Dark Moor – 18 de Abril 2026 – La Sala del Movistar Arena (Madrid)
El pasado 18 de abril, Dark Moor celebró en la sala del Movistar Arena de Madrid una noche muy especial con motivo de su 25 aniversario (desde su The Hall of the Olden Dreams, una fecha simbólica dentro de una trayectoria que, en realidad, se remonta aún más atrás). La banda llegaba además tras su paso por el Epic Fest de Dinamarca, compartiendo cartel con grandes nombres del género, y en un momento en el que, pese a no editar material nuevo desde Origins (2018), han querido conmemorar la ocasión con un recopilatorio de 25 temas disponible en sus conciertos y suponemos que pronto en su página web.
Las puertas se abrían a las 20:00 y ya había cerca de media sala esperando, confirmando las ganas de un público que sabía que no iba a ser una noche cualquiera. Una hora de espera amenizada por clásicos del power y el hard rock dio paso a un inicio puntual a las 21:00, con las luces apagándose y la intro de “The Dark Moor” sonando como carta de presentación. El arranque dejó un sabor algo agridulce en lo técnico: el sonido parecía aún en fase de calibración y resultó algo ininteligible, aunque el empuje del público, que coreó el tema con fuerza, ayudó a sostener ese primer momento.
“Before the Duel” y “The Emperor” mantuvieron ese ímpetu inicial mientras la mezcla iba mejorando progresivamente. Fue en “Mio Cid”, interpretada en inglés y castellano, donde todo empezó a encajar: ahí apareció la versión más sólida y teatral de la banda, con un Alfred Romero especialmente inspirado, culminando el tema con un final casi a capela excepcional. “Swan Lake” reforzó ese carácter sinfónico, y fue también uno de los primeros momentos en los que se hizo evidente el peso de Mariana Otero, soprano invitada que acompañó a la banda durante toda la noche, ya fuera en coros, dúos o voces principales.
Como recordamos de su concierto del 20 aniversario, la presencia femenina no fue un complemento, y Mariana fue una pieza importante del directo. Su momento más destacado llegó con “Maid of Orleans” (único tema del The Hall of the Olden Dreams), donde asumió la voz principal con una interpretación intensa y emotiva mientras Alfred descansaba.
Aun así, y pese a este guiño, la representación de los primeros discos fue claramente escasa. Muchos esperaban un repaso más amplio a toda la discografía, pero el repertorio se centró principalmente en la etapa con Alfred al frente, especialmente en la llamada “triple A” (Ancestral Romance, Autumnal y Ars Musica), además de incluir temas de Tarot, que el próximo año cumplirá 20 años. En ese sentido, discos como The Gates of Oblivion, Shadowland o incluso Project X quedaron completamente fuera, algo lógico desde el enfoque actual de la banda, pero menos satisfactorio para los seguidores más veteranos.
“The Chariot” fue otra de las bien recibidas antes de dar paso al momento instrumental de la noche con “Ritual Fire Dance”, donde destacó especialmente Óscar Calvo al violín, habitual en la última etapa del grupo y que se mostró particularmente inspirado, aunque ya venía dejando detalles de calidad durante todo el concierto. En lo visual, las proyecciones de la pantalla trasera ayudaron a reforzar la ambientación de los temas y aportaron un extra al espectáculo, en contraste con un juego de luces algo irregular en ciertos momentos y un uso del humo que, lejos de sumar, terminó por enturbiar el ambiente sin un propósito claro.
El tramo final antes de los bises fue una auténtica demostración del nivel vocal y expresivo de Alfred, con “On the Road Again” y, sobre todo, “A Music In My Soul”, interpretaciones sensacionales, emotivas y elegantes que dejaron uno de los puntos más altos de la noche. Los bises mantuvieron el listón con “Livin’ in a Nightmare”, nuevamente en formato bilingüe, una “Lovers” especialmente emotiva y, como cierre, una “Canción del Pirata” que fue cantada de principio a fin por todo el público.
El final tuvo un carácter casi teatral, acorde con el tono general del concierto. Tras la despedida y la foto final, los aplausos y vítores se prolongaron durante varios minutos, en un ambiente cargado de emoción que llegó incluso a hacer llorar a algún miembro de la banda.
Además, la entrada terminó siendo realmente buena, tal y como ya se intuía desde la apertura de puertas, con un público entregado que acompañó cada momento del concierto. No era para menos: había público llegado desde lugares como Brasil, Colombia, México o Canadá, prueba del alcance y el cariño que despierta el grupo. Por eso mismo, las palabras de Enrik en entrevistas recientes como la nuestra, dejando entrever un posible parón tras el verano, planean como una sombra inquietante. Ojalá no se materialicen, porque Dark Moor sigue teniendo mucho que ofrecer.Y, sobre todo, mucho que hacer sentir.
Que sean, como mínimo, otros 25 años más.
Texto: David Aresté
Fotos: Susana Manzanares
