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Entrevista a Vicente Martín Terán: Canciller, el templo del Rock

Entrevista a Vicente Martín Terán: Canciller, el templo del Rock

Como ya hemos ido anunciando, estas últimas semanas se está promocionando y proyectando en salas de cine un documental dirigido por Vicente Martín Terán dedicado a la mítica Sala Canciller de Madrid, el templo del Rock, que así es como se la conocía entonces y que también da título al documental, como no podía ser de mejor manera.

El documental es de principio a fin una fiel descripción de la historia de la sala en un recorrido desde los tiempos previos a sus inicios, su apertura a mediados de los ochenta, por su época de máximo esplendor hasta llegar a su injusto y duro final una década después. Pero por encima de todo, es un intenso y cariñoso homenaje a Juan Antonio Rodríguez y a Sócrates Pérez, los dos verdaderos responsables de proporcionar durante años a miles de jóvenes la felicidad de poder disfrutar de su amada música, el rock, en unos tiempos que nada tenían que ver con los que vivimos ahora, que tenemos prácticamente todo a nuestro alcance en menos de un segundo y en la palma de la mano.

Entonces, sin internet, sin teléfonos móviles ni tecnología 4k ni nada de nada, la mayor felicidad para un rockero era conseguir los últimos vídeos de nuestras bandas a través de las grandes cadenas por satélite americanas como MTV o la VH1 que nos grababa en beta o VHS un amigo, tu novio/a, el vecino, el primo de un amigo… esos que tenían la suerte de tener antena parabólica para nuestra máxima envidia, porque en las cadenas de televisión, 2 para ser exactos, no es que abundaran los programas musicales, no al menos de rock, hasta llegados los 90 y tampoco es que fuera para tirar cohetes…

Por eso, aunque en Madrid ya empezaban a existir locales donde escuchar rock como su predecesora Barrabás de los mismos dueños, la apertura de la primera Sala Canciller (ya que después hubo Canciller II), ‘el Canci’ como lo llamábamos los que tuvimos el privilegio de vivirlo, nos permitió por primera vez escuchar y ver en pantalla grande todos esos vídeos con un sonido atronador y que encima además de discoteca funcionaba como sala de conciertos, pasando por ella las más grandes estrellas del momento, y cuando digo grandes, es grandes. Era un sueño.

Muchas décadas después, nos emociona hasta las lágrimas, literalmente, volver a recordar ese sueño a través de las experiencias de una selección de músicos, prensa y por supuesto clientes, pero sobre todo por ellos, por Juan Antonio y Sócrates, los verdaderos artífices. Espero que sean conscientes de cuanto nos dieron y de lo enorme que es nuestro agradecimiento a tanto esfuerzo y sacrificio.

El próximo lunes 12 de enero tendrá lugar otro pase en los cines Embajadores de Madrid, por el momento el último, pero esperamos que pronto vengan muchos más y todo el mundo tenga oportunidad de verlo, bien en cines o en alguna de las actuales plataformas, ojalá así sea, pues es un documento excepcional.

Os dejamos a continuación la entrevista que hemos tenido el privilegio de hacer a Vicente su creador, para que nos cuente un poquito más en primera persona. Gracias Vicente a ti también por hacerlo posible.

Susana Manzanares


M.S: Hola Vicente, es un placer tenerte por aquí. Feliz año. ¿Qué tal estás?

V.M: Muy bien, la verdad. Feliz año para ti también. Encantado de estar aquí.

M.S: A finales de año has aparecido en medios especializados de metal por la presentación de un documental sobre la Sala Canciller que has dirigido. ¿Cómo surge este proyecto? ¿Qué te motiva a contar la historia de Canciller?

V.M: Yo era cliente de Canciller, no asiduo, pero vivía en el barrio. Vivía en la calle Sámbara y tenía la sala a cinco minutos de casa. Me gustaba el rock, cosas del heavy que me gustaban y me siguen gustando pero no era heavy en el concepto que podemos entender de greñas o pintas y demás, yo era más del rollo progresivo ,¿sabes? que en aquella época se llamaba sinfónico. Un compañero del instituto, que sí era heavy iba a Canciller con una pandilla y me dijo que los miércoles ponían un rato de la música y videos que a mi me gustaban, como Rush, Pink Floyd, Genesis… Al principio iba motivado sobre todo porque era un sitio donde podía ver vídeos de la música que me gustaba, por eso comencé a ir.

¿Por qué surge el documental? porque cuando empecé a ir, el lugar me fascinó y siendo del barrio cuando lo cerraron tan abruptamente poniendo un muro de ladrillos en la puerta siempre me quedé con la intriga de que ocurrió allí y al cabo de los años quise contar la historia de Canciller y reivindicar el bagaje de Canciller respecto a otras salas con un bagaje mucho menor que habían pasado a la historia con más notoriedad como el Rockola, de menor capacidad y que solo estuvo abierto unos años y que parece ha quedado como sala de referencia de la época.

M.S: A finales de año se presentó el documental en medios y ya se han hecho pases. ¿Qué tipo de reacciones has recibido? Tanto de la gente que vivió Canciller como de quienes no la conocieron.

V.M: Cuando hice el documental, mi idea no era hacer algo solo para la gente que fue cliente de Canciller. Quería que también funcionara para quien no vivió esa época, o incluso que no le gustaba esa música o que se cruzaba de acera si se cruzaba con un grupo de heavy’s. Y la reacción ha sido muy buena por ambas partes. Para unos, ha revivido momentos de su juventud, un lugar donde pasaron prácticamente casi todas las tardes o noches. Para ellos ha sido muy emocionante. Y la gente que no iba o que solo había oído hablar de Canciller se ha mostrado gratamente sorprendida, porque para ellos ha sido un descubrimiento. Han entendido por fin qué era ese sitio del que habían oído hablar tantas veces, incluso como un sitio al que no acercarse interesándose por la historia.

M.S: Tú fuiste cliente de Canciller, pero a nivel de conciertos, ¿Cómo describirías la atmósfera de aquellos años?

V.M: Yo recuerdo el concierto que dio Marillion en el 85 con Fish de cantante que a quien le guste Marillion y escuche esto sabe que es muy alucinante haber estado ahí… cuando presentaron Misplaced Childhood. Tocaron dos días en junio y el disco aún no había salido, y aquello estaba petado. Vivir aquello allí fue mágico.

El primer concierto al que fui en Canciller fue uno del Rockservatorio, una escuela de rock donde yo estaba matriculado en batería.

Pero el primer concierto de un grupo que realmente me gustaba y que me marcó fue ese de Marillion. Como he dicho, yo era del barrio y hablaba con mi tío que iba a Canciller y él me decía que iba ya de hace tiempo cuando era una pista de baile… o sea que la sala ya era un referente pero de otro tipo de ambiente. Canciller tenía algo especial. El diseño del sitio ayudaba mucho: una pista central amplia y alrededor una especie de balcones desde los que podías ver perfectamente. El sonido era muy bueno, la acústica estaba muy bien cuidada. Lo único malo era el calor, que a veces era brutal, y lo pasabas un poco mal.

M.S: ¿Cómo describirías el impacto cultural que tuvo Canciller en la escena rockera de Madrid?

V.M: Canciller fue realmente el templo del rock. No es una frase hecha, realmente es lo que era. Cuando surge en 1984 no había sitios así. Las macrodiscotecas no se dedicaban al rock. Lo más parecido era Barrabás, que también pertenecía a los mismos dueños, y precisamente Canciller se abre porque Barrabás tiene tanto éxito que se queda pequeño. Fue una novedad y referencia absoluta. Fue de las primeras grandes discotecas dedicadas exclusivamente al rock y al heavy, y además fue la primera que tuvo una pantalla de vídeo con vídeos que se emitían fuera de España. Había una iluminación espectacular, un sonido muy cuidado, y todo eso impresionaba muchísimo. El guitarrista y cantante de Esturión, Chiquitín, describe muy bien lo que fue para él entrar por primera vez a Canciller, que era como entrar en la tumba de Tutankamón que se quedó flipado con el sonido, las luces, el sitio… No solo venía gente de Madrid capital. Venía gente de Fuenlabrada, Pinto, El Escorial… En el documental hay un chico que cuenta que venía desde El Escorial y que alguna noche se tuvo que quedar a dormir en un portal porque no tenía forma de volver a casa después de un concierto. Eso te da una idea de lo importante que fue Canciller para mucha gente.

M.S: ¿Crees que la historia de Canciller refleja algo más amplio sobre la juventud y la cultura heavy de aquella época?

V.M: Hablo por mí y quizá por más gente… en ese momento no éramos conscientes de que lo que estábamos viviendo era un movimiento cultural. Para nosotros era simplemente nuestra forma de vivir la vida: quedar con los colegas, tomarte unos litros, hablar, escuchar música, ir a conciertos. Sin darnos cuenta se creó… quizá no sea la palabra más adecuada, pero se creó como un ejército, de legión, de seguidores… y eso en el caso del rock duro o del heavy con el tiempo te das cuenta de que fue uno de los pocos movimientos en los que la gente, 40 o 50 años después, sigue siendo fiel. Conozco mucha gente que era heavy y lo sigue siendo, conserva sus discos y su identidad. Eso ahora sí se puede interpretar como un movimiento cultural al que le han dedicado libros y tesis doctorales que por aquel entonces no nos estábamos dando cuenta y que iba a ser importante para tanta gente.

M.S: En el documental hablas mucho del sonido. ¿Qué aspectos de la sala considerabas imprescindibles mostrar en el documental?
Foto: Cris Mayo

V.M: Yo el documental me lo planteé en un gesto un tanto egoísta por mi parte (Risas) quería resolver las dudas que yo tenía respecto a la sala. Quién estaba detrás de la sala, Por qué un empresario decide hacer una discoteca de rock o de heavy en vez de una de pop que a priori hubiera tenido más éxito, como estaba diseñada, las ideas innovadoras que tuvo Canciller… me lo planteé Para mí era muy importante explicar cómo se cuidaba todo: el sonido, la iluminación, la selección musical. Tenían equipos de primer nivel, platos Denon que en aquella época eran de lo mejor que había en el mundo. Compraban discos de importación porque el vinilo nacional era realmente malo. Todo eso se juntó en un cóctel perfecto: buena música, buen sonido, buena iluminación y la pantalla de vídeo, que fue algo revolucionario en su momento.

M.S: En el documental se menciona que algunas bandas no tocaron en Canciller. ¿Te sorprendió alguna historia en ese sentido? Johan Cheka de Cráneo contó una anécdota sobre eso…

V.M: No podíamos meter a todos los grupos españoles que tocaron en Canciller, era imposible. Pero sí me pareció curioso que alguien contase por qué no tocó en Canciller. Johan cuenta el motivo por el que él cree o él piensa que Cráneo no tocó en Canciller. Él lo que relata que por estar apoyados por el Pirata y “enfrentado” con Mariano García, vinculado a Canciller (aunque he visto videos de El Pirata haciendo presentaciones en Canciller), Mariano García les vetó y por eso nunca tocaron allí.

Aunque si es cierto decir que Sócrates  y Juan Antonio me pasaron un listado con todos los grupos nacionales que habían tocado en Canciller y como dice Juan Antonio en el documental, acababa antes diciendo quién no había tocado en Canciller que ponerse a nombrar a todos los que si lo habían hecho… desde grupos consagrados a grupos noveles que luego fueron super importantes.

M.S: Si tuvieras que elegir una canción que capture la esencia de la Sala Canciller, ¿cuál sería?

V.M: Buena pregunta… es difícil elegir una sola. Quitando lo que me gustaba a mi, como videos de Rush o Genesis… Yo recuerdo perfectamente cómo se volvía la pista cuando sonaba The Trooper de Iron Maiden , ACDC, Metallica. La gente se volvía loca. También recuerdo vídeos de bandas extranjeras poco conocidas aquí, que verlos en esa pantalla era impresionante. Yo no era muy de bailar, me gustaba más mirar, pero había canciones que te arrastraban sí o sí.

M.S: ¿Cómo elegiste a los entrevistados que aparecen en el documental?

V.M: Algunos porque eran gente que había ido a Canciller. Quería contar la historia desde tres puntos de vista: la gente que trabajó en Canciller, la gente que tocó allí y la gente que fue como público. Para el personal de la sala contacté con los dueños, Sócrates y Juan Antonio, que a su vez pusieron en contacto a antiguos trabajadores que querían colaborar. Con los músicos fue algo muy natural: yo del Rockservatorio conocía a Kacho Casal, batería de Burning y de Topo que me presentó a más gente, uno presentaba a otro, se fue corriendo la voz y al final juntamos a mucha gente. Llegando a unas 60 entrevistas, que para un documental es una burrada.

Vicente Martín con los dueños de Canciller, Sócrates y Juan Antonio
M.S: ¿Hubo algún testimonio que te emocionara especialmente?

V.M: El momento más emocionante es cuando Sócrates  y Juan Antonio cuentan cómo se cierra Canciller y acaban llorando. El momento en el que Sócrates Pérez cuenta que reúne a la gente en la oficina y les dice que va a ser la última sesión y eso también va montado con lo que dice uno de los Dj’s (Jose) Gallardo. Ese momento que están contando como fue y prácticamente los dos acaban llorando… o cuando a Juan Antonio confiesa que le cuentan que deje de luchar por Canciller porque tiene todo perdido y rompe a llorar, son los dos momentos más emocionantes del documental.

M.S: ¿Y alguna anécdota especialmente graciosa?

V.M: Me encanta cuando la gente habla de los baños de Canciller. Patricia Olangua cuenta muy bien como las mujeres cuentan cómo se metían con unas bolsas enormes con botes de laca, secadores y maquillaje, y luego Jero de Santa explica que en el baño de los hombres pasaba exactamente lo mismo: tíos con cepillo, secador y laca arreglándose antes de salir. Es muy gracioso y muy representativo de la época.

Foto: Cris Mayo
M.S: ¿Hubo algún momento en que pensaste “esto no puede salir en cámara” pero decidiste incluirlo de todos modos? Y por la misma razón ¿has dejado alguno fuera?

V.M: No recuerdo que hubiera nada que se quitara por ser demasiado delicado. No hubo nada que dijéramos “esto no puede salir”. En el documental se habla del tema de las drogas, de la inseguridad…

M.S: ¿Cuánto tiempo llevó todo el proceso del documental?

V.M: El proceso fue largo por motivos ajenos de la producción. Tuvimos problemas con los derechos de una canción que al final no pudimos conseguir, y estuvimos esperando meses una respuesta. En tiempo total han sido más de dos años, aunque el trabajo efectivo fue menos, uno y pico.

M.S: A nivel personal, ¿Qué te llevas de este proyecto?
Foto: Cris Mayo

V.M: Para mí ha sido un descubrimiento. Ten en cuenta que yo no era un cliente asiduo, que iba de vez en cuando… Siempre me llamó la atención lo que se veía en la sala, la gente que iba, que nunca vi una movida, quizá fuera si que las he visto, en el parque.. ten en cuenta que hablamos de los años 80, los yonkis que te iban a pedir las pelas o te robaban la entrada de un concierto, pero dentro no vi ninguna historia. En resumen, pasar del chaval de 16 años que iba a Canciller y analizo todo lo que sé ahora, lo que me doy cuenta es que no tengo ninguna pregunta sin responder… o sea, ahora si sé como surge Canciller, como se desarrolla, cual fue el planteamiento estético y comercial de Canciller y por qué fue tan especial y al final acaba muriendo. Todo eso que era enigmático en mi cabeza las respuestas están ahí y creo que para la gente que lo vea también, hubiesen sido clientes o no.

M.S: Si tuvieras que resumir el documental en una frase, ¿Cuál sería? La que decías ahora de que todas tus dudas sobre la sala han tenido respuesta?

V.M: Sí, pero ten en cuenta que a mi en el fondo lo que me gusta es contar historias, cuando ruedo una película o escribo un libro cuento historias, incluso cuando hablo con la gente. Si son historias reales las adorno para que queden más “molonas” y más entretenidas, no? El documental está estructurado como si fuese una película. El punto detonante es la creación y éxito de Barrabás, el primer punto de giro es la creación de Canciller, un punto medio cuando alcanza su éxito, tiene un segundo punto de giro cuando cierran Canciller (la primera vez, luego lo vuelven a reabrir) y tiene un clímax cuando lo cierran definitivamente y un epílogo. Está estructurado como una película de ficción, y eso facilita mucho la comprensión… Cuando hablo con la gente me dice que se les ha pasa muy rápido y es un documental de hora y media, y sin embargo se les pasa como un tiro, eso es porque está muy bien contado.

M.S: ¿Crees que Canciller podría existir hoy?

V.M: Yo creo que no, y no solo Canciller… después de Canciller hicieron otros experimentos como La Excalibur y al final acabó cerrando. Yo creo que los tiempos no acompañan, la gente joven no es asidua a esa música para que el negocio fuese un éxito y los que somos mayores ya no iríamos con la misma frecuencia. Como dice muy bien Armando de Castro en el documental, todo pasa, todo evoluciona y hasta el Marquee cerró, es ley de vida.

M.S: Ahora que están tan de moda los proyectos transmedia, sacar proyectos de diferentes disciplinas para de un mismo tema… . Las listas de entradas que se ven detrás de Juan Antonio o Sócrates, sacarlas en un libro, una exposición, alguna sesión en alguna sala… No sabemos si nos puedes contestar tú a eso, o si del material que tú tienes ampliarlo a otro lanzamiento…

V.M: El material que hay es poco, parte es de los dueños de la sala, pero también cuando Canciller cierra la dirección de la sala hace un mercadillo… yo conozco gente que compró los discos que ponían en Canciller, con los carteles, los posters… todo eso se liquidó. De material audiovisual no se le daba tanta importancia como se le da ahora, entonces mucho desapareció. La persona que más ha recuperado material de esa época fue Manolo Sonseca, un dj que trabajó allí, de hecho gran parte de material que tenemos fue de el que él pudo recuperar. Ten en cuenta que las imágenes están hechas polvo, y que nosotros las hemos tratado para mejorarlas, pero sin inteligencia artificial.

Una exposición? Sí, de entradas y carteles por ejemplo… si hubiese voluntad e interés… si se podría hacer.

Y sobre la sesión que decías hay una idea de hacer un pase del documental y luego hacer una sesión como las que se hacían en Canciller.

M.S: Hablando del futuro del documental, aparte del pase de ahora del día 12 en Madrid ¿Habrá difusión fuera de Madrid? Posibilidad de llevarlo a festivales como el In-edit de Barcelona…

V.M: Aquí es cuando se ríe la gente cuando digo que yo soy guionista y director, no llevo la parte de distribución. Sé que desde la página de Facebook del documental de Canciller se están recibiendo propuestas de fuera de Madrid y se está trabajando en ello, al igual que para festivales y demás. Ten en cuenta que hemos pillado final de año y lo único que hubo cerrado es que el estreno para el público el 21 de diciembre en la Sala Magno porque un 21 de diciembre de 1985 fue cuando se inauguró Canciller. Para este 2026 entiendo que se harán muchas más cosas porque el documental merece la pena que tenga más repercusión y que se vea en más sitios fuera de Madrid.

M.S: Para terminar, ¿Te gustaría mandar un mensaje a la gente para que vea el documental?

V.M: Os animo que visionéis el documental de Canciller tanto a aquellos que estuvisteis, como a los que no y veíais a los heavy’s como algo peligroso y desconocido. Y también animo a hacer un ejercicio que he hecho yo con mi sobrino porque no tengo hijos, que es ir a verlo en familia… con hijos o incluso nietos. Para que descubran que sus padres y abuelos también fueron jóvenes, tuvieron pelo, bailaban, salían y se lo pasaban muy bien. Es un documental que conecta con todo el que lo ve sea heavy o no.

M.S: Gracias Vicente por tu tiempo y os seguimos la pista.

V.M: Gracias a vosotros,  y como digo cualquier novedad la podéis consultar en la página de Facebook.

Susana Manzanares / David Aresté
Fotos rodaje: Cris Mayo

 

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