Rock the Sun 2025 – 19 de Septiembre 2025 – Carpa del Poble Espanyol (Barcelona)
El pasado 19 de septiembre se celebró la jornada inaugural de Rock the Sun, un nuevo festival dedicado al hard rock y al AOR que llegaba por primera vez a Barcelona de la mano de Madness Live!. La promotora, con una larga trayectoria en el circuito de conciertos de rock y metal, se estrenaba así en el formato festivalero dentro de este espectro más melódico, escogiendo para la ocasión un recinto tan especial como la Carpa del Poble Espanyol, un espacio ya familiar para los asistentes al mítico Be Prog! My Friend, que tuvo su última edición allí en 2024. Precisamente, Rock the Sun fue el primero de tres eventos que Madness tenía programados en el mismo recinto en apenas unos días, junto al Be Prog de este año y una nueva edición de las Okkult Sessions, una apuesta ambiciosa y bien planificada para activar el calendario musical barcelonés de final de verano.
Como primer paso, Rock the Sun arrancó con una edición comedida pero efectiva: dos días de música con cinco bandas por jornada, sin solapes ni escenarios múltiples, lo que permitía al público disfrutar de cada actuación con calma y sin prisas. Un cartel bien equilibrado entre nombres consolidados y promesas en ascenso, con Robin McAuley, H.E.A.T, The Night Flight Orchestra y Nestor como principales reclamos del festival. Esta primera jornada fue una celebración para los amantes del rock melódico, de los sintetizadores ochenteros, de los solos virtuosos y de las grandes melodías coreables que han definido este estilo durante décadas.
Con un sol abrasador cayendo sobre la Carpa del Poble Espanyol, Big Mouthers fueron los encargados de abrir la jornada del Rock the Sun en Barcelona. A pesar del calor sofocante, la banda salió al escenario con una energía contagiosa que rápidamente arrastró al público que ya se congregaba para inaugurar el festival. Su actuación de apenas 40 minutos fue una sacudida de rock en vena, una bienvenida explosiva que marcó el tono del resto de la noche.



Formados originalmente como banda de versiones, Big Mouthers han evolucionado con fuerza hacia una identidad propia, construida a pulso con temas originales que han ido sumando seguidores. Con dos discos en su haber —el reciente New Now (2023) y Wishes (2018)— el grupo demostró que ya no necesitan recurrir al repertorio ajeno para encender al público. Su setlist fue un viaje directo por su sonido más sólido y personal, con temas como “Poisoned Road”, “Power” o “Nothing to Lose” que sonaron con contundencia y precisión.
La conexión con el público fue instantánea. Canción tras canción, los asistentes —tanto los fieles que ya los conocían como los que se acercaban por curiosidad— respondieron con ovaciones y coros improvisados, sobre todo en momentos álgidos como “Brothers of Rock ‘n’ Roll” o “Fantasy of Love”. Big Mouthers supieron aprovechar cada minuto sobre el escenario, entregando una actuación compacta, sin rellenos, que dejó claro que están listos para jugar en ligas mayores.



La única queja posible es que se hiciera tan corto. Con un directo tan sólido y un repertorio que ya se sostiene por sí mismo, queda claro que el paso de banda de covers a banda con voz propia ha sido un acierto total. Solo esperamos que no vuelvan a esperar otros cinco años para publicar nuevo material, porque si algo quedó claro en esta presentación es que el camino que están recorriendo tiene aún muchas curvas emocionantes por delante.
Tras este arranque tan efectivo, llegaba el momento de recibir a los suecos Remedy, que pisaban de nuevo Barcelona tras su paso por la gira junto a Eclipse. Bajo un sol que no daba tregua, Remedy volvieron a pisar territorio español, y lo hicieron reafirmando por qué Erik Martensson puso sus ojos en ellos. En la Carpa del Poble Espanyol, aún con el público buscando sombra como podía, el cuarteto sueco desplegó su elegante hard rock melódico con una ejecución tan pulida como efectiva, presentando en directo su álbum Pleasure Beats the Pain con un repertorio sólido y sin fisuras.



Desde los primeros compases de “Living on the Edge” hasta el cierre con la emotiva “Moon Has the Night”, Remedy ofrecieron un concierto impecable en lo técnico, con coros tan afinados que, por momentos, rozaban la perfección sospechosa y hacían pensar si no habría algo pregrabado en la mezcla. Aun así, la banda sonó cohesionada y con clase, destacando especialmente la guitarra de Roland Forsman, que brilló con buen gusto sin necesidad de fuegos artificiales.
El vocalista Robert Van der Zwan, fiel a su estilo, no se quitó la cazadora en ningún momento, desafiando el calor sofocante hasta el último tema. Fue con “Angelina” cuando el público, cada vez más numeroso y acalorado, terminó de entregarse a la banda. Esa canción marcó un antes y un después en el set: de la contemplación al entusiasmo, y del calor asfixiante al clímax emocional. Temas como “Sin for Me” y “Thunder in the Dark” también destacaron por su pegada directa y estribillos efectivos.



Remedy dejaron claro que su ascenso dentro de la escena melódica europea es cuestión de tiempo. Con una parada prevista en el Lion Rock Fest este noviembre, la banda está en un punto dulce. Para seguir llegando a más gente, lo lógico es que recalaran en Frontiers Music para que les dé el empujón necesario para alcanzar una audiencia más amplia. Si siguen así, es solo cuestión de tiempo que lo consigan.
Con la elegancia melódica de Remedy aún resonando en el ambiente, el festival daba un giro de energía con la llegada de Hitten, que descargaron su electrizante directo en la Carpa del Poble Espanyol. La banda murciana, cada vez más asentada como una de las propuestas más en boga del panorama nacional, fue sin duda uno de los platos fuertes de la jornada, con un set contundente que replicaba el ya ofrecido en el pasado Rock Imperium. A caballo entre el hard rock más melódico y el heavy metal clásico, su propuesta fue probablemente la más dura de todo el festival, lo que generó opiniones divididas: para algunos, demasiado intensa; para otros, un soplo de energía y variedad en el cartel.



Con “While Passion Lasts” como punto de partida, arrancaron un show que no bajó revoluciones en ningún momento. A medida que avanzaban temas como “Mr. Know It All”, “Blood from a Stone” o “Meant to Be Mean”, quedó claro que Hitten no venían a cumplir, sino a reafirmar su estatus. Alexx Panza, habitual frontman infalible, no estuvo tan fino como en otras ocasiones, con un abuso algo innecesario de los agudos que restó algo de dinamismo a su interpretación. Aun así, el carisma y la conexión con el público no faltaron, y su entrega vocal fue incuestionable.
Donde sí brilló sin atenuantes el conjunto fue en el apartado instrumental, especialmente con Johnny Lorca y Dani Meseguer, que volvieron a firmar una auténtica exhibición a las seis cuerdas. En temas como “Twist of Fate” o “Eyes Never Lie”, el tándem mostró una compenetración casi quirúrgica, combinando solos vertiginosos con riffs cargados de intención. El cierre con “In the Heat of the Night” y “Built to Rock” terminó por encender a una audiencia que, a esas alturas, ya estaba totalmente entregada.



Con esta actuación, el grupo continúa una racha envidiable que seguirá en marcha durante los próximos meses, con una gira nacional acompañando a H.E.A.T el próximo marzo. A falta de saber si estos serán los últimos coletazos de While Passion Lasts, su último trabajo, todo apunta a que Hitten podrían estar cerca de entrar en una nueva fase compositiva. Siguiendo la lógica de sus anteriores lanzamientos, que han ido llegando cada dos o tres años, quizá sea el momento de volver a plantearse un nuevo álbum que mantenga viva la llama y continúe su evolución. Sea como sea, lo visto en Rock the Sun deja claro que la banda está en plena forma, con una energía escénica arrolladora y un repertorio que sigue ganando peso en directo.
Después del vendaval de riffs y actitud de Hitten, llegaba una propuesta bien distinta pero igualmente celebrada: The Night Flight Orchestra regresaba a Barcelona para conquistar nuevamente a su público tras medio año de ausencia. La banda sueca, capitaneada por Björn Strid, ofreció un concierto vibrante y lleno de matices que sirvió para reafirmar su estatus de culto entre los amantes del rock melódico de espíritu retro. La ocasión no solo marcó un reencuentro esperado, sino también una nueva oportunidad para presentar su último trabajo Give Us the Moon, aunque con un repertorio que equilibró sabiamente cortes recientes con joyas de sus anteriores discos.



Desde el arranque con “Stratus” quedó claro que la banda estaba dispuesta a hacer sudar a la audiencia, y temas como “Divinyls” y “Shooting Velvet” mantuvieron la energía en lo más alto. Fue con “Gemini” donde el público empezó a soltarse del todo, coreando cada estribillo con entusiasmo. El setlist fluyó con naturalidad, entre teclados brillantes, guitarras llenas de groove y ese carisma inagotable de su vocalista, que maneja los tiempos escénicos con la confianza de quien ha convertido el show en arte.
Uno de los grandes momentos de la noche fue sin duda “Paloma”, que volvió a brillar como una de las canciones más queridas del repertorio reciente. No menos destacada fue “Satellite”, que desplegó todo el imaginario espacial y romántico del grupo en una ejecución impecable.




La banda supo dosificar las emociones, llevando al público de la euforia al recogimiento sin perder el pulso del concierto en ningún momento. Ese giro más introspectivo llegó con una sentida interpretación de “Can’t Be That Bad” y “Transatlantic Blues”, donde el recuerdo al fallecido guitarrista David Andersson sobrevoló la atmósfera con respeto y emoción contenida.
Fue un momento sincero, sin grandilocuencia, pero lleno de significado para los que siguen de cerca la historia de la banda. La emoción dio paso a la celebración con una original introducción de “Burn for Me” casi a capella, que volvió a desatar los aplausos antes de encarar la recta final con la infaltable “White Jeans”, una oda a la pista de baile ochentera, que ya anticipaba el cierre. Como era de esperar, “West Ruth Ave” clausuró la velada con la clásica conga entre el público, una tradición ya inseparable de sus directos que mezcla humor, nostalgia y comunión con los fans.



Aunque su propuesta aún puede parecer fuera de lugar para quienes no terminan de conectar con su fusión de AOR, disco y rock clásico, cada vez son menos los que se resisten a su magnetismo escénico. La banda ha sabido evolucionar, pasar de giras propias a festivales, sin perder su esencia. Lo que traerán la próxima vez que pisen España es una incógnita, pero si algo quedó claro es que hay un público deseoso de seguir bailando con ellos bajo la luna.
Y como broche de oro para esta primera jornada, llegaba uno de los platos fuertes más esperados: Nestor, cabezas de cartel del día, tomaban el escenario con la seguridad de quien sabe que ha venido a dejar huella. Los suecos, cabezas de cartel del primer día del festival, ofrecieron un concierto que confirmó por qué están viviendo por fin el reconocimiento que tanto tiempo se les ha escapado de las manos. Aunque llevan desde finales de los 80 en la música, es ahora cuando su propuesta está calando fuerte, y no es para menos. Lo suyo es puro hard rock ochentero con alma contemporánea, y lo demostraron con una entrega total.



Uniformados al más puro estilo de la vieja escuela, Nestor salió al escenario con la seguridad de una banda que sabe que tiene un repertorio sólido y canciones que conectan con el público desde el primer acorde. El inicio con “We Come Alive” y “Kids in a Ghost Town” marcó el tono del concierto: energía positiva, melodías pegadizas y una vibra contagiosa que no decayó en ningún momento.
La banda supo aprovechar el sonido cristalino del festival, que realzó cada detalle de sus temas, permitiendo que cada estribillo se sintiera como un himno coreado por todos los presentes. El peso del directo recayó en su vocalista, Tobias Gustavsson, quien mantuvo un nivel impecable durante todo el show. Su voz, potente y emocional, brilló especialmente en temas como “Perfect 10 (Eyes Like Demi Moore)” o “Signed in Blood”. Pero además de cantar, demostró ser un auténtico frontman, sabiendo cómo ganarse al público con carisma y simpatía. A su lado, Marcus Ablad reforzó cada tema con unos coros precisos, añadiendo ese matiz crudo y auténtico que tanto caracteriza el sonido de la banda.



Un punto especialmente destacable fue el desempeño del guitarrista Jonny Wemmenstedt. Aunque Nestor solo cuenta con un guitarrista, Jonny supo llenar el escenario con su técnica impecable y su presencia escénica. Sus solos, limpios y vibrantes, dieron fuerza a canciones como “Stone Cold Eyes” o “On the Run”, y demostraron que a veces no hace falta una segunda guitarra cuando se tiene semejante control del instrumento.
La producción del show también estuvo a la altura. Nestor fue de las pocas bandas del día que apostaron por un despliegue visual con luces y rayos láser, lo que elevó la experiencia más allá de lo musical. Este detalle no pasó desapercibido y reforzó la sensación de estar ante una banda que cuida cada aspecto de su propuesta. Canciones como “Victorious”, “Caroline” o “Firesign” no solo sonaron con fuerza, sino que también se vieron espectaculares, redondeando un directo que fue una auténtica celebración.



El concierto cerró con “Teenage Rebel”, un tema que da nombre a su más reciente trabajo y que resume a la perfección el espíritu de la banda: nostálgicos, sí, pero llenos de vida, energía y pasión por el rock. Nos alegramos de que Nestor esté por fin recibiendo el reconocimiento que merece. Tras varias visitas a España únicamente en festivales, queda claro que ha llegado el momento de verlos en una gira propia por salas. El público está, las canciones también, y si mantienen este nivel en directo, el siguiente paso no solo es lógico, sino necesario. Esperamos que pronto regresen con nuevo material bajo el brazo… y que esta vez podamos vivir su música aún más de cerca.



