En el Día del Libro, pocos discos encajan mejor que Kickback City, una obra donde Rory Gallagher convirtió el blues-rock en una colección de historias de detectives, perdedores y calles húmedas.
David Aresté
Kickback City es uno de los trabajos más peculiares y originales de Rory Gallagher. Publicado en 1987, no se trata de un álbum de estudio convencional, sino de una compilación conceptual construida alrededor de la estética de la novela negra. Más que contar una historia única, el disco propone un universo de calles húmedas, detectives agotados, delincuentes de poca monta, espías, prestamistas y perdedores; una colección de escenas y personajes unidos por un mismo clima sombrío y urbano.
Desde la primera escucha queda claro que el gran protagonista aquí es la atmósfera. “Kickback City”, el tema que da nombre al disco, abre la puerta a ese mundo con un riff seco, un ritmo arrastrado y una sensación de tensión permanente. Gallagher no busca impresionar con exhibiciones técnicas, sino construir imágenes con la guitarra. Su sonido es áspero, directo y cinematográfico, como si cada nota acompañara una escena iluminada por farolas en una noche lluviosa.
Uno de los puntos más interesantes del disco es cómo Gallagher consigue dar unidad a canciones que originalmente pertenecen a distintos momentos de su carrera. Bajo este concepto noir, temas como “Bad Penny” adquieren un aire fatalista, casi de destino inevitable, mientras que “Philby” encaja perfectamente con el tono paranoico del espionaje y la traición. En esta última, el groove hipnótico y la interpretación vocal transmiten una inquietud constante, como si alguien estuviera siendo vigilado en todo momento.
Rory Gallagher – Continental Op
“Continental Op” es probablemente una de las piezas más representativas del espíritu del álbum. Inspirada directamente en el detective creado por Dashiell Hammett, combina un ritmo nervioso con una guitarra afilada y una interpretación cargada de urgencia. Es un homenaje claro al hard-boiled clásico, tanto en la letra como en la música. Algo similar ocurre con “Loanshark Blues”, donde el blues pesado y arrastrado dibuja un pequeño relato de crimen callejero y desesperación económica.
Musicalmente, el disco mantiene la esencia del blues-rock de Gallagher, pero aquí se inclina hacia sus facetas más oscuras. La producción es sobria, sin adornos innecesarios, dejando espacio para que la guitarra, la voz y la sección rítmica construyan el ambiente. No es un álbum explosivo ni especialmente virtuoso en comparación con otros discos de Rory; aquí importa más la narración, el tono y la cohesión emocional que el lucimiento instrumental.
Quizá por eso no suele aparecer entre sus discos más populares, pero sí entre los más singulares. Tiene algo casi literario: se escucha como una banda sonora de relatos que nunca terminan de mostrarse del todo, dejando que el oyente complete las imágenes. Es un disco de texturas, de climas, de personajes insinuados más que explicados.
El legado de Rory Gallagher sigue más vivo que nunca: artistas como Joe Bonamassa le siguen rindiendo homenaje, como demuestra su reciente directo The Spirit Of Rory: Live From Cork, antes de su próxima gira por España en noviembre.
En conjunto, Kickback City muestra a Rory Gallagher en una faceta distinta: menos centrado en el guitarrista incendiario y más en el narrador, en el creador de ambientes y en el amante del cine negro y la literatura pulp. No es la mejor puerta de entrada para descubrirlo, pero para quien ya conoce su obra, es un álbum con mucha personalidad, muy coherente y con un encanto oscuro que lo hace único dentro de su discografía.
David Aresté
