Esperando en la grada, un grupo de fans ya talluditos conversaban: “Es que AC/DC no es Heavy Metal, es rock´n´roll…” Recuerdo allá por 1979 aquellas revista de Popular 1 llamada Poster que la desplegabas y eran un gran poster. Tenía la de AC/DC y recuerdo que en su portada decía “AC/DC, los Reyes del Heavy Metal”. Por entonces se estaba consolidando la etiqueta de Heavy Metal y AC/DC con otras muchas bandas fueron los que acuñaron y pusieron de moda ese estilo. Y ¿qué diferencia a AC/DC de otras bandas? Su honestidad, su sinceridad, su humildad, la fidelidad a su música y su saber hacer y la complicidad para con sus fans y quizáspor eso sean tan grandes. Si Manowar predicaron su “Muerte al falso Metal”, AC/DC son los predicadores del Heavy Metal y lo llevan haciendo durante cuarenta años.

Toni Marchante

En un mundo cambiante como el actual donde todo caduca de forma instantánea, las bandas cada cierto tiempo suelen dar un giro o evolucionan su música como forma de subsistencia. En AC/DC nos encontramos con el antagonismo más absoluto a esta idea. Hablamos de una banda que lleva haciendo 40 años lo mismo, han cambiado los decorados adaptándose a las tecnologías, siempre ofreciendo un performance espectacular, ya que el éxito les ha dado medios para hacerlo, pero el concepto de fondo es el mismo. Cinco miembros, una batería que marca el ritmo, un bajo y un guitarra que parecen dos postes de portería por su escaso movimiento, un cantante que con su gorra se dedica a berrear de un lado para otro del escenario y un guitarrista loco que no para de corretear vestido de colegial, que comienza vestido con corbata y gorra y que termina exhausto a pecho descubierto tras darnos un recital de entrega y riffs guitarreros…eso es lo que es un concierto de AC/DC en 1977 y en 2015 con todos los años que se contienen entre medias. ¿Siempre lo mismo? Sí, pero nos encanta.

Cuando salió su nuevo disco el año pasado “Rock and Bust” y que sirve de argumento para esta gira además de conmemorar el 40 aniversario, llovieron las críticas, que si es muy corto, que si es flojo…pero es lo que es, un disco de AC/DC, suena a AC/DC, no tiene la grandiosidad de “Back in black”, “Highway to hell” o “For those about to rock”, pero acompaña a estos en el estante junto a “Fly on the Wall” o “Flick of the switch”, es un disco de AC/DC y punto. Pero vayamos al grano, oleadas de fans iban invadiendo el Vicente Calderón, gentes de todas las edades y de toda condición, una muestra más de la universalidad de esta banda. 55.000 personas, el mismo número de personas que ocuparon el mismo recinto dos días después para ver lo mismo. Hablamos de 110.000 personas que agotaron en muy pocas horas todas las entradas disponibles para presenciar tan magno evento a un precio que no era desde luego económico.

Los aledaños del Calderón estaban intransitables, la multitud con sus camisetas negras iba accediendo al recinto. A muchos de ellos le crecieron unos cuernos rojos luminosos que se podían adquirir en los stands de merchandising y que dieron un aspecto efectista y de color a la velada. Mientras el recinto se iba llenando salieron los teloneros Vintage Trouble que durante 45 minutos estuvieron amenizando al personal. Lo cierto es que la gente no les prestó mucha atención. Su actuación fue muy curiosa y muchos delos que estuvimos allí pudimos disfrutarlos ya que ofrecieron un gran espectáculo, si bien en mi opinión, su estilo no era el más adecuado para telonear a AC/DC.

Tras la adecuación del escenario y con puntualidad británica comenzó el recital de los australianos con un video introductorio, donde un meteorito con las siglas de la banda irrumpía en la luna para dirigirse posteriormente hacia el escenario y estrellarse con él. El escenario saltó materialmente por los aires por los efectos de la pirotecnia. Un escenario semicircular con sus cuernos, escoltado por dos pantalones de video a los lados e incluso con pantallas laterales en los extremos para que los más arrinconados no se perdieran detalle.

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Comenzaron con el tema que abre su nuevo álbum “Rock or bust”, que pasó muy rápido por el fervor de la gente y que sonó algo irregular hasta que consiguieron ajustar algo más el sonido. De seguido “Shoot to thrill” un clásico donde ya Angus dejaba sus señas de identidad, enfundado esta vez con uniforme azul (color poco habitual) y donde vimos a Brian Johnson con algún que otro problemilla para cumplir con la voz. De seguido dos clasicazos más, “Hell ain´t a bad place to be” y “Black in black” donde la gente coreaba hasta los riffs. Del nuevo disco además del tema de apertura cayeron también “Pay Ball” y “Baptism by fire”, el resto fueron grandes clásicos de la banda que fueron cayendo uno tras de otro “Dirty deeds done dirt cheap” o “T.N.T.” contaron con la tremenda aportación del respetable representado por un mar de miles de cuernecillos rojos intermitentes .

Hubo muchísimos más grandes momentos estelares. “Thunderstruck” inundó de rayos eléctricos nuestros cuerpos y puso al estadio patas arriba. Vimos la campana del infierno y escuchamos sus tañidos reposando entre riffs emblemáticos, vimos a Rosie que sigue estando igual de estupenda y hermosa que siempre y Angus nos ofreció un “Let there be rock” inconmensurable con su interminable solo de más de cuarto de hora, que nos fue ofreciendo desde el escenario, pasando por una plataforma circular que se elevó y terminando encima de la montaña de altavoces que poblaban el fondo del escenario.

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Para el bis final se reservaron lo mejor (y mira que lo que hasta ese momento ya habíamos visto fue colosal).Entre llamaradas y con una luminotecnia rojo fuego interpretaron “Highway to hell” con un Angus al que le habían salido cuernos y ante un público enfervorecido. La traca final fue a base de cañonazos, “For those about to rock” lleva décadas cerrando sus conciertos y los vellos se nos ponían de punta cuando el Sr. Johnson daba la voz de Fire! detonando la artillería allí presente sincronizada con la música. El efecto final del castillo de pirotecnia fue grandioso, mientras los músicos abandonaron el escenario y el recinto en los vehículos que les esperaban con los motores en marcha para llegar lo antes posible al hotel para una merecida ducha tras dos horas de glorioso “más de lo mismo” que estamos deseando volver a ver de nuevo.

Lo de Angus es de traca, auténticamente espectacular. Cuando sube al escenario es poseído por ese ente inmortal que le dota de una energía suprahumana. Da igual que tenga ya 60 años, la actitud y la entrega es la misma, la edad se refleja en las arrugas de su cara, pero el efecto de ese espíritu que entra en su cuerpo y que le hace empuñar su guitarra para sacar de ella sus señas de identidad (las posturas, los gestos, el paso del pato de Chuck Berry, las carrerillas por el escenario , esa figura de mano izquierda empuñando el mástil y su mano derecha a lo alto enseñando su dedo índice, su forma de cerrar las canciones…) esas imágenes que llevamos viendo durante toda nuestra vida y nos estremecen, porque hemos crecido con ellas y envejecemos con ellas. Es como ver, una obra maestra del cine, ves lo mismo durante cientos de veces y lo disfrutas cada vez como el primer día.
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Brian Johnson estuvo soberbio. Es tremendamente meritorio que alguien que este año va a cumplir 68 años se suba al escenario, muestre esa movilidad y pueda cantar como lo hizo él. Evidentemente en muchas ocasiones no conseguía llegar y se le vio pasar por apuros, pero su gran mérito está fuera de toda duda, lo que nunca ha tenido remedio y que ahora tampoco ya lo podemos cambiar, es su escasa comunicación e interacción con el público durante el concierto. Muchos dicen no haber echado de menos a Malcom…yo sí. Stevie Young lo hizo muy bien, no se me mal interprete, pero eran tantos años viéndolo ahí que se me hacía muy extraño. Me gustó ver a Chris Slade, para mí un batería que siempre ha sabido encajar muy bien en la banda (y el que tenga dudas que mire el video de Donington del 91). Cliff Willians estuvo como siempre, marcando con su bajo la sucesión de temas eternos que las cuerdas de su bajo conocen más que de memoria.

Ver a AC/DC en directo es algo que ningún heavy puede perderse, es uno de los conciertos que hay que ver en la vida. Siempre será uno de los dineros mejores invertidos en tu vida, su rentabilidad se reflejará en tu mente el resto de tus días.

Texto: Toni Marchante
Fotos: Domingo J Casas ( fotos cedidas por la organización del concierto)

Set list:

Rock or Bust
Shoot to Thrill
Hell Ain’t a Bad Place to Be
Back in Black
Play Ball
Dirty Deeds Done Dirt Cheap
Thunderstruck
High Voltage
Rock ‘N Roll Train
Hell’s Bells
Baptism by Fire
You Shook Me All Night Long
Sin City
Shot Down in Flames
Have a Drink on Me
T.N.T.
Whole Lotta Rosie
Let The Be Rock
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Highway to Hell
For Those About to Rock