Estoy bastante segura de que Ozzy Osbourne es la estrella del rock con la que más me he reído en toda mi vida. Sé que es una elección de palabras curiosa para empezar a hablar del Príncipe de las Tinieblas y su banda, pero creo que mucha gente tiene una experiencia parecida a la mía. Cuando pienso en Ozzy, mi cabeza recibe, además de canciones y flashbacks de la adolescencia, recuerdos de su reality show familiar (el capítulo en el que cree que tiene alucinaciones porque ve a un surfero paseando por su mansión, todo para luego descubrir que es un colega que el hijo ha colado en casa sin avisar, me parece historia de la televisión) o de sus anécdotas, como la del absolutamente ridículo intento (perdón, intentos, todos ellos lamentables) de robo en una tienda durante sus años mozos. Ya fuera de las risas, las interacciones con murciélagos y toda esa parafernalia que rodeaba al bueno de Ozzy (que en paz descanse, por cierto), por encima de todo, está Black Sabbath y la visión que llevó a la banda a ser unos pioneros que dieron forma al sonido del metal y unas leyendas indiscutibles en el mundo de la música.
Borja Figuerola y El Toreh se ocupan, respectivamente, del texto e ilustraciones de esta novela gráfica publicada dentro del sello Ma non troppo de Redbook Ediciones. Como siempre en esta colección de novelas gráficas del rock, nos encontramos con un entrañable relato musical narrado en formato cómic: acusaciones de satanismo, drogas, estafas, guerras de egos, más drogas porque quizás las de antes no eran suficientes y ante la duda hay que asegurarse, peleas, todo eso que esperarías de Black Sabbath. Ofrece contexto histórico e información real sobre el grupo, con un buen repaso al célebre anecdotario de la banda. Aviso, también hay espacio para episodios realmente emocionales. El arte en blanco y negro encaja perfectamente con el espíritu de la historia, con un trazo realmente expresivo y sin perder realismo.
“Entre rumores y riffs nació su estética. ¿La filosofía? Fácil: tocar más fuerte y mejor”
Esta pintoresca aventura tiene sus raíces en la oscuridad del Birmingham de los años sesenta, con una población todavía afectada y en reconstrucción tras los estragos de una guerra devastadora, un verdadero pozo de desilusión con pocas salidas para las nuevas generaciones: “la fábrica, la cárcel o el local de ensayo”. Por supuesto, hay un recorrido cronológico por todos los momentos míticos de la banda en su camino al éxito global (gracias por incluir el cuestionable talento para los robos del jovencito Ozzy) y destacaría la forma en la que los autores arrancan la historia con el accidente de Tony Iommi, que casi le impide dedicarse a la música. Ese episodio, que sirve también para mostrar el contexto sociocultural de la zona, solamente puede definirse así: impecable.
Sería injusto no reconocer que, a pesar de que el grupo estaba formado en su origen por Tony Iommi, Ozzy Osbourne, Geezer Butler y Bill Ward, son esos dos primeros nombres los que reciben más atención de los focos, sin olvidar otras apariciones estelares (y esperables, si conoces de antemano el recorrido del grupo) como la del genial Dio. Entre los entresijos de la industria me parece especialmente gracioso ver cierto aspecto de la misma que se critica tanto hoy en día, el “producir continuamente material nuevo, que más que canciones son churros”, asomando la patita aquí en una de las páginas: cuando vemos a una discográfica presionando para sacar un nuevo disco en un margen de apenas tres meses. Y estamos hablando de los años setenta, algo ha llovido.
Honestamente, es la novela gráfica del rock que más he disfrutado hasta la fecha. El ritmo narrativo, el humor, el apartado artístico. La lectura en este formato es súper dinámica y muy accesible. Mi única pega es que culmina en un punto que podría utilizarse para crear un final redondo… y, en mi humilde opinión, no lo consigue del todo: la puerta está demasiado abierta, con una conclusión que se podría pulir un poco. Quitando ese matiz, me parece, más que nunca, una opción perfecta para seguidores y también para quienes conocen la música del grupo sin mucha profundidad. Este gran homenaje a los pioneros del heavy metal sería adecuado en cualquier momento pero, contando con el marco de la reciente pérdida de Ozzy, resulta todavía más relevante.
Marta Montero
