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Tres discos y una devoción: el góspel de Elvis

Tres discos y una devoción: el góspel de Elvis

Elvis Presley, el indiscutible Rey del Rock, también fue, de manera quizá menos visible pero no menos apasionada, un devoto intérprete de música góspel. Para él, el góspel no era solo un género musical: era una forma de conexión íntima con su fe, con sus raíces y con su identidad más profunda. A lo largo de su vida, regresó una y otra vez a estos cantos espirituales, tanto en el estudio como en sus momentos más personales. En total, grabó tres álbumes dedicados exclusivamente al góspel: His Hand in Mine (1960), How Great Thou Art (1967) y He Touched Me (1972). Cada uno refleja distintas etapas de su evolución artística y espiritual, y juntos conforman una retrospectiva única, alejada de los focos del espectáculo que normalmente lo rodeaban.

His Hand in Mine, el primero de estos discos, fue grabado en una sola sesión de madrugada, en un ambiente relajado pero cargado de intención. Aquí se percibe a un Elvis que, tras la fama explosiva de los años 50 y el paréntesis de su servicio militar, se muestra sereno y profundamente respetuoso con el material. El álbum se nutre tanto de himnos tradicionales del góspel blanco como de temas con influencias afroamericanas, y se interpreta con un tono casi confesional. No hay excesos ni alardes técnicos: solo una voz que parece estar en oración más que en actuación. Es un trabajo contenido, pero lleno de ternura, donde canciones como “Known Only to Him” o “In My Father’s House” permiten entrever a un hombre que canta no para un público, sino para algo más grande.

Con How Great Thou Art, grabado siete años después, Elvis regresó al góspel con una visión más ambiciosa. La voz que se escucha aquí es más madura, más poderosa, capaz de transmitir una gama más amplia de emociones. El repertorio incluye tanto baladas recogidas como himnos majestuosos, y el disco en su conjunto suena más grandioso y elaborado. En el tema titular, Elvis alcanza niveles de intensidad casi operática, respaldado por un coro robusto y arreglos dramáticos. Pero no todo es solemnidad: también hay espacio para momentos de recogimiento como en “Farther Along” o “Crying in the Chapel”, esta última una grabación de años anteriores que finalmente encontró su lugar en este álbum. Fue este disco el que le dio a Elvis su primer Grammy, un reconocimiento que dice mucho: el mundo de la crítica, que a menudo había mirado su carrera con escepticismo, no pudo ignorar la fuerza espiritual de esta obra.

El tercer álbum, He Touched Me, muestra a un Elvis profundamente influenciado por el góspel contemporáneo de principios de los 70, con un enfoque más moderno, casi cercano al pop religioso. Aquí suena diferente: más libre, más apasionado, incluso más arriesgado vocalmente. El repertorio se aleja de los himnos tradicionales para adentrarse en composiciones más recientes, muchas de ellas con estructuras más dinámicas y letras más testimoniales. “I’ve Got Confidence” o “Seeing is Believing” muestran a un Elvis casi predicador, cantando con fervor, como si estuviera liderando un servicio religioso. A pesar de los altibajos emocionales y físicos que ya empezaban a marcar su vida en esa etapa, este álbum refleja una entrega total. De nuevo, ganó un Grammy por este trabajo, confirmando que, en el ámbito del góspel, su autenticidad era incuestionable.

En conjunto, estos tres discos forman una especie de trilogía espiritual. No son solo álbumes musicales, sino documentos emocionales que permiten ver a un Elvis despojado del ícono pop, más allá del brillo de Hollywood o de los trajes de lentejuelas. Aquí está el Elvis íntimo, el hombre criado en Tupelo, el muchacho que cantaba en la iglesia, el adulto que buscaba consuelo en la fe. A través del góspel, canalizó una parte esencial de sí mismo que el rock and roll, por muy revolucionario que fuera, no alcanzaba a expresar del todo. Y en ese sentido, estos álbumes siguen siendo, hasta el día de hoy, una ventana privilegiada a su alma.

David Aresté

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