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Fleshgod Apocalypse: Labyrinth // Nuclear Blast

Los deathmetaleros italianos más conocidos, Fleshgod Apocalypse, llegan con su tercer disco de larga duración, Labyrinth, un continuum en su sonido en el que, además del brutal death metal, que conquistó a muchos en su primer álbum, incorporó elementos sinfónicos en Agony y que en este LP se mantienen y acentúan. Un álbum que no termina de convencer pero que aúna lo principal de su sonido.
Paris Gonzalez
Nota:7/10  

Hace dos años los transalpinos Fleshgod Apolalypse dieron un golpe encima de la mesa con su magistral Agony: una mezcla de death metal técnico, bruto y sinfónico que gustó a amantes del death más clásico, del brutal/técnico y acercó el género a amantes de estilos mucho más alejados como el deathcore o el metalcore. Uno de los mejores discos que he escuchado nunca, tanto a nivel compositivo, como de orquestación, así como una certera producción.

Por ello, en este 2013, uno de los discos que con más ansia esperaba la comunidad metalera era Labyrinth. El tema de adelanto, “Elegy”, deparaba pocas cosas buenas cuando lo estrenaron. Un tema que, en un principio, no me enganchó.

El disco en general no ha gustado demasiado a los fieles seguidores de los italianos que vieron cómo un disco que hubiera podido servir de catapulta hacia el hall of fame del metal mundial a la banda se podía quedar en un intento por conseguirlo. Y así ha sido.

Como ya vimos en Agony, el elemento primordial (además del death metal, claro está) de la música de los italianos es la orquesta, el elemento sinfónico. En este aspecto, han incluido la voz de la soprano Veronica Bordacchini, que aunque ya participó en el disco precedente poniendo voz en algún tema puntual, ahora ha intensificado su presencia en el grupo. Pese a que conforme un sonido cerrado y uniforme , lo sinfónico ha terminado por “comerse” al resto de instrumentos, que apenas se hacen notar a lo largo del disco.

Caso aparte es la batería de Francesco Paoli que ha dejado claro porque es, a día de hoy, uno de los mejores baterías del mundo. Sus blast beats interminables, redobles imposibles y golpes al doble bombo inimaginables lo demuestran. Otro elemento a destacar es la actuación de Tommaso Riccardi, el guitarrista y vocalista principal de la banda desde 2009. Con él como frontman, la banda ha adquirido una calidad que no tuvo en el primer dísco, lo que comenzó a apuntarse en el magnífico EP, Mafia y que quedó demostrado en Agony. Ahora su papel queda un poco tapado por la orquestación pero sigue siendo fundamental para entender el álbum.

Álbum que comienza con “Kingborn”, tema que se inicia con unos andares cada vez más rápidos que dan paso a unos riffs entrecortados bestiales y uno de los cortes en los que la voz de Bordacchini suena más acertada, en especial en el estribillo. “Minotaur (Wrath of Poseidon”) llega con un tempo algo más relajado aunque pronto nos da la primera bofetada en forma de doble bombo de parte de Paoli. Poco a poco, aunque a un ritmo más calmado que otros cortes, se va abriendo camino.

“Elegy” había sido el primer tema de adelanto del nuevo disco y, pese a la primera decepción, según van sucediéndose las escuchas, la canción mejora. Muy del estilo de los italianos con esos blastbeats que parecen interminables y unos violines fieros como ellos solos. Otro de los cortes “lentos” es “Towards the sun”, aunque en su segunda parte, mucho más rápida y con ciertos giros en las guitarras, lo convierten en uno de los mejores del disco. El final, con el piano en solitario, da paso a “Warpledge”, otra de esas canciones vertiginosas de los italianos, en la que Bordacchini vuelve a tomar especial protagonismo.

“Pathfinder” se muestra algo más técnica, mientras que “The fall of Asterion” sigue el patrón de otros temas. Es aquí y ahora cuando el disco comienza a hacerse un tanto pesado, previsible e, incluso, repetitivo, otro de los elementos negativos del álbum. Y es que parece que esto mismo ya lo has escuchado al principio del CD.

Pero, entonces, llega “Prologue”, en el que unas bonitas notas con las guitarras acústicas nos dan un pequeño parón en el vendaval deathmetálico y nos sirven en bandeja de plata “Epilogue”, con un tempo relajado y la voz de Bordacchini en plan estelar. Una canción con un algo triste, melancólico, que resulta ser uno de los temas más carismáticos del disco.

Unos redobles con tinte militar nos indican el inicio de “Under black sails”, que vuelve al estilo más técnico de la banda. El tema final, “Labyrinth”, con el piano como único protagonista hasta casi el final cuando la soprano se hace hueco entre la orquestación, sirve de buen colofón para un álbum del que se esperaba más, mucho más, pero que, aún así, da para un buen rato de buena música.

En resumen, un disco bueno pero muy mejorable. Los había que esperaban una obra maestra, aunque quizá lo que querían era un Agony 2. Lo peor es el exceso de orquestación en detrimento de los instrumentos tradicionales, principalmente la guitarra, porque de que se perciban las baterías ya se encarga el señor Francesco Paoli. Algún tema menos hubiera sido ideal para que no resulte tan pesado este “Labyrinth” que, pese a todo, no es un mal disco.

Tracklist:

  1. Kingborn

  2. Minotaur (Wrath of Poseidon

  3. Elegy

  4. Towards the sun

  5. Warpledge

  6. Pathfinder

  7. The fall of Asterion

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