Con su nuevo trabajo Milk Chicken, MFC Chicken vuelve a demostrar que el rock’n’roll más sucio, bailable y desvergonzado sigue vivo y coleando, y que no necesita pulirse para seguir siendo una fiesta de principio a fin. Esta banda londinense, fiel a sus raíces garage y rhythm & blues, entrega aquí 14 temas que suenan como una noche de juerga interminable en un bar de carretera, con olor a gasolina, pollo frito y cerveza caliente. El álbum arranca con el potente “(Ain’t Nobody) Meaner Than My Baby”, un tema que golpea con energía cruda, riffs retro y saxofón salvaje, marcando el tono festivo y descontrolado que define todo el disco.
En “Who-Ba-Dee-How”, la banda juega con el lenguaje y el ritmo como si se tratara de un número de vodevil sacado de una película en technicolor, mientras que “Bear-Sized Skeeters” ofrece una historia delirante y pegajosa sobre mosquitos gigantes, con una base musical que bien podría haber salido de una emisora AM de los años 60. La irreverencia de MFC Chicken queda clara en “Trying Hard To Give A Shit”, un título que ya anticipa el descaro de la letra y el tono punk-garajero de la canción. Aquí no hay espacio para sutilezas ni para pretensiones: solo actitud, humor y ritmo.
MFC Chicken – Who-Ba-Dee-How
“Ain’t No Fun” refuerza la propuesta con una estructura clásica y una melodía infecciosa que invita a mover los pies, como si los Sonics hubiesen sido criados en un KFC. Le sigue “Chicken Is The Answer”, una de las canciones más características del disco, donde el humor absurdo se cruza con un groove irresistible, en una especie de manifiesto avícola que solo MFC Chicken podría firmar. La banda no se toma nada en serio, y eso es precisamente lo que los hace tan auténticos. En “Bargain Bucket” y “Milk Chicken”, el espíritu surf y garage más primitivo se apodera de las guitarras, mientras el saxofón ruge como si estuviera a punto de explotar. La canción homónima del disco, “Milk Chicken”, es un ejercicio de groove instrumental que podría funcionar como tema central de una sitcom psicodélica jamás emitida.
“Jackpot” recupera el espíritu del rock de casino barato, y “What A Life” ofrece un pequeño respiro melódico, aunque sin perder el tono burlón que atraviesa todo el álbum. “You Spook Me, Baby” se convierte en uno de los temas más teatrales, casi de cabaret infernal, mientras que “I’m Toast” regresa al caos punk con una rapidez y contundencia demoledora. En el penúltimo corte, “Chicken Dog”, MFC Chicken lanza un nuevo delirio sonoro, mitad surf, mitad funk con tintes hillbilly, que recuerda por qué son una banda única en su especie. Finalmente, “Take Me Out Back & Shoot Me” baja el telón con un blues melancólico y ácido, cargado de ironía y nihilismo, como si la banda decidiera cerrar la fiesta con una nota de desesperación fingida, un guiño cómico a la fatalidad que tanto han caricaturizado.
MFC Chicken – Milk Chickn
La producción del disco, fiel al estilo lo-fi que los caracteriza, captura la esencia de una banda que suena mejor cuanto más en crudo se la presenta. Nada aquí está sobreproducido: todo suena directo, grasiento, como grabado en una sola toma entre risas y cervezas. Milk Chicken no pretende reinventar la rueda, pero rueda con tanta fuerza y diversión que es imposible no dejarse arrastrar por su inercia festiva.
Y por si fuera poco, MFC Chicken ha anunciado una extensa gira por España durante el mes de julio, donde llevarán este nuevo repertorio a salas y festivales a lo largo y ancho del país. No hay duda de que estos temas ganarán aún más fuerza sobre el escenario, donde la banda realmente brilla: sudor, saxos desaforados y un espíritu de juerga permanente que encaja perfectamente con la calidez del verano ibérico.
Milk Chicken es, en definitiva, un disco que no pide permiso, no pide disculpas y no deja de moverse. MFC Chicken lo ha vuelto a hacer: han cocinado un plato sucio, sabroso y completamente irresistible.
David Aresté
