Rock Imperium – 28 de Junio 2025 – Parque El Batel – Cartagena (Murcia)
Con ellos empezamos el tercer día del Rock Imperium y, pese a la hora temprana, Strangers lograron congregar a un buen número de asistentes dispuestos a desafiar la intensa calor reinante, que no daba tregua desde los dos días anteriores. Su actuación sirvió como una presentación extraoficial de Boundless, su nuevo álbum que verá la luz el próximo 22 de agosto a través de Frontiers Music. Los cuatro primeros temas del setlist —“Worth a Shot”, “My Dream”, “Language of Love” y “Still the One”— fueron precisamente adelantos de este esperado trabajo, mostrando una línea más melódica y pulida, con claras intenciones de consolidar su identidad sonora en esta nueva etapa.
La banda se mostró cómoda y cohesionada en el escenario, especialmente con una base rítmica que cada vez encaja mejor. César y Abel marcaron los tiempos con precisión y fuerza, dejando el terreno perfecto para que Miguel desplegara su técnica y elegancia con una serie de solos limpios y efectivos que brillaron especialmente en temas como “Flames” y “With You”. Por su parte, Celia continúa en plena evolución, buscando y forjando su estilo propio como frontwoman. Su voz fue ganando confianza a medida que avanzaba el concierto, y su presencia escénica fue creciendo con cada canción.
Los últimos cuatro temas del repertorio —“Flames”, “With You”, “Into the Night” y “Enemy”— conectaron aún más con el público, ya que forman parte de los sencillos que la banda ha ido publicando en los últimos tiempos. La gente los reconocía, los coreaba y se notaba esa familiaridad que da el rodaje en directo. Aquí, Strangers dejaron claro que están preparados para dar el siguiente paso, apoyados por una evolución sonora coherente y una propuesta que, aunque en crecimiento, ya empieza a tener señas de identidad claras.
Como decimos, todo está a punto para la llegada de Boundless. Este concierto en Cartagena fue un reflejo de ese proceso de transformación y consolidación que vive la banda, con una formación rejuvenecida y ambiciosa. Si siguen por este camino, no cabe duda de que Strangers seguirá tocando y moldeando lo que quiere ser: una propuesta sólida dentro del panorama del hard rock melódico nacional.
Los británicos FM saltaron al escenario en pleno pico de calor y demostraron que los años de carretera no solo se notan en la madurez musical, sino también en la capacidad de aguante. Especial mención merece Steve Overland, quien, visiblemente afectado por el sofocante clima, cantó cada tema con una entrega intachable, alcanzando todas las notas con una potencia y emoción que confirmaron su estatus como uno de los grandes vocalistas del género.
A diferencia de otras visitas más frecuentes a salas españolas, su aparición en el Rock Imperium tuvo un sabor especial. No es habitual ver a FM en festivales nacionales, y su inclusión en esta edición del cartel aportó una riqueza estilística que fue muy bien recibida por el público. En un evento dominado por propuestas más duras, su apuesta melódica sirvió de contraste perfecto, elevando la experiencia del festival y confirmando, una vez más, que hay espacio para todos los matices del rock.
Lejos de centrarse en su más reciente trabajo, Old Habits Die Hard, la banda optó por un repertorio centrado en lo mejor de su carrera, con especial atención a Tough It Out, considerado por muchos su obra cumbre. La elección no pudo ser más acertada para un entorno festivalero: grandes himnos, estribillos memorables y una ejecución precisa. Además, rescataron piezas como “Someday (You’ll Come Running)” o “Let Love Be the Leader”, que pusieron de relieve la vigencia de una fórmula que sigue emocionando décadas después.
El arranque con “Digging Up the Dirt” y “I Belong to the Night” fue toda una declaración de intenciones. Enseguida llegaron “Killed by Love”, “All or Nothing” y una impecable “Don’t Stop”, que mantuvieron la energía a tope. Cuando llegó el turno de “That Girl” y “Bad Luck”, el público ya estaba entregado por completo. “Tough It Out” fue coreada con fuerza por una audiencia que, pese al calor, se mantuvo firme hasta el último acorde. Y como broche final, “Turn This Car Around”, que sirvió como epílogo perfecto para un concierto sólido y emocional.
Al igual que Strangers, FM representó una de las apuestas melódicas de la jornada. Y lo hicieron con una clase y un oficio difíciles de igualar. Con Brotherhood, su próximo álbum que verá la luz el 5 de septiembre a través de Frontiers Music, el grupo ya ha confirmado una nueva gira por España para abril de 2026, lo que asegura otra dosis de su inconfundible sonido en nuestras salas.
En definitiva, lo de FM en Cartagena no fue solo un concierto más. Fue una reafirmación de por qué siguen siendo una referencia del AOR europeo. Pese a las adversidades climáticas, ofrecieron un set redondo, demostrando que cuando se tiene talento, experiencia y buen gusto, ni el calor más implacable puede empañar el resultado.
Turno para Michael Monroe y sus colegas que saltaban entrada la tarde y un horario más que raro para alguien como él. Bajo un sol de justicia y con el termómetro rozando lo imposible, el finlandés ofreció uno de los shows más viscerales, intensos y llenos de actitud de todo el festival. Ni el calor ni el paso del tiempo han logrado mermar su espíritu punk y rockero, ni su capacidad para incendiar un escenario. Desde que sonaron los primeros acordes de “Dead, Jail or Rock ‘n’ Roll”, quedó claro que lo suyo no era un simple repaso de carrera, sino una declaración de principios: sudor, electricidad y rock sin concesiones.
El repertorio fue un auténtico festín para fans de todas sus etapas. Alternando temas de su carrera en solitario como “I Live Too Fast to Die Young”, “Ballad of the Lower East Side” o “Stained Glass Heart” con cortes clásicos de Hanoi Rocks —la banda con la que cambió las reglas del glam punk en los 80— como “Motorvatin’”, “Back to Mystery City” o la siempre emotiva “Don’t You Ever Leave Me”. Estos últimos temas, sobre todo, desataron una ola de nostalgia colectiva entre los más veteranos, que encontraron en esos minutos una conexión directa con una época dorada del rock callejero europeo.
Tampoco faltaron sorpresas ni homenajes. La interpretación de “Hammersmith Palais” de su proyecto Demolition 23. fue un guiño a su faceta más combativa, mientras que la versión de “Up Around the Bend” de Creedence Clearwater Revival sirvió como cierre apoteósico y transversal, uniendo a distintas generaciones bajo un mismo grito de celebración rockera. Monroe se mostró en plena forma, saltando, girando su micrófono como un látigo, subiendo a los monitores e incluso bajando a cantar delante de las primeras filas con la misma energía desafiante que hace cuatro décadas.
Su banda, afilada y en perfecta sintonía, supo estar a la altura de su carismático líder. Los músicos ejecutaron cada tema con precisión, pero sin perder ese punto de caos controlado que hace tan especial un concierto de Michael Monroe. “Man With No Eyes” y “Old King’s Road” ganaron aún más fuerza en directo, y canciones como “Soul Surrender” o “’78” sirvieron para bajar levemente las pulsaciones antes de volver a despegar con más fuerza. Cada transición se sentía natural, como si el set list fluyera por pura inercia rockera.
El contraste con otros actos del cartel, como la elegancia melódica de FM o el virtuosismo de bandas más progresivas, hizo que la propuesta de Monroe brillara aún más por su crudeza. Aquí no hubo artificios ni fuegos artificiales: solo actitud, riffs, y una entrega total. Parecía como si el escenario se le quedara pequeño, como si la única forma de contener su energía fuera con más público, más volumen y más velocidad. El suyo fue, sin duda, uno de los conciertos más comentados del día —y probablemente del festival.
En un festival tan ecléctico como el Rock Imperium, donde conviven el heavy clásico, el metal extremo y el hard rock melódico, Michael Monroe volvió a dejar claro que el glam-punk sigue tan vigente como el primer día. Su actuación no fue solo un show, fue una declaración de principios: autenticidad, rebeldía, energía sin filtro. Una lección de rock’n’roll directo al pecho, como un puñetazo con pintalabios y tachuelas. Y en tiempos de producciones grandilocuentes y estéticas calculadas, ese tipo de verdad se agradece más que nunca.
Aún sorprendidos por el cierre de Michael Monroe y su recuerdo al gran Fogerty… Teníamos otro de los muchos volantazos estilísticos del festival ya que nos íbamos directos a la oscuridad introspectiva de Leprous, en un cambio de registro que solo un cartel como el del Rock Imperium puede ofrecer. El regreso de Leprous al festival tras su paso por la edición de 2022, volvió a dejar claro por qué los noruegos son una de las bandas más en forma del metal progresivo actual. Asiduos de las salas españolas y con una creciente presencia en festivales, su continuo ascenso es ya imparable. Prueba de ello fue su reciente show exclusivo en Madrid, donde agotaron entradas con semanas de antelación. En Cartagena ofrecieron otro recital de precisión, emoción y complejidad técnica que dejó hipnotizados a los asistentes más exigentes.
Lo suyo fue un ejercicio de fragilidad, melancolía y visceralidad, donde temas como “Alleviate”, “Below” o “Slave” demostraron que en la contención emocional también puede haber una tormenta. Los amantes del nuevo progresivo encontraron aquí su momento álgido del día.
Acostumbrados a verles rodeados de un intrincado juego de luces que acompaña la arquitectura emocional de sus canciones, se hacía extraño presenciar su concierto a plena luz del día. Aún así, Leprous logró que su propuesta no perdiera intensidad, aunque sí se llevaron su buena dosis de la implacable calor cartagenera, agravada por su habitual vestimenta negra. Con todo, no hubo concesiones: “Silently Walking Alone”, “Like a Sunken Ship” o el espectacular cierre con el outro de “The Sky Is Red” brillaron con fuerza propia, incluso sin la oscuridad habitual.
El repertorio estuvo centrado en su más reciente Melodies of Atonement y en el aclamado Pitfalls, sin olvidar guiños a etapas anteriores que los seguidores de siempre agradecieron. La ejecución fue impecable y la respuesta del público, entregada. Quienes no pudieron verlos esta vez tendrán otra oportunidad pronto: Leprous volverá a España este otoño con fechas confirmadas en Murcia y Barcelona. Lo de Cartagena fue una actuación seria, profunda y precisa, como su música: compleja por fuera, pero brutalmente humana por dentro.
Blind Guardian volvieron a pisar el escenario del Rock Imperium dos años después de su aclamada actuación en 2023, y esta vez lo hicieron con una razón de peso: celebrar sus cuarenta años sobre los escenarios. Cuatro décadas de power metal épico, historias fantásticas, dragones, héroes trágicos y literatura de Tolkien convertida en himnos. La banda alemana, que cuenta con una sólida base de fans en España, ofreció un concierto sin grandes sorpresas escénicas, fiel a su estilo habitual, pero con una energía desbordante que dejó claro que siguen en plena forma.
Desde el primer tema, el grupo imprimió un ritmo trepidante a su actuación, manteniendo siempre el equilibrio entre lo clásico y lo reciente. El setlist estuvo cuidadosamente seleccionado, con un peso evidente de Nightfall in Middle-Earth, uno de los discos más queridos por su comunidad, y una presencia destacada de The God Machine, su más reciente álbum. Canciones como “Nightfall”, “Time Stands Still (At the Iron Hill)” o la más nueva “Blood of the Elves” convivieron perfectamente, demostrando que Blind Guardian ha sabido evolucionar sin perder su esencia.
Aunque no incluyeron esta vez su mastodóntica “And Then There Was Silence” como en sus últimos conciertos, probablemente por restricciones de tiempo propias del formato festival, el resto del repertorio no dejó fisuras. Cada canción estaba medida para no bajar el pulso, y el sonido —potente y nítido— ayudó a reforzar una sensación de grandeza que solo bandas de su calibre consiguen transmitir. El momento álgido llegó con la secuencia de “Majesty”, “The Bard’s Song – In the Forest” y “Valhalla”, con un público entregado que coreó cada estribillo como si fuera un ritual.
Hansi Kürsch sigue siendo un frontman de primera línea. Su voz, aunque más madura, mantiene intacto su equilibrio entre la emoción narrativa y la fuerza operística que siempre lo ha caracterizado. Su conexión con el público español es evidente, y su carisma hace que cada pausa entre canciones se convierta en un pequeño acto de comunión con los fans. Temas como “Lord of the Rings” y la imprescindible “Mirror Mirror” cerraron el concierto por todo lo alto, dejando al público flotando entre épica y nostalgia.
Más allá de la música, lo que Blind Guardian transmiten en directo es una sensación de pertenencia. No se trata solo de ver a una banda tocando canciones potentes, sino de entrar durante una hora en un universo alternativo, donde las batallas son legendarias y los relatos, casi sagrados. En un festival como Rock Imperium, que apuesta por la diversidad estilística, ellos aportan ese componente de fantasía y mitología que eleva la experiencia a otro plano. Su show fue uno de los más celebrados del día, tanto por nuevos adeptos como por fans veteranos.
Con su 40º aniversario ya en marcha, es inevitable preguntarse qué tienen preparado para los próximos meses: ¿una gira temática? ¿Un recopilatorio especial? ¿Tal vez un nuevo álbum? Sea lo que sea, lo cierto es que Blind Guardian no mostró signos de desgaste. En Cartagena volvieron a consolidar su estatus de leyendas vivas del power metal, y dejaron claro que, aunque pasen los años, su legado sigue creciendo con cada concierto.
Tras los dragones y las gestas épicas de Blind Guardian, la noche del Rock Imperium dio otro giro estético y sonoro con las sombras góticas y el misticismo de The Cult, que aportaron su habitual mezcla de rock oscuro, psicodelia y riffs de estadio. Con 40 años de trayectoria a sus espaldas, la banda británica sigue siendo un reclamo potente, como se vio en Cartagena, donde reunieron a un buen número de fieles —incluyendo heavies curiosos que se acercaron atraídos por su leyenda y su innegable carisma.
El concierto fue una descarga de clásicos, un setlist de grandes éxitos que no dejó demasiadas sorpresas, pero sí una sólida ejecución. Ian Astbury se mostró más activo que en otras visitas recientes: no paró de moverse, jugar con su pandereta e intentar dinamizar el show desde el centro del escenario. Eso sí, fiel a su costumbre, no interactuó con sus compañeros en ningún momento, manteniendo esa habitual distancia escénica que refuerza la imagen casi ritual de su figura. El look no ayudó a aliviar la temperatura: entre su pañuelo, sus gafas y su camiseta de manga larga, solo daba más calor a un público ya castigado por el clima veraniego de Cartagena.
Musicalmente, temas como “Wild Flower”, “Rain”, “She Sells Sanctuary” o “Fire Woman” funcionaron como siempre: contundentes, atmosféricos y coreados por todos. El sonido acompañó, sin grandes fisuras, y Astbury ofreció un poderío vocal notable, mostrando que, aunque la energía ya no sea la misma de antaño, su presencia sigue imponiendo respeto. A destacar también “Edie (Ciao Baby)” y “Love Removal Machine”, dos joyas que cerraron el repertorio con un gran sabor de boca.
Al final, tocaron durante 70 minutos, igual que en su concierto del día anterior en Barcelona, a pesar de que el horario inicial marcaba 90, los típicos “otra, otra” se mezclaban con alguna protesta que no sirvieron de mucho viendo que al encenderse la luz, efectivamente no iban a tocar más. Aunque su actuación fue solvente y efectiva, da la sensación de que The Cult comienza a moverse en una zona demasiado cómoda, al menos en sus apariciones veraniegas por España. Quizá ha llegado el momento de repensar su propuesta en vivo, arriesgar un poco más y dejar espacio a alguna sorpresa. Porque la materia prima la tienen, y la historia también. Solo falta un pequeño empujón para que el ritual vuelva a ser inolvidable.
Al igual que ocurriera la noche anterior, el power metal regresó pasada la medianoche, después del cabeza de cartel del día, de manos de Rhapsody of Fire y volvió a conectar con un público que, lejos de retirarse, decidió quedarse a disfrutar del despliegue épico de los italianos. Con una trayectoria ya consolidada dentro del festival, el grupo ofreció un show sólido y enfocado a satisfacer a los fieles del género.
Aunque su último trabajo, Challenge the Wind, fue lanzado este mismo año, y tuvo su correspondiente gira de presentación en otoño de 2024, en esta ocasión optaron por un repertorio mucho más panorámico, abarcando buena parte de su discografía. La apertura con “Unholy Warcry” marcó el tono de lo que sería un concierto cargado de energía y teatralidad, seguido por temas como “Rain of Fury”, “I’ll Be Your Hero” y “The March of the Swordmaster”, que hicieron las delicias de los que conocen a la banda desde su era más sinfónica. También hubo espacio para momentos más emotivos, como “The Magic of the Wizard’s Dream”, que evocó su recordada colaboración con Christopher Lee.
El tirón de bandas como Blind Guardian y Manticora favoreció que una parte considerable del público se mantuviera en el recinto, y muchos de ellos corearon con entusiasmo canciones como “Chains of Destiny”, “Warrior Heart” o “Dawn of Victory”, una de las más celebradas de la noche.
Giacomo Voli volvió a ser el gran protagonista de la noche, con un registro vocal imponente que manejó con solvencia a lo largo de todo el setlist. Eso sí, para acompañar la grandiosidad de los arreglos y el dramatismo de las composiciones, fue evidente el uso de efectos vocales como delays o doblajes, especialmente en los coros y secciones más sinfónicas. El cierre no podía ser otro: “Land of Immortals” y “Emerald Sword” sonaron como verdaderos himnos, y convirtieron el final del concierto en una celebración colectiva que confirmó, una vez más, la vigencia del universo épico de Rhapsody of Fire.
Cerraban el día otros que pisaron la edición de 2022, los daneses Manticora. Con la particularidad de que, hasta la fecha, nunca han girado en salas por España, sus dos únicas visitas al país han sido precisamente en este festival, lo que convierte cada aparición en un momento único para los seguidores del metal más técnico y oscuro. Como decíamos, fueron los encargados de cerrar el tercer día del festival con un directo marcado por un enfoque más complejo y progresivo que el del resto de las bandas del día.
Lejos del metal extremo que dominó otras jornadas, el suyo fue un power metal “extremo” en forma y ejecución: ritmos incesantes, densos y cambiantes, con un despliegue técnico de altísimo nivel que tuvo como punto álgido la labor instrumental de las guitarras, a cargo de Kristian Larsen y Stefan Johansson. Desde los primeros compases de “Winter Solstice” hasta la contundente “A Long Farewell”, el grupo ofreció un repertorio sólido, basado en gran parte en su más reciente trabajo, Mycelium (2024), su décimo álbum de estudio y una muestra clara de la evolución constante que ha vivido la banda a lo largo de casi tres décadas de trayectoria.
A diferencia del ambiente coreable y festivo que se vivió antes con Rhapsody of Fire, durante el show de Manticora el público adoptó una actitud mucho más contenida, casi hipnótica, absorto en cada cambio de compás, cada frase retorcida y cada golpe de batería. Fue una actuación que no buscó el aplauso fácil ni la repetición de estribillos, sino la inmersión total en un universo introspectivo, complejo y visceral. Temas como “Necropolitans”, “Beast of the Fall” o “Slaughter in The Desert Room” fueron interpretados con una precisión quirúrgica, mientras que piezas como “Mycelium” o “Private Hell” mostraron el lado más atmosférico de la banda, reforzado por un diseño de luces profundo y calculado, tan cambiante como la música misma.
Su vocalista Lars F. Larsen fue otro punto de atención moviéndose con soltura entre registros agresivos y pasajes melódicos, con una interpretación intensa y emocional que se adaptó con naturalidad a los vertiginosos cambios de ritmo de las composiciones. Ver a una banda con casi 30 años de carrera que aún no ha pisado las salas españolas más allá de estos dos festivales resulta tan curioso como injusto. Ojalá su próxima visita no sea bajo los focos de un gran escenario al aire libre, sino en la cercanía de una sala donde puedan construir una verdadera legión de seguidores y seguir expandiendo su propuesta única en el panorama del metal europeo.
Texto: David Aresté
Fotos: Susana Manzanares
