Monsters of Rock Cruise 2025: 14 de Marzo 2025 – Norwegian Joy
En el último día de festival y camino de regreso a puerto, Winger volvió con fuerza en su segundo concierto durante el Monsters of Rock Cruise, reafirmando por qué siguen siendo una de las bandas más queridas del hard rock desde los ochenta. Esta vez tuvo lugar en el escenario de la piscina, y con una duración más extensa que su primera presentación a bordo en el escenario del teatro, permitiéndoles explorar un setlist más amplio. A pesar de estar en plena gira de despedida por varios países, como ya han anunciado, lo cierto es que tampoco han confirmado ni hay señales claras de que vayan a dejar de participar en eventos especiales como este festival flotante, donde claramente se sienten como en casa, así que esperemos poder seguir viéndolos al menos ahí.
Para este segundo concierto incluyeron temas como “Blind Revolution Mad”, “Hungry” o “Pull Me Under”, ausentes en su primera actuación. Estos añadidos sumaron emoción a una noche que desde el arranque con “Stick the Knife In and Twist” hasta el cierre con la infaltable “Madalaine”, prometía ser inolvidable y mantuvo la energía a tope. Los fans más fieles de la banda, muchos de ellos veteranos del MORC, agradecieron con entusiasmo estos cambios en la lista de canciones.
Kip Winger, líder y alma de la banda, demostró una mejora notable en la voz respecto al primer show del festival, ya que su afonía no hizo de ese su mejor día. Aunque se notaron ciertas pausas estratégicas durante el set –como los solos de Howie Simon, Reb Beach y del batería Rod Morgenstein– estas transiciones no sólo permitieron a Kip dosificar su mejorado estado vocal, sino que ofrecieron momentos de justo lucimiento individual para el resto de los músicos. Reb Beach, en particular, deleitó con “Black Magic”, un tema instrumental lleno de técnica y sensibilidad, demostrando por qué sigue siendo uno de los guitarristas más respetados del género, pero por desgracia, aún más en la ‘sombra’ de lo que se merece. Quizá su sencillez y humildad no le coloquen en el plano tan mediático como lo están otros, pero desde luego no es porque no lo merezca, para nosotros lo está sin duda.
El ambiente en el escenario de la piscina jugó a favor del grupo. Aun con el recuerdo del magnífico concierto de Tesla el día anterior, el entorno era el ideal, con sólo el inmenso mar alrededor, una brisa constante en equilibrio con el sol de cubierta y la cercanía y entrega del público, Winger logró una conexión especial con sus seguidores. La inclusión de baladas como “Miles Away” o “Rainbow in the Rose” aportó momentos a flor de piel y complicidad, equilibrando perfectamente la potente energía hard rockera con el romanticismo característico de su identidad.
En la parte más intensa del show, temas como “Seventeen”, “Easy Come Easy Go” y “Headed for a Heartbreak” se llevaron los mayores aplausos y ovaciones. El público coreó cada estribillo con fuerza, mientras la banda mantenía un nivel de ejecución impecable. El solo de batería a cargo de Rod fue un guiño a los grandes conciertos de los 80, y aunque algunos podrían considerarlo un recurso clásico, el público lo vivió con entusiasmo genuino, saboreando cada golpe. En resumen, este segundo concierto de Winger en el Monsters of Rock Cruise no sólo fue una muestra de su increíble estado de forma y madurez como banda, sino también una celebración de su historia. Aunque se estén despidiendo, no perdemos la esperanza de que aún les quede gasolina en el tanque para apariciones especiales como esta. Y si este show nos enseñó algo, es que Winger sabe cómo decir “hasta luego” con clase y contundencia.
Otro de los últimos conciertos del festival era el segundo de Vixen, con el ambiente en el teatro más relajado y con una asistencia moderada, reflejo del cansancio acumulado del público tras varios días de música sin parar. Aun así, los que se acercaron no dejaron de disfrutar y corear cada uno de los clásicos de la banda, desde el potente arranque con “Rev It Up” pasando por “Cryin'”, “Hell Raisers” o su himno de himnos “Edge of a Broken Heart”.
Vixen, si es que se puede llamar así a la banda, vive una nueva etapa con Roxy Petrucci como única integrante original, rodeada de una formación renovada. Britt Lightning, quien se unió en 2017, ejerce ahora de líder instrumental con solidez, mientras que Julia Lage al bajo y Rosa Laricchiuta a la voz aportan frescura, aunque aún se nota que el grupo necesita más rodaje. Si bien las canciones siguen teniendo fuerza porque son grandes temas, por momentos la ejecución careció de ese punto de entrega y conexión emocional que hace vibrar a una audiencia, más centradas en una actitud de pose, de querer parecer y no de ser, no sé si se entiende… En nuestra opinión, personal, Vixen alcanzó casi rozando con los dedos la cumbre de épocas pasadas hace unos años, cuando aún estaba Share y Janet Gardner regresó por un tiempo, aunque evidentemente faltaba la recordada y querida Jan dignamente representada por Gina Style, ahí si eran Vixen. Tal vez un nuevo álbum o una gira más extensa podría ayudar a que esta alineación encuentre su voz y personalidad propias sobre el escenario, porque hoy por hoy, con todo el dolor de nuestro corazón, esto no es Vixen.
A pesar de todo, el show logró sostener el interés gracias a algunos momentos puntuales de fuerza y nostalgia. Como cierre, anunciaron su participación en la próxima edición del Monsters of Rock Cruise, una noticia que fue bien recibida por el público, todo hay que decirlo. Habrá que ver si este tiempo les permite consolidarse como formación y encontrar una identidad más definida y nuevos temas para no vivir sólo del pasado, y que les permita volver con mayor solidez y nuevos propósitos.
Mientras Vixen ofrecía su segundo show en el teatro, Rose Tattoo se despedía del Monsters of Rock Cruise con su último concierto en la ya conocida y no precisamente para bien Manhattan Room, un espacio que volvió a presentar problemas de sonido, algo que afectó parcialmente al lucimiento de una banda que no necesita mucho para sonar cruda y directa. Aun así, la sala se llenó hasta los topes con un público fiel que coreó cada tema, desde el arranque con “Out of This Place” hasta el cierre infalible con “Nice Boys”, pasando por clásicos como “Rock ‘n’ Roll Outlaw” y “We Can’t Be Beaten”.
Este segundo concierto era casi obligatorio, sobre todo después de que Angry Anderson dejara caer, entre bromas y medias verdades, que quizá cuando lleguen a los 50 años como banda —un hito ya cercano— podrían considerar dejar los escenarios. Con esa sombra flotando en el ambiente, el show tomó un cariz especial, como si cada riff, cada gruñido de Anderson y cada solo sirvieran para reafirmar una historia escrita a base de sudor y rock & roll sin fisuras. El setlist fue el mismo que en su primera aparición, pero la entrega del público a los pies de la banda hizo que el ambiente tuviera una energía especial.
Sin más, Rose Tattoo demostró una vez más que son considerados leyendas vivas del rock australiano y nosotros unos privilegiados de poder verlos. Aunque el sonido no ayudó, su actitud sobre el escenario compensó cualquier carencia técnica. La banda se entregó a fondo, y los temas más emblemáticos como “Bad Boy for Love” o “Scarred for Life” se vivieron con intensidad. Si realmente están pensando en decir adiós pronto, lo hacen con la cabeza alta y dejando claro que, cuando se trata de rock de la vieja escuela, todavía pueden dar muchas lecciones.
Última oportunidad para acabar con los deberes pendientes del festival (aunque otros se quedaron sin hacer como ver a Chris Holmes, The Answer o Wig Wam, no se podía llegar a todo…), para ver el segundo concierto de Vandenberg, tras perdérnoslo el primer día mientras nos aclimatábamos tras el desordenado embarque. Con un repertorio centrado casi por completo en su etapa con Whitesnake, el guitarrista holandés se sumó a la lista de artistas del festival —junto con Stephen Pearcy y Chris Holmes— que decidieron aferrarse a los éxitos de la banda que los catapultó a la fama. Esta gira homenaje a la “serpiente blanca” no es nueva: ya pasó por España con idéntico enfoque. Solo dos temas propios, “Your Love Is in Vain” y “Burning Heart”, sirvieron como tímido recordatorio de su carrera en solitario, pero su inclusión no aportó demasiado al conjunto, la serpiente es mucha serpiente.
El repertorio, plagado de clásicos como “Fool for Your Loving”, “Is This Love”, “Judgement Day” o “Still of the Night”, fue ejecutado de forma correcta pero sin mucha alma por parte de Vandenberg. A pesar de clavar el sonido de la época dorada de Whitesnake con su inseparable Peavey, el guitarrista estuvo estático, con una actitud fría que contrastó con la pasión que esos temas exigen. El protagonismo absoluto recayó en Mats Levén, cuya interpretación vocal para bien o para mal, no dejó indiferente a nadie: con cambios en los tonos y fraseos, el cantante sueco imprimió su sello personal a canciones que muchos consideran intocables, lo cual provocó una mezcla agridulce de admiración y descontento entre el público más purista.
El momento más íntimo del concierto llegó con “Sailing Ships”, cuando Levén y Vandenberg se sentaron al pie de la tarima de la batería, evocando aquel mítico Starkers in Tokyo, salvando -mucho- las distancias. Fue un instante de pausa y emotividad que, sin embargo, no logró equilibrar un show que dejó más frío que calor. Con un repertorio tan limitado en el suyo propio y un enfoque algo desganado por parte del guitarrista, el concierto se sintió más como una recreación sin alma que como un verdadero tributo. Ya es nuestro segundo MORC en el que se encuentran a bordo gran parte de miembros de Whitesnake, así que esperamos que algún día se animen y puedan formar entre todos una Serpiente Blanca gigante para rendirle un verdadero tributo, sería interesante y exclusivo cuanto menos.
Y llegó el momento de acabar este Monsters of Rock Cruise con la vuelta de Michael Schenker al teatro, un verdadero festín para los amantes del rock clásico. En esta ocasión, el guitarrista alemán no se limitó solamente a tocar los mismos temas de su primera actuación, sino que incorporó otros clásicos de UFO, brindando a los presentes una experiencia más variada y especial. Con sus clásicas cuerdas al viento como estandarte, Schenker demostró que sigue siendo uno de los más grandes del rock, tocando himnos como “Lights Out” y “Too Hot to Handle” con una precisión asombrosa.
El show estuvo marcado por un gran sonido y una vez más, por la excelente interpretación de Robin McAuley, quien, fiel a su estilo, continuó cantando con su habitual clase y potencia vocal. A lo largo del set, McAuley ofreció una gran variedad de matices emocionales como la intensa “Armed and Ready” o la emotiva “Natural Thing”, donde su voz se fusionó perfectamente con la guitarra de Schenker. McAuley estuvo impecable, Schenker sí que sabe rodearse, además, al verlos juntos nos recreó la fantasía de volver a verlos de nuevo interpretando aquellos grandes trabajos de McAuley Schenker Group como “Anytime” o “Save Yourself” … pues eso, fantasía que de momento no parece que se vaya a cumplir de nuevo. En cualquier caso, para Robin McAuley parecen no pasar los años y sigue siendo uno de los vocalistas más completos y admirados del hard rock, aparte de entrañable como persona y exquisitamente educado, como pudimos comprobar charlando con él en otros momentos a bordo.
Volviendo a la realidad, la inclusión de temas como “Shoot Shoot” y “Rock You to the Ground” nos permitió a los fans de siempre disfrutar de la evolución de la carrera de Schenker, desde sus primeros días hasta la etapa más madura. Schenker repasó su propio repertorio con total maestría, como siempre, ofreciendo unas interpretaciones de sus temas más conocidos que sonaron frescas como el primer día.
Para añadir un toque extra de exclusividad al espectáculo, algo habitual en el festival, Schenker invitó a dos grandes del rock para tocar con él: Joel Hoekstra y Jeff Scott Soto. Hoekstra, conocido por su trabajo con Whitesnake entre otros, se unió a Schenker para interpretar “Natural Thing” de UFO, mientras que Soto se encargó de un vibrante “Too Hot to Handle” y “Lights Out”. Estos momentos colaborativos fueron muy celebrados por el público, siempre agradecido por la golosina de ver a estos músicos en un contexto tan único e irrepetible. Son las cosas de estar encerrados en un barco, que todos andan ‘a mano’ por allí. La química entre Schenker, Hoekstra y Soto fue palpable y aportó muchos puntos a favor al show.
Como soñar es gratis (de momento), después de estas colaboraciones que están en ese “My years with UFO” que ha sacado Schenker de sus mejores temas de la banda, nos surgía de nuevo otra fantasía y llegamos a pensar que podrían haber subido también al escenario Stephen Pearcy y Adrian Vandenberg que también participan, pero por desgracia no fue así.
A lo largo de toda la actuación, Schenker confirmó que ya es una leyenda viviente, por si alguien tenía dudas. Bajo ese inseparable gorrillo peludo, una vez más afloró su maestría con la guitarra, su capacidad para reinventar sus propios temas y su generosidad al compartir el escenario con otros músicos de renombre con una actitud más que humilde a un lado del escenario dejando brillar también a los demás. Todo ello hizo de este show un gran final para este Monsters of Rock Cruise 2025. El setlist estuvo lleno de grandes momentos, y el público supo apreciar cada uno de ellos, aplaudiendo a Schenker no solo por su destreza técnica, sino también por su amor y respeto a su música engrandeciendo su propio legado con su constancia y su capacidad para seguir ofreciendo lo mejor de sí mismo.
Fantástico cierre para estos cinco días repletos de calidad musical, de grandes conciertos y experiencias irrepetibles. Desde el gran momento de forma de Tyketto, la excelencia de Tesla, la clase de Winger, la expectación de Ratt, o la locura de Michael Monroe… y sin duda lo mejor, disfrutarlo y compartirlo todo en la compañía de grandes amigos. Son momentos que sólo pasan en un festival único, el Monsters of Rock Cruise, que por cierto, ya tiene confirmadas las fechas del año que viene para mediados de Abril, ¿alguien se apunta?
Susana Manzanares / David Aresté
