnita, pero mientras sigan tocando con esta fuerza, este compromiso y esta honestidad, estaremos listos para seguirlos donde haga falta.
Texto: Susana Manzanares
Fotos: David Aresté
