Rock The Sun – 18 y 19 de septiembre de 2026 – La Carpa del Poble Espanyol (Barcelona)
La segunda edición de Rock The Sun volvió a reunir los días 18 y 19 de septiembre de 2026 a una amplia representación del hard rock, el AOR y el metal en La Carpa del Poble Espanyol de Barcelona, repitiendo ubicación respecto al año anterior. Si unos días antes todo apuntaba a que el festival podía acabar rebautizado como Rock The Rain, los dioses de la meteorología terminaron haciendo su trabajo y permitieron disfrutar de dos jornadas de climatología envidiable. Esta segunda edición, además, ampliaba ligeramente su propuesta respecto al debut, incorporando una mayor presencia de bandas de hard’n’heavy que complementaba el eje hard rock y melódico del festival. Con el sol apretando desde primera hora, RedShark fueron los encargados de abrir el escenario y poner en marcha una primera jornada que iría aumentando progresivamente de intensidad.
RedShark tuvieron el honor —y también la difícil tarea— de inaugurar la segunda edición de este Rock The Sun. A las cuatro de la tarde, con el sol apretando con fuerza, los locales saltaron al escenario para defender Sudden Impact y poner sobre la mesa la vertiente más heavy de una edición que ampliaba sus horizontes más allá del hard rock. Su propuesta fue directa, rápida y contundente, aunque la velocidad de la descarga, unida a las condiciones del sonido, hizo que por momentos costara separar con nitidez cada instrumento. No era precisamente el escenario más sencillo para empezar una jornada de festival, pero RedShark salieron a por todas desde el primer minuto.
La banda dejó patente que atesora tablas y experiencia, aunque el contexto tampoco terminó de jugar a su favor. A esa hora, con el festival todavía arrancando y buena parte del público por llegar, la respuesta desde abajo fue necesariamente más fría de lo que probablemente merecía una formación con semejante recorrido. Canciones como “Sudden Impact”, “Kill Your Idol” o “Beware Of The Shark” sirvieron para mostrar una propuesta que, en un horario y unas condiciones diferentes, podría haber tenido mucho más recorrido ante el público. RedShark hicieron su trabajo: abrir fuego, reivindicar el músculo heavy de esta edición y dejar claro que hay una banda detrás que merece ser escuchada con mayor atención.
Con el festival empezando a coger ritmo y una mayor afluencia de público, llegaba el turno de otros veteranos de la escena local. Kilmara tomaban el relevo con una propuesta también claramente vinculada al heavy metal, aunque desde una perspectiva mucho más melódica. La banda llegaba además con Journey To The Sun, un trabajo inspirado en el universo de los videojuegos y la estética de los años ochenta que les ha llevado a girar por Europa en un par de ocasiones. La propia puesta en escena incidía en ese concepto, con los músicos uniformados con sus característicos monos espaciales y un telón de fondo acorde con la temática del álbum.
Musicalmente, Kilmara ofrecieron una propuesta más limpia que la de sus predecesores, lo que permitió apreciar mejor los detalles y la experiencia acumulada por una formación con una dilatada trayectoria. Temas como “Journey To The Sun”, “Wildfire”, “Liberticide” o “Alliance Of The Free” mostraron esa combinación de potencia y melodía que define su actual propuesta. Su público respondió desde las primeras filas y se hizo notar durante buena parte del concierto, aunque el resto del recinto todavía permanecía expectante, a la espera de que el festival terminara de encontrar su punto de ebullición.
Y entonces llegó el momento en el que se comprobó que el público ya había hecho definitivamente click. The Cruel Intentions saltaron al escenario y los escandinavos comenzaron a explotarlo todo por los aires. Llegaban a Barcelona para presentar su último trabajo, All Hail Hypocrisy, aunque el repertorio también concedió bastante espacio a No Sign Of Relief, estableciendo un equilibrio bastante razonable entre ambas etapas. Después de tres discos y, sobre todo, siendo esta su primera visita a España, había curiosidad por comprobar cómo respondería una banda que todavía no había tenido la oportunidad de enfrentarse directamente al público de nuestro país.
Y la respuesta fue inmediata. The Cruel Intentions no reinventan la rueda, pero tampoco parecen necesitarlo: fueron divertidos, gamberros y descarados, funcionando casi como unos hermanos pequeños de Hardcore Superstar. El público se entregó completamente y cantó buena parte de las canciones, mientras el calor todavía apretaba aunque el sol comenzaba a abandonar el recinto. Lizzy Devine, que había sido anteriormente cantante de Veins of Jenna, ejerció de maestro de ceremonias con una actitud que encajaba perfectamente con la propuesta, mientras que el guitarrista Kristian destacó por su enorme actividad sobre el escenario, sus poses y una presencia que no pasó desapercibida.
Con semejante recibimiento, cuesta pensar que The Cruel Intentions no tengan ahora mucho más presente a la escena española. La banda encontró en Barcelona un público dispuesto a entregarse desde el primer momento y respondió con un concierto concebido para disfrutar sin demasiadas complicaciones. No fue necesariamente el concierto del festival, pero sí tuvo una función fundamental: encender la mecha de la primera jornada y hacer que el ambiente comenzara a cambiar definitivamente.
A partir de ahí, Rock The Sun empezó a adquirir otra temperatura. La gente ya estaba dentro del festival, el recinto presentaba otro aspecto y el concierto de los Crueles había conseguido aquello que necesita cualquier jornada larga: romper la barrera inicial entre escenario y público. Con “Beating In My Chest”, “Triple Threat”, “Living Out Of Line”, “Weekend Suffering”, “All Hail Hypocrisy” o “Jawbreaker”, The Cruel Intentions demostraron que su fórmula, por conocida que pueda resultar, funciona especialmente bien cuando se encuentra con un público dispuesto a jugar.
Suecia continuaba desfilando por Rock The Sun y, con la noche cayendo finalmente sobre el Poble Espanyol, llegaba uno de los nombres más habituales del circuito de salas español: Crazy Lixx. La banda lleva años recorriendo nuestros escenarios y también ha sido presencia habitual en festivales durante las últimas temporadas, por lo que su llegada al cartel no suponía precisamente un descubrimiento. Su actuación se planteó como un repaso bastante amplio por su trayectoria, con canciones de diferentes etapas y una banda perfectamente rodada después de quince años de carrera.
El sonido acompañó bastante bien durante su actuación, aunque las luces estuvieron muy lejos del mismo nivel y resultaron bastante desastrosas en determinados momentos. Musicalmente, Crazy Lixx ejecutaron el repertorio con solvencia, aunque la elección de canciones terminó transmitiendo cierta sensación de monotonía a medida que avanzaba el concierto. No faltaron “Rise Above”, “Hell Raising Women”, “Girls Of The 80’s”, “Walk The Wire”, “21 Til I Die”, “Whiskey Tango Foxtrot” o “Never Die (Forever Wild)”, dentro de un set que recorría buena parte de su discografía.
La elegancia y presencia escénica de una banda con tantos años de carretera quedaron fuera de toda duda, y Danny Rexon fue el encargado de mantener la energía durante todo el concierto, sin parar prácticamente un momento y recurriendo a diferentes performances para mantener la atención del público. Con la noche ya completamente instalada, los suecos demostraron una vez más que conocen perfectamente su terreno y que su directo no tiene fisuras.
Sin embargo, Crazy Lixx se encontraron también con una realidad complicada dentro de la escena melódica actual. Hay grandes “losas” que no aflojan ni un momento y que hacen difícil ocupar los primeros puestos del género, desde Eclipse hasta unos HEAT que atraviesan un momento especialmente fuerte. Crazy Lixx ofrecieron un buen concierto y cumplieron con creces, pero su propuesta, por muy bien ejecutada que esté, empieza a encontrarse con una competencia cada vez más exigente.
Y precisamente después de Crazy Lixx llegaba otro de los grandes nombres del cartel. Eclipse regresaban a Barcelona para cerrar la jornada y lo hacían con todos los elementos que han convertido su directo en una fórmula perfectamente reconocible. La banda contó con buen sonido y una iluminación a la altura, dos factores que ayudaron a que canciones como “Roses On Your Grave”, “All I Want”, “Dying Breed”, “Wake Me Up” o “Twilight” sonaran con la contundencia y claridad necesarias.
El repertorio avanzó por diferentes etapas de la banda con temas como “The Downfall Of Eden”, “Blood Enemies”, “High Road”, “Hurt” o”Saturday Night (Hallelujah)”, antes de encarar la recta final con “Black Rain”, “Runaways”, “Anthem” y “Viva La Victoria”. Sobre el escenario, Eclipse volvieron a demostrar por qué se han convertido en uno de los nombres más sólidos de la escena melódica europea, con una maquinaria que sabe exactamente dónde colocar cada elemento.
El principal punto cuestionable del repertorio de Eclipse está en su escasa renovación. Como nos gusta los números y las estadísticas, cogiendo papel y lápiz y dando una vuelta por setlist.fm, con casi treinta años de trayectoria y una discografía suficientemente amplia como para ofrecer muchas alternativas, sorprende comprobar hasta qué punto se mantiene inalterable buena parte del setlist. Desde 2024, aproximadamente la mitad de las canciones se repite de manera habitual en sus visitas españolas, dejando poco espacio para recuperar temas menos habituales de su catálogo. Es una circunstancia que ya pudimos comprobar en su anterior paso por Madrid y que vuelve a aparecer ahora en Barcelona.
También hay una cierta sensación de haber encontrado una “fórmula mágica” en la puesta en escena. Los habituales “uooo, uooo”, los momentos diseñados para la participación del público y determinados movimientos parecen formar parte de un mecanismo perfectamente estudiado. Y, siendo justos, funciona: el público responde, canta, salta y disfruta. Cuando una fórmula da resultado, la pregunta inevitable es precisamente la que se plantea la propia banda: ¿para qué cambiar?
Pero quizá Eclipse podrían permitirse bajar un poco el ritmo de esa maquinaria, trabajar con más tiempo y dejar que las ideas respiren. Tienen canciones, trayectoria y recursos suficientes como para ampliar un repertorio que, por momentos, parece demasiado predecible. No se trata de cuestionar una fórmula que funciona, sino de aprovechar todo lo que una banda con casi tres décadas de historia todavía puede ofrecer.
En cualquier caso, el público de Rock The Sun respondió como cabía esperar y Eclipse cerraron la primera jornada con el recinto completamente metido en el concierto. Tras la progresión que había llevado el festival desde la descarga heavy de RedShark, pasando por el power melódico de Kilmara y el hard rock más gamberro de The Cruel Intentions y Crazy Lixx, los suecos pusieron el broche con su repertorio reconocible y una ejecución impecable. Rock The Sun había conseguido sobrevivir a los pronósticos meteorológicos, convertirse definitivamente en Rock The Sun y completar su primera jornada bajo unas condiciones prácticamente envidiables.
David Aresté
Fotos: Edko Fuzz
