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Fabio Lione renace con fuerza y nostalgia en Madrid

Fabio Lione renace con fuerza y nostalgia en Madrid

Fabio Lione’s Dawn of Victory + Alterium – 26 de Septiembre 2025 – Sala Revi Live (Madrid)

La noche del 26 de septiembre fue una auténtica celebración para los fans del metal en Madrid. La Sala Revi Live acogió un doble cartel de lujo: por un lado, el esperado debut de los italianos Alterium; por otro, el regreso de una leyenda viva del power metal sinfónico, Fabio Lione, al frente de su nuevo proyecto Dawn of Victory, con el que venía a repasar los himnos más importantes de su banda madre, Rhapsody. Dos propuestas ligeramente distintas pero complementarias que hicieron vibrar a un público entregado desde el primer minuto.

Alterium debutó por fin en tierras españolas con un potente concierto que marcó su presentación oficial ante el público local. El grupo italiano, formado a finales de 2022, llegó con ganas de demostrar por qué su primer disco, Of War and Flames, ha captado la atención del público amante del metal melódico. No era una visita cualquiera: era la primera vez que pisaban España y se notó la ilusión, tanto en la banda como en los asistentes, que respondieron con entusiasmo a lo largo de todo el show.

El repertorio de la noche se centró principalmente en su álbum debut, con temas como “Firebringer”, “Shadowsong” o la propia “Of War and Flames” mostrando el enfoque directo y melódico de la banda, alejado de los excesos sinfónicos o épicos que a veces saturan el género. Lejos de sonar sobreproducidos o pretenciosos, los italianos ofrecieron un sonido claro y efectivo, apoyado en la solvencia instrumental y en la voz poderosa de Nicoletta Rosellini, que demostró que no necesita fuegos artificiales para brillar en el escenario.
La conexión con el público fue creciendo con cada canción. Cortes como “Siren’s Call” o “Raise our Jar” invitaron a corear y moverse al ritmo de un metal accesible pero con carácter, equilibrado entre la contundencia de las guitarras de Paolo y

Alessandro y una base rítmica compacta a cargo de Dario y Luca. Si bien parte de la formación proviene de Kalidia, aquí no hubo espacio para nostalgias: Alterium se mostró como un proyecto con identidad propia, más sobrio y centrado en la fuerza de sus melodías que en adornos innecesarios.

El concierto cerró con “Drag Me to Hell”, que abrió la noche con fuerza, redondeando así un repertorio bien elegido y ejecutado con precisión. Alterium no necesitó desplegar un gran espectáculo visual ni caer en los clichés del power metal para convencer: lo suyo fue una descarga honesta y sólida de metal melódico, directo y sin artificios. Con esta primera visita, dejan claro que su propuesta tiene recorrido y que en directo saben defenderla con solvencia. Un debut más que prometedor ante el público español.

Tras la sólida actuación de Alterium, la noche se tornó aún más épica con la llegada de Dawn of Victory, la nueva banda liderada por Fabio Lione. El público, ya entregado, estaba a punto de sumergirse en un viaje por algunos de los himnos más memorables del power metal sinfónico, ahora revividos con nueva fuerza.

La sala se sumergió en un universo de espadas, dragones y melodías eternas gracias al regreso soñado de Fabio Lione y su nueva banda Dawn of Victory. Tras la gira de despedida de los antiguos Rhapsody y el intento agridulce de Turilli/Lione Rhapsody, muchos pensábamos que no volveríamos a escuchar en directo aquellos temas que marcaron a fuego los corazones de los fans del power metal sinfónico. Pero Fabio Lione ha demostrado que aún queda épica por contar, y lo hace con una formación que suena más a grupo consolidado que a un simple proyecto nostálgico.

La apertura del concierto fue pura dinamita. “Dawn of Victory” estalló con ese estribillo que incendia gargantas y activa la memoria colectiva de toda una generación de fans. El ambiente se electrificó de inmediato, y sin tiempo para asimilar la emoción, llegaron “Wisdom of the Kings” y “The Wizard’s Last Rhymes”, primer corte largo de la noche, que con sus diez minutos de fantasía orquestal demostró que Lione no ha perdido un ápice de fuerza ni dramatismo en su voz. Fue una interpretación intensa y apasionada, con el público completamente entregado desde el primer acorde.

La banda que arropa a Lione en este renacimiento no podía ser más solvente. Alex Holzwarth sigue siendo un reloj suizo a la batería, con golpes certeros y una presencia imponente. Patrice Guers, con su bajo técnico y expresivo, sigue maravillando con sus líneas de tapping y slapping. Dominique Leurquin, eterno escudero de Turilli, aporta la experiencia de décadas en gira, mientras que Justin Hombach, joven pero sobrado de talento, encaja como anillo al dedo en el lugar que antes ocupaba el guitarrista original. Juntos forman un conjunto poderoso y compacto que no tiene nada que envidiar a los grandes nombres del género.

Uno de los grandes momentos llegó con “The March of the Swordmaster”, un tema que transporta al oyente a una noche legendaria junto al fuego, donde guerreros celebran sus hazañas alzando jarras y entonando el estribillo al unísono. El resultado fue una atmósfera envolvente, casi cinematográfica, donde la fantasía y el metal se fundieron con una naturalidad que solo Rhapsody —y ahora este Dawn of Victory— saben lograr. “Riding the Winds of Eternity” y “Land of Immortals” mantuvieron el nivel altísimo, evocando esa mezcla de fantasía heroica y virtuosismo técnico que hizo grande a Rhapsody. La sala, aunque pequeña, retumbaba como si albergara un ejército de guerreros bajo la llamada de la espada esmeralda.
La interpretación de “The Magic of the Wizard’s Dream” fue otro momento especial, con Lione recordando al gran Christopher Lee, cuya voz profunda fue parte del imaginario sonoro de la banda. Le siguió “Warrior of Ice”, un clásico que sonó rejuvenecido, y el siempre divertido “The Village of Dwarves”, donde los bailes folk del estribillo hicieron que la sala pareciera, por un instante, un auténtico poblado enano. Fue un instante de comunión festiva entre público y escenario, que reafirmó lo viva que sigue estando esta música.

En el tramo final, el concierto alcanzó su clímax emocional y técnico. “Eternal Glory” y “Lamento eroico” dejaron claro que la voz de Lione sigue siendo una de las más expresivas del género, capaz de moverse entre la solemnidad y la furia con una facilidad asombrosa. Pero la locura se desató con “Holy Thunderforce”, fue tan tremenda, colosal, descomunal… Fue una descarga de energía brutal que elevó la temperatura y puso la sala patas arriba. Pocas canciones definen mejor el espíritu del power metal, y pocas veces se escuchan en directo con este nivel de entrega.

“Symphony of Enchanted Lands” llegó como una pequeña ópera dentro del concierto, con sus casi quince minutos de duración y la participación de Nicoletta Rosellini (Alterium). Aunque los problemas de micro impidieron que su voz se luciera del todo, Lione le cedió parte del protagonismo con humildad y elegancia, compartiendo con ella un tema cargado de dramatismo y belleza. “Unholy Warcry” y la inevitable “Emerald Sword” pusieron el broche de oro a una noche mágica, con un público que no quería dejar de corear ni una sola nota.

Como único punto mejorable, fue un tanto extraño ver cómo todo el acompañamiento orquestal y los teclados salían disparados desde una pista, sin un teclista sobre el escenario. Aunque es comprensible dadas las limitaciones logísticas, sería un lujo ver en futuras fechas un músico más para dar ese toque extra de realismo. Y como detalle curioso, Madrid se quedó sin “Knightrider of Doom”, posiblemente por falta de tiempo tras los retrasos del inicio. Una pena, aunque no empañó lo vivido.

En definitiva, esta visita de Fabio Lione y su Dawn of Victory ha sido un golpe sobre la mesa. Esto no fue un homenaje al pasado, fue una celebración del presente de unos temas que merecen seguir vivos. Si esto sigue adelante como parece —y ojalá con nuevo material—, estaremos ante el regreso más ilusionante que ha vivido el power metal en años. Pero aunque sólo repitieran lo mismo, una cosa está clara: que vuelvan. Por favor, que vuelvan.

Texto y fotos: David Aresté

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