Metal Symphony Website

The Darkness : Dreams on Toast // Cooking Vinyl

The Darkness : Dreams on Toast // Cooking Vinyl

The Darkness están de vuelta con «Dreams On Toast», su octavo trabajo de estudio, y el primero desde «Motorheart» (2021). En tiempos donde el rock parece enclaustrado entre la nostalgia y la indiferencia, los Hawkins y compañía insisten en hacer lo suyo: guitarras afiladas, falsetes desbocados, humor inglés y melodías de alto octanaje. Y lo hacen mejor que en sus últimos discos.

El álbum arranca con «Rock and Roll Party (Cowboy)», una sátira gloriosa sobre los tópicos del rock americano: vaqueros, whisky y Harley-Davidsons. Todo con un riff marca de la casa y un estribillo ridículamente pegajoso. El grupo nunca ha tenido miedo al exceso, y aquí lo abrazan con gusto.

Uno de los temas más celebrados es «The Longest Kiss», con un aire ochentero que recuerda a Queen y a Electric Light Orchestra con esteroides. Piano, sintetizadores, melodías dulzonas y un solo de guitarra muy Hawkins. Es una rareza pop dentro del catálogo de la banda, pero funciona sorprendentemente bien.

La vena emocional llega con «I Hate Myself», un petardazo rock con las revoluciones a tope. Aquí hay saxofón, vulnerabilidad en la letra (aunque esté totalmente contrapuesto a la música) y una producción más seca. Por momentos parece una demo grabada a medianoche con resaca, y eso juega a su favor.

«Hot On My Tail» nos devuelve el humor y la energía con piano honky tonk, actitud gamberra y un aire campy a los Darkness de «One Way Ticket…» (2005). No se toma en serio ni pretende hacerlo. Lo mismo ocurre con «Mortal Dread», el tema más crudo y directo del álbum, con un riff digno de AC/DC y un Justin Hawkins desatado al micro.

Otros momentos como «Cold Hearted Woman», «Don’t Need Sunshine» o «Walking Through Fire» aportan variedad y algo de profundidad al conjunto. No todo es broma, fiesta ni pose glam: hay reflexión y hasta momentos de cierta melancolía.

El disco cierra con «Weekend in Rome», una especie de epílogo cinematográfico con voz en off a cargo del actor Stephen Dorff, en un guiño inesperado y elegante. Un cierre curioso y grandilocuente que deja buen sabor de boca y una sonrisa en la cara.

Con poco más de 33 minutos de duración, «Dreams On Toast» no pretende reinventar nada. Tampoco sorprende demasiado, dado que antes de la publicación del álbum, la banda ya había sacado seis temas de los diez que componen el disco. Su objetivo parece claro: ofrecer un puñado de canciones bien construidas, potentes y variadas, con el sello distintivo de The Darkness pero con una producción más contenida y directa (obra del propio Dan Hawkins). El grupo suena cohesionado, inspirado y cómodo en su absurdo controlado, quizá con un puntito orquestal más marcado. ¿Es su mejor disco desde «Permission to Land»? Quizá no, pero sí es el más fresco, divertido y equilibrado desde «Last of Our Kind» (2015). Y en una escena cada vez más predecible, eso ya es bastante.

Salir de la versión móvil