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Iron Maiden, imperiales en Cartagena con su Run For Your Lives

Iron Maiden, imperiales en Cartagena con su Run For Your Lives

Iron Maiden se presentaban como cabezas de cartel en la segunda jornada del Rock Imperium 2026 como principal atractivo. Un festival que da una vuelta de tuerca más en su crecimiento, poniendo el broche de oro con una de las bandas top dentro del género musical metalero.

Texto: Toni Marchante
Fotos (concierto Sweden Rock 2026): David Aresté

Felicitar una vez más a Madness Live, que edición tras edición va perfeccionando este su gran festival. Rock Imperium, sin duda, se ha convertido en un lugar de peregrinación para los amantes del metal. Pese a lo “encajonado” del recinto, hay muchos aspectos que lo hacen atractivo: esa pista de hierba en cuesta que permite la visibilidad del escenario desde casi cualquier sitio, la limpieza tanto del recinto como de los baños, los bares distribuidos por todo el recinto, las zonas de comida, el stand de merchandising (quizá un aspecto a mejorar por sus perpetuas y largas colas), el stand de firmas o un segundo escenario en la parte superior. Un festival estudiado para sacar el máximo provecho al evento en beneficio del espectador.

La apuesta de Madness Live este año era bastante ambiciosa al conseguir traer a Iron Maiden a un festival de capacidad inferior a los grandes eventos donde suelen actuar. Todo un desafío poder recibir a los británicos con su gira Run For Your Lives, en plena celebración de su 50.º aniversario, adaptando el escenario a las necesidades de la banda y trasladándolo desde Alemania para conseguir convocar a una enorme legión metalera dispuesta a disfrutar de un espectáculo de primer nivel.

En una tarde calurosa, propia de las fechas en las que nos encontramos, cerca de 20.000 personas nos dimos cita en el recinto para disfrutar de las actuaciones previas antes de que, alrededor de las 21:00 horas, comenzara el gran espectáculo. El clásico “Doctor Doctor” de U.F.O., utilizado como introducción, ya puso en pie a un público que cantó y coreó con entusiasmo, intuyendo perfectamente lo que estaba a punto de suceder.

La actuación arrancó con un vídeo introductorio acompañado por “The Ides Of March”, repasando algunos de los lugares más emblemáticos de la historia de la banda. A continuación sonaron los primeros acordes de “Murders In The Rue Morgue”, mientras Simon Dawson aparecía tras la batería tomando posiciones para, con un redoble de caja, dar el pistoletazo de salida a una noche inolvidable. La banda irrumpió en escena con total contundencia, atacando este clásico con un Bruce Dickinson especialmente dinámico. Sin apenas respiro llegaron “Wrathchild” y “Killers”, con la aparición del gigantesco Eddie caracterizado como el asesino del segundo álbum, deambulando por el escenario mientras amenazaba a los músicos. Tras ello, Bruce presentó “Phantom Of The Opera”, culminando de forma magistral el bloque dedicado a los dos primeros discos del grupo.

La introducción de “The Number Of The Beast” provocó una nueva ovación de un público entregado que cantó absolutamente todas las canciones del repertorio. Entre llamaradas y proyecciones inspiradas en el cine de terror clásico, el himno volvió a emocionar. Todo transcurría con absoluta excelencia, aunque todavía quedaba demasiada luz natural para que la iluminación mostrara todo su potencial. Precisamente Bruce aprovechó ese momento para dirigirse por primera vez al público y anunciar que la noche comenzaba a caer, invitándonos a entrar en los sueños infinitos con “Infinite Dreams”, única variación respecto al repertorio interpretado durante la gira del año anterior y una incorporación tan inesperada como acertada.

El siguiente viaje nos trasladó al antiguo Egipto con “Powerslave”, presidida por la enorme pirámide y la esfinge de Eddie. Bruce volvió a desplegar toda su faceta teatral, algo que repetiría posteriormente en “Rime Of The Ancient Mariner”, “Hallowed Be Thy Name”, “The Trooper” o “Fear Of The Dark”. Con su característica máscara emplumada estuvo sobresaliente tanto vocal como escénicamente, mientras el resto de la banda cumplía con la solvencia habitual. Como curiosidad, respecto a la gira del año anterior desaparecieron algunas de las animaciones digitales de Eddie que se proyectaban entre determinadas canciones.

Uno de los grandes clásicos, “2 Minutes To Midnight”, volvió a demostrar el dinamismo sobre las tablas. Dave Murray y Adrian Smith continúan siendo guitarristas sobrios y muy estáticos, mientras Janick Gers aporta toda la energía escénica acompañado por un incansable Steve Harris. Son los mismos movimientos de siempre, las mismas carreras y poses que llevamos viendo durante décadas, pero precisamente eso forma parte de la esencia de Iron Maiden. Con músicos que ya se mueven entre los sesenta y los setenta años resulta admirable comprobar cómo siguen transmitiendo la sensación de ser prácticamente inmortales.

Bruce apareció entonces con una cantimplora en la mano preguntando al público qué contenía para responder él mismo: “¡Jodida agua!”. Era la divertida introducción antes de presentar “Rime Of The Ancient Mariner”, posiblemente el momento más sobresaliente de toda la noche. La forma en la que Iron Maiden lleva al escenario el poema de Samuel Taylor Coleridge resulta absolutamente emocionante. La combinación entre la narración, las imágenes proyectadas y el desarrollo musical convierten esta interpretación en una auténtica obra maestra del directo.

Con el recinto de El Batel completamente abarrotado y el ambiente absolutamente encendido llegó “Run To The Hills”, coreada por prácticamente las 20.000 personas presentes. El tono épico continuó con “Seventh Son Of A Seventh Son”, donde Bruce volvió a demostrar un estado vocal extraordinario sosteniendo notas con una facilidad admirable. “The Trooper” elevó nuevamente la adrenalina con otra aparición del gigantesco Eddie recorriendo el escenario, mientras que “Hallowed Be Thy Name” dejó una de las interpretaciones más intensas tanto a nivel teatral como vocal de toda la actuación. El repertorio principal concluyó con la imprescindible “Iron Maiden”, rematada por una espectacular aparición final de Eddie desafiando al público.

Para los bises comenzaron a escucharse los motores de los aviones de combate antes del histórico discurso de Winston Churchill que da paso a “Aces High”. En las pantallas, Eddie combatía en los cielos mientras la banda firmaba otro de los grandes momentos del concierto. Quedaba todavía “Fear Of The Dark”, posiblemente uno de los instantes más participativos de cualquier actuación de Iron Maiden, con miles de gargantas coreando su inolvidable melodía. El broche definitivo llegó con “Wasted Years” del Somewhere in Time, cerrando una noche sobresaliente donde absolutamente todo funcionó a la perfección.

Vi por primera vez a Iron Maiden en el Monsters Of Rock de 1988 y desde entonces han sido innumerables las ocasiones en las que he disfrutado de sus conciertos. Sin embargo, esta actuación figura, sin duda, entre las mejores que les he visto jamás.

Rock Imperium cerró una edición que será recordada durante muchos años, no solo por la presencia de Iron Maiden, sino por el extraordinario nivel de todas las bandas participantes. Comparando esta experiencia con la vivida un año antes en el estadio Metropolitano de Madrid, el concierto de Cartagena resultó claramente superior tanto por el sonido como por la cercanía con la banda y por la espectacularidad de unas nuevas proyecciones digitales que Iron Maiden ha incorporado a la gira Run For Your Lives. Después de cincuenta años de historia siguen demostrando, una noche más, por qué continúan siendo uno de los grandes referentes del heavy metal mundial.

Texto: Toni Marchante
Fotos (concierto Sweden Rock 2026): David Aresté

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