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Rock Imperium 2025: Una Clausura Brutal Entre Furia, Técnica y Oscuridad

Rock Imperium 2025: Una Clausura Brutal Entre Furia, Técnica y Oscuridad

Rock Imperium – 29 de Junio 2025 – Parque El Batel – Cartagena (Murcia)

El último día del Rock Imperium 2025 comenzaba con los murcianos Acrónica, una banda nacida en 2018 que ha sabido combinar la brutalidad del Death Metal con matices de Hardcore y Death melódico, construyendo una identidad propia dentro de la escena underground del sureste español. Aunque el público iba llegando poco a poco, la formación salió decidida a dejar huella con un arranque demoledor: “Claustro de inocencia” y “Sobredosis de placer” marcaron el tono de un set cargado de rabia, técnica y una energía que contagió a los primeros asistentes que se acercaban al escenario.

Con un sonido sólido y bien equilibrado, Acrónica ofreció una actuación sin fisuras, repasando su trayectoria con temas como “Nada nuevo” y “Libelos de sangre”, y dejando claro que su propuesta va más allá de lo genérico. Canciones como “Negociando muerte” y “Llantos silenciados” destacaron por su intensidad emocional y agresividad cruda, mientras que “A las puertas” y “Decadencia caníbal” cerraron el concierto dejando al público pidiendo más. Con su primer LP en camino, Acrónica demuestra que está lista para dar el salto definitivo en el panorama del metal nacional.

Tras el potente arranque matutino con Acrónica, el testigo lo recogía Lampr3a, llevando el escenario a un terreno aún más técnico y desafiante. El trío vasco que trajo uno de los despliegues de virtuosismo más extremos del Rock Imperium 2025. Sin espacio para la melodía convencional ni estructuras previsibles, su directo fue una tormenta de riffs imposibles, cambios de ritmo vertiginosos y estructuras desconcertantes que dejaron poco margen para la asimilación. Desde “Magla” hasta la demoledora “ESnES”, repasaron parte de su arsenal sonoro con una ejecución impecable que, si bien no conectó con todo el público a esas horas tempranas, sí dejó claro su dominio técnico absoluto.

Con varios singles, un EP y su primer álbum “ESnES” lanzado en 2023, Lampr3a ha sabido ganarse el respeto dentro de la escena progresiva extrema. Su propuesta, compleja y desafiante, no fue la más accesible para los asistentes que aún llegaban al recinto, pero eso no impidió que demostraran ser una banda de altísimo nivel. De hecho, ya están confirmados para el próximo Be Prog! My Friend, un entorno mucho más afín a su estilo, donde sin duda encontrarán un público dispuesto a sumergirse en la intensidad cerebral y técnica que proponen.

Tras la exhibición técnica de Lampr3a, el escenario del Rock Imperium se sumergió en un nuevo tipo de brutalidad con Vendetta FM, que descargaron su groove metal con una intensidad demoledora. Los murcianos regresaban a casa tras una mini-gira europea que los llevó a compartir tablas con Soulfly en Letonia y Estonia, y que culminaría con una última fecha en Rumanía. Con semejante rodaje internacional, no es de extrañar que su directo sea una apisonadora perfectamente engrasada, capaz de levantar polvo incluso bajo el abrasador sol cartagenero.

La banda, que en 2022 editó su EP “Apología del fracaso”, arrancó su set precisamente con ese mismo tema, marcando el tono desde el primer segundo. A lo largo de los ocho cortes interpretados —incluyendo bombas como “Llama inmortal”, “De por vida” o “La ley de la calle”—, el grupo no dio tregua, ofreciendo una actuación donde cada riff, cada breakdown y cada línea vocal de Jacob golpeaban con precisión. El público, aún entrando al recinto, se fue contagiando poco a poco del espíritu combativo de la banda, que firmó una de las descargas más intensas de la jornada.

Temas como “Espíritu de lucha” o “Hombre nuevo” mostraron el compromiso lírico del grupo, que combina crudeza sonora con mensajes de resistencia, clase obrera y hermandad callejera. La banda goza de una proyección internacional envidiable, con giras por Portugal, Polonia, Eslovaquia y América a sus espaldas, y eso se nota en cada gesto sobre el escenario: Vendetta FM no sólo sabe tocar, sabe conectar, y lo hace con la naturalidad de quien ha aprendido a dejarlo todo en cada show.

Con 16 años de carrera y una repercusión que va mucho más allá de nuestras fronteras, sorprende que su posición en el cartel no fuera más destacada. Mientras tanto, sus seguidores esperan un nuevo larga duración que continúe el legado de “V” y “Inocencia Perdida”. Lo visto en Rock Imperium no deja lugar a dudas: Vendetta FM está más viva que nunca.

A medida que el sol avanzaba en el cielo de Cartagena, el ambiente se caldeaba aún más con la llegada de Municipal Waste, dispuestos a desatar el caos con su thrash desbocado con una misión clara: convertir el recinto en un hervidero de thrash. Con casi 25 años de trayectoria a sus espaldas, los de Richmond demostraron que la fórmula sigue funcionando a la perfección cuando se ejecuta con actitud, velocidad y sin preocuparse por las modas.

El arranque con “Garbage Stomp” dejó claro que el show no iba a tener medias tintas. Temas como “Sadistic Magician / Slime and Punishment”, “Grave Dive” y “You’re Cut Off” sirvieron para avivar un pit constante en las primeras filas, mientras los riffs afilados y la batería atronadora desataban el caos entre un público más que dispuesto a dejarse arrastrar. La banda combinó con acierto clásicos de su repertorio con piezas de su más reciente trabajo, Tange & Thrash (2024), como “Restless and Wicked” o “Crank the Heat”, que ya suenan con la autoridad de futuros imprescindibles.

Con Tony Foresta al frente, carismático y entregado, el grupo desplegó un arsenal de poses y gestos que evocaban el espíritu más puro del thrash ochentero. Guitarras al cielo, melenas girando y actitud desafiante: Municipal Waste no solo tocaron con precisión, sino que lo hicieron como si el tiempo se hubiera detenido en la era dorada del género. La secuencia “The Thrashin’ of the Christ / Poison the Preacher” y “High Speed Steel” fue especialmente demoledora, al igual que el tramo final con “The Art of Partying / Demoralizer” y la siempre celebrada “Born to Party”, que cerró el set con una explosión colectiva.

Con una trayectoria sólida, un nuevo álbum que reafirma su relevancia y un directo que no conoce la fatiga, la banda sigue reclamando su sitio en la primera línea del thrash/crossover actual. Si algo quedó claro en Rock Imperium es que el trono del crossover sigue bien defendido, y que mientras haya cerveza, velocidad y actitud, Municipal Waste seguirán siendo imprescindibles.

En el día más extremo del Rock Imperium desde primera hora y después del combo de riffs afilados y velocidad desenfrenada con Death Angel y Municipal Waste, la aparición de D-A-D sobre el escenario fue tan inesperada como refrescante… aunque no necesariamente bien recibida. Los cowpunks daneses salieron desencajados ante un público curtido en el thrash más violento, y les tocó remar contracorriente con su peculiar propuesta de hard rock con aroma vaquero y espíritu gamberro. Aun así, cumplieron con profesionalidad y dejaron destellos de clase en una actuación que, aunque algo fría por parte del público, no escatimó en entrega.

Desde que en la era post-pandemia han limitado su presencia en España exclusivamente a festivales, D-A-D parecía estar de paso una vez más. Pero la banda ya ha confirmado que en 2026 volverá a nuestras salas junto a The 69 Eyes, una cita que probablemente encaje mejor con su perfil escénico y con una audiencia más predispuesta a su discurso. Jesper Binzer, fiel a su estilo, apareció con su inseparable cazadora vaquera, que no se quitó ni un segundo pese al bochorno infernal que caía sobre Cartagena a esas horas. Su voz aguantó el tipo, aunque no logró arrastrar al grueso del público, que seguía procesando la metralla sónica del bloque anterior.

Stig Pedersen, siempre magnético, ofreció su habitual dosis de teatralidad pese a viajar ligero de equipaje: solo dos de sus bajos mutantes hicieron acto de presencia. Sin embargo, como suele ocurrir con él, más allá del instrumento, es su presencia lo que impone. Poses, miradas, coros retorcidos y un carisma que no entiende de temperatura ni de contexto. Por detrás, Laust Sonne firmó una actuación sólida desde la batería, siendo probablemente el motor más constante de la banda durante todo el set, con una pegada firme que sostuvo temas como “Monster Philosophy” o “Everything Glows”.

A pesar del setlist generoso —que incluyó clásicos como “Grow or Pay”, “Reconstrucdead”, “Bad Craziness” y un cierre potente con “Sleeping My Day Away”— la conexión con la audiencia fue escasa. El contraste de estilos jugó en su contra y el ambiente no terminó de cuajar. Aun así, D-A-D ofreció un show digno y fiel a su legado, algo que quizá sea mejor apreciado en un entorno más acorde. Su próxima gira con The 69 Eyes puede ser la oportunidad perfecta para que el público español redescubra, en condiciones más favorables, a una banda que aún tiene mucho que decir sobre los escenarios.

Tras el contraste festivo y luminoso de D-A-D, el Rock Imperium volvió a sumergirse en la oscuridad con la aparición de Soen sobre el escenario. La banda sueca, en pleno auge dentro del circuito español, ofreció uno de los conciertos más elegantes y emotivos de la jornada. La respuesta del público fue una muestra clara de ese crecimiento sostenido: los asistentes no solo aplaudieron, sino que vivieron intensamente cada tema, entregándose a la profundidad emocional y al dramatismo contenido que define su propuesta.

El sonido fue uno de los grandes aliados del grupo. En un set cuidadosamente equilibrado, que combinó temas de su último álbum Memorial con clásicos recientes como “Lotus” o “Antagonist”, la banda ofreció una actuación impecable. Las guitarras envolventes, los teclados atmosféricos y la pegada precisa permitieron que cada matiz se percibiera con nitidez. Temas como “Sincere”, “Unbreakable” o “Violence” mostraron el abanico completo de su identidad: desde la melancolía más serena hasta explosiones controladas de intensidad.

En el centro de todo, Joel Ekelöf fue el hilo conductor emocional. Vestido de negro y con una puesta en escena sobria, supo alternar con maestría la contención expresiva con momentos de interpretación desgarrada. Su voz, a ratos frágil y a ratos imponente, fue el ancla perfecta para una banda que gira en torno a la emoción. Atrás, Martín López, con su inconfundible estilo de batería fluida y precisa, demostró por qué sigue siendo una referencia del metal progresivo europeo.

Con los últimos rayos de sol aún bañando el cielo de Cartagena, Soen logró lo impensable: hacer que la luz pasara a un segundo plano frente a la intensidad sombría de su propuesta. Un show elegante, profundo y milimétricamente ejecutado que reafirma su estatus creciente en nuestro país. Si siguen en esta línea, no cabe duda de que sus próximos pasos —ya sea en salas o grandes festivales— serán seguidos con fervor por una base de seguidores cada vez más sólida en España.

Con el ambiente ya cargado de emoción y expectación, la caída del sol daba paso al regreso triunfal de In Flames, protagonistas de una de las citas más esperadas del festival.
Tras la elegancia progresiva de Soen, la noche del Rock Imperium Festival se sumergía en una tormenta de riffs afilados y estribillos coreables con la esperadísima actuación de In Flames. El combo sueco volvía a España tras tres años de ausencia, y lo hacía con una única fecha en nuestro país este 2025. Una cita exclusiva que sirvió además como la esperada presentación en directo de los temas de Foregone, su último álbum, que no había podido girar por estas tierras desde su publicación.

Lo que ofrecieron Anders Fridén y compañía fue un set directo a la yugular, una selección quirúrgica de himnos para festivales que no dio respiro al público. Arrancaron con la poderosa “Pinball Map”, retrocediendo a su era Clayman, y enseguida enlazaron con “The Great Deceiver” y “Deliver Us”, dejando claro que el paso del tiempo solo ha reforzado su capacidad para combinar brutalidad melódica y contundencia escénica.

Con cortes recientes como “In the Dark”, “Meet Your Maker” o “State of Slow Decay”, el grupo demostró que Foregone no solo está a la altura de su legado, sino que en directo brilla con luz propia. Especial mención para “I Am Above”, que levantó una ovación cerrada y uno de los pogos más intensos de la noche.

El viaje por su discografía incluyó momentos clásicos como “Only for the Weak”, “Trigger”, “Cloud Connected” o “The Quiet Place”, todos recibidos con auténtica devoción por un público que se sabía cada palabra. Pese al paso de los años, estos temas siguen siendo pilares fundamentales de su identidad y razones clave de su influencia en el metal moderno.

El final, como no podía ser de otra manera, llegó por todo lo alto con una dupla insuperable: “Take This Life” y “My Sweet Shadow”, dos descargas de adrenalina que coronaron una actuación redonda, sólida y sin concesiones.

In Flames se mostró en plena forma, con una ejecución precisa, una producción sonora impecable y un frontman que, entre agradecimientos y alguna que otra broma, conectó con la audiencia desde el primer momento. Fue un concierto que no solo confirmó su vigencia, sino que dejó claro por qué siguen siendo uno de los nombres más respetados del death metal melódico europeo.
Cartagena ardió con In Flames. Y lo hizo, merecidamente, ante una audiencia que no dejó de saltar, gritar y entregarse durante una hora y cuarto de pura intensidad escandinava.

Si el Rock Imperium buscaba una forma de clausurar su edición más ambiciosa hasta la fecha, confiar en Till Lindemann como cabeza de cartel del último día fue una jugada maestra… y al mismo tiempo una apuesta arriesgada. Porque lo que Till ofrece no es simplemente música: es un asalto a los sentidos, una experiencia performativa que incomoda, fascina y sacude con la misma intensidad.

Después de su paso por el Resurrection Fest días atrás, el vocalista de Rammstein recaló en Cartagena con su proyecto en solitario, aunque lo cierto es que gran parte del repertorio correspondió a su etapa junto a Peter Tägtgren en el dúo Lindemann. Una elección curiosa, pero no por ello menos efectiva. Temas como “Fat”, “Golden Shower”, “Praise Abort” o “Fish On” mantienen intacto ese espíritu grotesco, provocador y teatral que tanto define al artista. La velada comenzó con la enigmática “Zunge”, envolviendo al público en una atmósfera densa y ritualística que poco a poco se tornó en agresiva y retorcida con “Schweiss” y “Altes Fleisch”. Entre luces estroboscópicas, proyecciones inquietantes y un cuerpo de bailarines que alternaba lo grotesco con lo simbólico, Lindemann construyó un show tan impactante como polémico, cargado de imágenes explícitas que bordeaban lo aberrante y lo políticamente incorrecto.

El set fue una montaña rusa entre el industrial visceral y la ópera del exceso, con un Till en control absoluto de cada gesto, cada pausa y cada grito. “Platz Eins” y “Skills in Pills” sirvieron de catarsis colectiva, mientras que “Knebel” sumió al público en una tensa calma antes de que la recta final desatara una nueva tormenta emocional. Pero el momento que realmente sorprendió fue la inclusión de una versión personalísima de “Entre dos tierras” de Héroes del Silencio. Una elección ya clásica,  con la que Till rindió un homenaje oscuro, solemne y casi ritual al clásico del rock español. Una interpretación que fue recibida con perplejidad primero, y con ovación después. La despedida llegó con la agresiva y nihilista “Ich hasse Kinder”, broche perfecto para un show que dejó a nadie indiferente. Si había una forma de dejar una marca en el cierre del festival, Lindemann la ejecutó con precisión quirúrgica y una dosis brutal de provocación visual y sonora. Este concierto fue un aviso claro de lo que está por venir: en noviembre regresará a España con su propio tour, haciendo paradas en Madrid y Barcelona, donde el impacto será aún más visceral en un recinto cerrado y controlado al milímetro.

Till Lindemann no vino a agradar. Vino a provocar. Y en Cartagena dejó claro que sigue siendo uno de los artistas más inquietos, controvertidos y magnéticos del metal industrial europeo. Un cierre tan incómodo como inolvidable para el Rock Imperium 2025.

Y cuando parecía que no podía haber más intensidad, el broche final del día lo puso Mind Driller, encargados de mantener en alto la llama del industrial hasta el último segundo del festival.
El festival se despidió de su edición 2025 con una jornada marcada por los sonidos más oscuros y mecánicos del metal industrial. Tras una intensa actuación de Lindemann, que dejó al público en estado de trance con su habitual despliegue visual y teatral, aún quedaba energía en el ambiente para una última descarga. Muchos decidieron no abandonar el recinto, atraídos por la propuesta de Mind Driller.

Los alicantinos salieron a escena con su ya característica estética blanca, acompañada de algunos elementos de atrezzo que amplificaron la intensidad visual de su propuesta. Presentaban su más reciente trabajo, The Void (2024), y no decepcionaron: un setlist sólido y variado que incluyó temas como “AI”, “End of the World”, “Calling at the Stars” o “M4n1ki”, además de clásicos como “Psycho” y “Ich Bin Anders”, puso a vibrar a una audiencia que, lejos de abandonar el recinto tras la actuación de Lindemann, decidió quedarse para recibir una última dosis de potencia industrial.

El concierto no solo sirvió como carta de presentación de su nuevo material, sino también como confirmación de que Mind Driller está más que preparado para liderar la escena industrial nacional. La banda ofreció un repaso equilibrado a su carrera, con canciones como “The Fallout”, “Rotten” o “Ich Bin Anders”, cerrando con una energía que desbordó el escenario. Como en los días anteriores, el festival apostó por terminar la jornada con una banda de nivel tras el cabeza de cartel, y en este caso, fue una decisión más que acertada.

Mind Driller no solo sostuvo la atención del público que venía de ver a Lindemann, sino que la amplificó, ofreciendo un final a la altura de un festival que, sin duda, apostó fuerte por el metal industrial en su clausura.

Texto: David Aresté
Fotos: Susana Manzanares

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