En 1986, cuando el thrash metal estaba en plena ebullición y los focos apuntaban hacia las regiones estadounidenses de la Bay Area o Nueva York o el Ruhr alemán, a saber, cuna del thrash germano, cuatro chavales de Frankfurt decidieron que la velocidad, la agresividad y el humor podían convivir en el mismo barril. Mientras otros hablaban de guerra, política o destrucción global, ellos hablaban de cerveza, zombis y resacas. Ese año nació Zombie Attack, el debut de Tankard, un disco que, cuatro décadas después, sigue sonando como una fiesta en un sótano lleno de latas aplastadas y amplis al rojo vivo.
Tankard se formaron en Frankfurt en 1982, en pleno nacimiento de la escena thrash alemana. Junto a Kreator, Sodom y Destruction, acabarían siendo considerados parte del llamado The Big Teutonic Four. No obstante, desde el primer momento dejaron claro que no eran otra banda oscura y apocalíptica: su propuesta era el llamado alcoholic metal, una mezcla de thrash rápido, actitud punk y letras con sentido del humor.
Tras algunas demos y un creciente culto underground, el sello Noise Records les dio la oportunidad de grabar su debut. Zombie Attack se registró en junio de 1986 en los Musiclab Studios de Berlín bajo la producción de Harris Johns, nombre clave del thrash europeo que ha colaborado con trabajos de bandas como Angel Dust, Coroner, Helloween, Kreator o Sodom. Eso garantizó un sonido crudo pero potente, muy representativo de la época.
El álbum vio la luz en julio de ese mismo año, en un momento histórico para el género: el mismo 1986 que alumbró discos de Slayer (Reign in Blood), Metallica (Master of Puppets) o Kreator (Pleasure to Kill). Eso sí, donde otros eran oscuros, Tankard eran pura fiesta salvaje.
Por aquel entonces, la banda que grabó Zombie Attack estaba formada por Andreas “Gerre” Geremia (voz), Axel Katzmann (guitarra), Andy Bulgaropulos (guitarra), Frank Thorwarth (bajo) y Oliver “O.W.” Werner (batería). De esa alineación original, a día de hoy siguen en la banda el vocalista Gerre y el bajista Frank Thorwarth.
Quien escribe estas líneas puede presumir de haber vivido el debut de aquel Zombie Attack y, desde entonces, Tankard han mantenido una trayectoria sorprendentemente estable, publicando 18 discos de estudio más hasta la actualidad.
Como curiosidad, hay que señalar que la portada del disco fue obra de James Warhola, ilustrador estadounidense y sobrino del mismísimo Andy Warhol. La obra muestra una escena caótica con personajes de terror reunidos en una sala, con un tono grotesco y caricaturesco.
A pesar del título, las imágenes reflejan perfectamente la mezcla de humor, terror y energía thrash de la banda. Tankard se presentaban como un grupo que se tomaba muy en serio el thrash, pero sin renunciar a la diversión.
A nivel compositivo, el material fue escrito principalmente por Gerre y Axel Katzmann, con aportaciones de Frank Thorwarth. Con apenas 18 años, lograron un disco directo, sin artificios, basado en riffs veloces y estribillos coreables.
En cuanto a la temática, el disco mezcla humor etílico, terror de serie B, violencia urbana y pura declaración thrash.
Hay que reconocer que Zombie Attack no fue un superventas, pero sí tuvo gran acogida en la escena underground. Supuso un sólido punto de partida para Tankard dentro del circuito europeo.
Escuchar Zombie Attack hoy es como abrir una cápsula del tiempo: guitarras crudas, batería desbocada y una actitud completamente visceral.
El repertorio actual sigue incluyendo clásicos como “Zombie Attack” o “(Empty) Tankard”, demostrando su vigencia en directo.
En resumen, Zombie Attack sigue sonando como una patada en la puerta de un bar a las tres de la mañana: puro espíritu metal.
Cuarenta años después, Tankard siguen en activo y girando por todo el mundo, incluyendo fechas en Europa, Japón, Estados Unidos y Sudamérica, además de una gira específica por España en otoño.
Salud por Zombie Attack. Y que nunca falte la cerveza.
Marcel·lí Dreamevil
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