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Cuando Eddie cruzó el multiverso: metal y Magic, una unión inevitable

Cuando Eddie cruzó el multiverso: metal y Magic, una unión inevitable

Durante mucho tiempo, Magic: The Gathering convivió con el metal sin tocarlo directamente, como dos mundos paralelos que compartían el mismo imaginario.

Por un lado, portadas llenas de demonios, guerreros y paisajes apocalípticos. Por otro, cartas con dragones ancestrales, necromantes y planos enteros consumidos por la corrupción. La conexión era evidente, pero no oficial.

Hasta que dejó de serlo.

El punto de inflexión llegó cuando Iron Maiden entró en escena. No como inspiración, sino como presencia real. Su primer Secret Lair en 2022 parecía casi inevitable: pocas bandas habían construido un imaginario tan cercano al de Magic como Maiden. Eddie, su mascota, llevaba décadas caminando entre lo macabro y lo fantástico, como si siempre hubiera pertenecido a una colección de cartas.

Pero lo realmente interesante ocurrió después.

En 2025, con Eddie Unchained, Eddie dejó de ser un guiño visual para convertirse en algo más inquietante: una entidad dentro del propio sistema del juego. Ya no era solo arte alternativo. Era reinterpretación. Era invasión. Cartas existentes adquirían nuevas identidades bajo su figura, como si el multiverso hubiera sido reescrito desde dentro por un icono del metal.

Y, sin embargo, reducir esta relación a colaboraciones oficiales sería quedarse corto.

Mucho antes de que Eddie invadiera el multiverso, Magic ya había empezado a hablar directamente con el metal, aunque de forma más sutil. Uno de los momentos más claros fue el lanzamiento de Kaldheim, un plano construido sobre mitología nórdica, hielo, dioses y guerra eterna. Era, en esencia, un álbum de metal convertido en set.

Durante esa etapa, Wizards no solo adoptó la estética: la abrazó activamente, contando con bandas como Mastodon, Torche,  Angra o Amon Amarth para revelar cartas del set. No eran cartas “de la banda” en sí, pero sí un reconocimiento claro de que ese imaginario musical y el del juego estaban hablando el mismo idioma.

Algo parecido ocurre en el plano artístico. Cuando ilustradores como Mark Riddick, conocido por su trabajo en portadas de death metal, entran en Magic, no se percibe como una colaboración externa, sino como una evolución lógica. El juego no adopta el metal: revela que siempre lo ha contenido.

La influencia, además, tampoco es unidireccional. Mientras Magic absorbe esa estética, el metal devuelve el gesto. Bandas como Planeswalker construyen su identidad directamente a partir del lore del juego, como si los planes, dragones y entidades cósmicas fueran parte de una mitología contemporánea compartida.

Y ahí es donde todo encaja.

Porque ni Magic ni el metal son solo productos. Son lenguajes. Formas de contar historias donde lo grandioso, lo oscuro y lo imposible no solo tienen cabida, sino que son el centro.

Por eso, cuando Eddie cruza el multiverso, no se siente como un crossover forzado. Se siente como algo que llevaba años gestándose.

Como si, en el fondo, siempre hubiera estado ahí.

Esperando su turno.

David Aresté

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