El estreno del biopic de Michael Jackson ha vuelto a poner el foco en una de las figuras más influyentes de la historia de la música, pasando en recaudación a Elvis, pero sin pasar a Bohemian Rhapsody de Queen. Más allá de la narrativa habitual sobre su vida y su legado, la película también sirve para recordar un elemento clave —y a menudo infravalorado— dentro de su sonido: la guitarra.
Porque si algo hizo Michael Jackson a lo largo de su carrera fue integrar el lenguaje del rock dentro del pop masivo, apoyándose en algunos de los guitarristas más reconocibles de cada época.
“Beat It” y el punto de inflexión
Todo cambió en 1982 con Thriller. En un disco dominado por el funk y el pop, “Beat It” introdujo una energía distinta, marcada por la presencia de Eddie Van Halen, cuyo solo se convirtió en uno de los más reconocibles de la historia.
No fue solo una colaboración puntual: fue una declaración de intenciones. La guitarra eléctrica podía convivir con el pop… y elevarlo.
De “Bad” a los 90: el rock entra en escena
A partir de ahí, la guitarra se convirtió en un elemento recurrente dentro de su discografía.
En Bad (1987), temas como “Dirty Diana” ya mostraban una clara orientación rock, mientras que en los 90 esa influencia se consolidó definitivamente.
Canciones como “Black or White” o “Give In to Me” contaron con la participación de Slash, aportando un sonido más crudo y directo que contrastaba con la producción habitual del pop de la época.
La guitarra en directo: espectáculo y precisión
Más allá del estudio, la guitarra tuvo un papel fundamental en los directos de Michael Jackson.
Durante años, Jennifer Batten fue una de las piezas clave de sus giras, combinando técnica, presencia escénica y una ejecución milimétrica que encajaba perfectamente en el espectáculo.
Ya en su última etapa, el papel recayó en Orianthi, quien formaba parte del proyecto This Is It, aportando un enfoque más moderno pero manteniendo ese equilibrio entre virtuosismo y espectáculo.
El biopic y una lectura desde la música
El nuevo biopic permite redescubrir esta faceta desde otra perspectiva. Más allá de la historia personal, la película funciona también como recordatorio de cómo Michael Jackson entendía la música: como un espacio donde estilos distintos podían convivir sin perder identidad.
En ese sentido, la presencia de la guitarra no fue anecdótica, sino parte de una visión más amplia en la que el pop podía dialogar con el rock de tú a tú.
Un legado que va más allá del pop
Hablar de Michael Jackson es hablar de pop, sí. Pero también es hablar de cómo ese pop se construyó absorbiendo influencias, rompiendo barreras y apoyándose en músicos capaces de aportar algo más que acompañamiento.
La guitarra fue una de esas piezas.
Y quizá por eso, décadas después, sigue sonando igual de relevante.
David Aresté
