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Crónica de Matteo Mancuso en Madrid: técnica, sensibilidad y un talento descomunal

Crónica de Matteo Mancuso en Madrid: técnica, sensibilidad y un talento descomunal

Matteo Mancuso – 7 de Mayo 2026 – Sala Villanos (Madrid)

El pasado 7 de mayo, Matteo Mancuso aterrizó en Madrid con doble pase —19:30 y 22:00— y una sensación bastante evidente desde mucho antes de que sonara la primera nota: aquí ya no había simple curiosidad guitarrera ni cuatro músicos mirando escalas con los brazos cruzados. Había expectación real. El primer pase presentó un aspecto prácticamente lleno y confirmó algo que lleva tiempo oliéndose: lo de Mancuso empieza a ir muy en serio.

Y lo curioso es que sobre el escenario no hace absolutamente nada para venderte el espectáculo. Nada de discursos interminables, carreras de un lado a otro o gestos grandilocuentes. Matteo permanece prácticamente inmóvil, clavado frente a su pedalera, con la mirada fija en la guitarra y una tranquilidad que contrasta con la barbaridad que está saliendo con el fingerstyle de sus manos. Quizá precisamente ahí esté el impacto. Porque cuanto menos parece esforzarse, más imposible resulta lo que hace.

La visita de Mancuso se enmarca además dentro de un año especialmente intenso para la guitarra en directo en España, con nombres históricos, virtuosos y nuevas generaciones pasando por salas nacionales durante los próximos meses.

Lo verdaderamente absurdo es la naturalidad con la que toca. Hay músicos técnicamente descomunales que terminan transmitiendo distancia; en su caso ocurre justo lo contrario. Todo parece fluir sin tensión aparente, con una limpieza insultante y un gusto tremendo para construir cada frase. No da la sensación de estar intentando impresionar constantemente, aunque termine haciéndolo igual.

Pero sería injusto centrarlo todo en él, porque la banda estuvo a un nivel espectacular. Especialmente Gianluca Pellerito, su batería, sosteniendo estructuras complejas con una mezcla de pegada, sensibilidad y lectura musical tremenda. Todo sonaba vivo, ajustadísimo y con esa sensación de que cualquier pequeño giro podía cambiar completamente el rumbo de la pieza. Ahí apareció uno de los grandes puntos fuertes del concierto: las improvisaciones. Temas como “Solar Wind” (tema en estudio donde colabora Steve Vai) fueron creciendo poco a poco, desarrollándose casi de manera orgánica hasta desembocar en explosiones de intensidad donde la banda parecía despegar definitivamente.

Y es que Mancuso puede tocar rapidísimo cuando quiere, claro. Pero lo interesante es que nunca parece obsesionado con demostrarlo. Cada aceleración tiene sentido, cada silencio encuentra su espacio y cada cambio dinámico llega cuando tiene que llegar. Eso hizo que piezas como “The Great Wall” terminaran convirtiéndose en algunos de los momentos más intensos de la noche.

También hubo espacio para mostrar una faceta más melódica y luminosa. “Isla Feliz” dejó ver ese lado mediterráneo y casi cinematográfico que también forma parte de su música, demostrando que detrás de toda la precisión técnica hay un músico tremendamente sensible en lo compositivo. Y en “L.A. Blues One” apareció con claridad toda esa conexión con la fusión y el jazz eléctrico que él mismo mencionaba en nuestra entrevista previa al concierto, citando nombres como Chick Corea o Weather Report entre sus influencias más importantes.

Otro detalle muy interesante fue la iluminación del show: varias barras de luz colocadas en el suelo que se sincronizaban constantemente con las dinámicas de la música. Nada exagerado ni invasivo, pero sí lo suficientemente inteligente como para reforzar esa sensación inmersiva que tuvo gran parte del concierto.

Y quizá ahí quede la gran pregunta. ¿Les hace falta más interacción entre ellos? Que juzgue cada uno…. Porque mientras otros artistas necesitan enormes producciones para sostener el impacto visual, Mancuso llena una sala prácticamente quieto, hablando poco y dejando que todo ocurra desde la guitarra. Hace tiempo que dejó de ser simplemente “el guitarrista prodigio de internet”. Lo que vimos en Madrid fue algo bastante más serio: un músico con identidad propia, un sonido reconocible y una madurez impropia de alguien que apenas acaba de entrar en la treintena.

Y viendo la respuesta del público, da la sensación de que esto no ha hecho más que empezar.

Texto y fotos: David Aresté

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