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Richie Kotzen demuestra su poderío una vez más en Barcelona

Richie Kotzen demuestra su poderío una vez más en Barcelona

Richie Kotzen + Susan Santos – 17 de junio 2024 – Sala Salamandra (L’Hospitalet de Llobregat)

Esta vez fue con algo de retraso (sí, todavía colean las consecuencias del COVID, amigos), pero Richie Kotzen no faltó a su cita con Barcelona para presentar su último disco hasta la fecha, «50 for 50» (2020) si no contamos el maravilloso experimento que editó en 2021 junto a Adrian Smith. Kotzen volvía a pisar Salamandra una cálida noche de junio en la que si no se agotaron las entradas, poco le faltó, pues el ambientazo que había en la sala era el de las grandes ocasiones. Y no es para menos.

Abrió la velada la blueswoman patria Susan Santos. Guitar hero autodidacta y practicante del estilo que lo empezó todo, Santos y su banda vinieron a presentar su último disco, «Sonora» (2024), aunque esta vez en un formato lógicamente reducido comparado con el señor bolo que ofreció hace pocos meses en la Sala Upload de Barcelona. En la media horita que la banda estuvo en el escenario pudimos disfrutar, por supuesto, de auténticos torpedos de blues como «Snakebite» o «What I Want» y que se combinaban con acierto con temas de un calado quizá más rock como «So Long».

Con un sonido potente, el trío muestra solvencia y buen hacer y el público responde. A pesar de contar con espacio limitado en el escenario, Santos intenta aprovechar cada palmo para estar cerca del público y no para quieta (el bajista David Salvador tuvo que esquivarla en un par de ocasiones jaja), pues sabe que la gente que ha venido a ver a Kotzen no iría tan desencaminado con ella y el estilo de música que practica. Un muy buen concierto de blues-rock, cortito y al pie, para amenizar la espera para ver al crack de Pensilvania.

Arropado por dos músicos de calibre contrastadísimo – el bajista Dylan Wilson y el batería Kyle Hughes – Kotzen saltó al escenario de Salamandra sin florituras. El tipo es parco en palabras, en gestos y en casi todo… excepto con la guitarra. El instrumento habla por él, y que me aspen si el bueno de Kotzen no volvió a darnos una lección de cómo se manejan las seis cuerdas. Empezó la noche con «Losing my Mind» y «War Paint» y la banda ya nos tenía ganados. Con un sonido monolítico, potente y limpio en el que destacaba por encima de todo, como es lógico, la guitarra de Kotzen, la noche prometía ser más que interesante.

Y así fue. Uno no puede ver cada día a una bestia de la guitarra como Kotzen hipnotizar a una sala llena hasta arriba. El dominio que tiene de la guitarra es de otro mundo, ya no por tocar mejor o más rápido que otros guitarristas, sino por el control de la dinámica que tiene. Toca con los dedos, y solamente con el control del volumen del instrumento y sus propias manos puede hacer que el concierto baje de intensidad de manera dramática o que explote en un alarde de rock and roll de los buenos.

Ahí están temas como «Remember», «Dogs» o «Doin’ What the Devil Says to Do» en los que la banda nos regala unas jams sessions que suben, bajan y vuelven a subir y el respetable no puede hacer nada más que no sea prestar atención y entregarse al ritual. Por supuesto, también cayeron temas esperados como «Bad Situation», «Fooled Again» o «Go Faster» además de una versión inesperada de Jeff Beck de la versión de The Yardbirds con «Shapes of Things» o el tema con el que cerró el bolo, el último single «Cheap Shots». Una pena que no pudiéramos disfrutar de «You Can’t Save Me» esta vez, pero al bueno de Kotzen ya no se le veía por la labor.

De nuevo pudimos asistir a una sesión magistral de hard rock, blues y soul metidos en la coctelera de Kotzen que, por si fuera poco, sigue en estado de gracia a nivel vocal y nos regala momentos que ponen la carne de gallina. Lo dicho: un músico de otra generación y especie de los que cada vez quedan menos. Hace poco más de una semana pudimos disfrutar de Winger en Madrid y la sensación es parecida: que son gente hechos de otra pasta, con un ADN que parece que se está perdiendo. Es por ello por lo que es casi una obligación moral disfrutar de ellos mientras podamos. Lo que tengo claro es que allí estaré cuando Kotzen se acerque por aquí. No solo no decepciona, si no que te hace sentir mejor persona cuando cruzas la puerta de la sala y sales a la calle. Y quién sabe, quizá le veremos sonreír la próxima vez 🙂

Texto y fotos: Edko Fuzz

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