John Fogerty – 20 de Junio 2025 – Azkena Rock Festival
El segundo día del 23º Azkena Rock Festival tenía un nombre grabado en letras grandes y doradas: John Fogerty. El mítico fundador de Creedence Clearwater Revival regresaba a España con un concierto tan esperado como especial, dentro de su “Celebration Tour”. La gira marca un hito personal y profesional: Fogerty ha recuperado por fin los derechos de sus canciones con la CCR, tras décadas de disputas legales. ¿Qué mejor manera de celebrarlo que sobre un escenario, rodeado de familia, clásicos inmortales y miles de fieles?
Antes de su aparición estelar, el día dejaba un cartel variado. Una Lucinda Williams algo apagada pero respaldada por una banda solvente, los irreverentes Turbonegro que aportaron energía y desparpajo, y el siempre infalible Robert Jon and the Wreck, que encendieron al público con su mezcla de rock sureño y actitud de carretera. Pero todo apuntaba a la madrugada, a ese momento en que el rock americano volvería a tomar el Azkena.
Pasadas las doce de la noche, con el cielo sobre Mendizabala oscuro y vibrante, un logo psicodélico con el nombre de John Fogerty y la frase “Creedence Clearwater Revival Celebration Tour” iluminaba el fondo del escenario. Y entonces, en las pantallas, comenzó una intro en vídeo: una presentación de su próximo disco, “John Fogerty Legacy”, que verá la luz el 22 de agosto, una regrabación de los grandes himnos de la Creedence con sonido actual y, esta vez, bajo su control total.
Al acabar el vídeo, con todos con un nudo en la garganta, una tormenta comenzó a rugir en la pantalla del fondo, seguida de la aparición de una luna llena. La banda salió, aquello empezaba… y ahí estaba él. John Fogerty, 80 años y una sonrisa eterna, apareció como si acabara de cumplir treinta, abriendo con un “Bad Moon Rising” más que sensacional. Se lo notó feliz, ligero, enérgico, moviéndose sin parar de un lado a otro, saludando al público y a su banda como si todos formaran parte de una misma familia. Y, en cierto modo, lo eran: sobre el escenario lo acompañaban sus hijos Shane y Tyler, que asumieron roles destacados en guitarras, coros y percusión. Incluso Tyler se encargó de cantar una sorprendente versión de “Fight Fire”, con tintes psicodélicos que recordaban a la era más temprana y lisérgica de los Golliwogs.
El repertorio fue una fiesta de clásicos. Una celebración de medio siglo de historia del rock que comenzó con fuerza y no soltó el pie del acelerador en ningún momento. “Up Around the Bend”, “It Came Out of the Sky”, “Green River”, “Keep On Chooglin'”, “Effigy”… Fogerty entrelazaba los temas con anécdotas entrañables, hablando de los orígenes de las canciones, sus recuerdos personales y lo que significa hoy tocarlas para una audiencia intergeneracional.
Tal era la energía de Fogerty que quedó claro que no estaba ahí solo para cumplir con el horario; se le vio disfrutar como un niño, tocando con sus hijos, Shane y Tyler, y alargando solos, tocando la armónica con una pasión arrebatadora y sumergiéndose en pasajes psicodélicos junto a la banda. Cada uno de esos momentos cobraba vida gracias a la pantalla gigante, que evocaba esas mismas sensaciones al ritmo de la música, creando una atmósfera única.
Las canciones de su carrera en solitario —como “Joy of My Life”, “Rock and Roll Girls” o “The Old Man Down the Road”— fueron bien recibidas, pero era evidente que el público despertaba especialmente con los himnos de la Creedence. “Born on the Bayou”, “Down on the Corner”, “Lookin’ Out My Back Door”, “Who’ll Stop the Rain?”, “Fortunate Son”… cada acorde era coreado, bailado, celebrado. Y cuando llegaron “Have You Ever Seen the Rain?” y “Proud Mary”, el recinto tembló, literalmente. Dos himnos eternos que convirtieron Mendizabala en un karaoke colectivo, de esos que se cantan con la garganta abierta y el corazón lleno.
Visualmente, el concierto fue también una delicia. Una pantalla gigante en alta definición acompañaba cada canción con imágenes evocadoras: carreteras infinitas, viajes en moto, pantanos, caimanes, escenas históricas de la CCR… un complemento perfecto que añadía narrativa y nostalgia al espectáculo, sin robar protagonismo a la música.
John Fogerty no ofreció solo un concierto. Ofreció una reivindicación alegre y vital de su historia. Demostró que no hay edad que limite el poder del rock cuando se toca desde la verdad, y que los clásicos, cuando están bien tocados, no envejecen nunca. El público lo ovacionó como a una leyenda viva, y él respondió con gratitud, sonrisas y pura energía.
Fue una noche para recordar. Una noche en la que el dueño de las canciones volvió a cantarlas a su manera, y todos los que estuvimos allí supimos que estábamos viviendo algo irrepetible.
David Aresté
Fotos: Azkena Rock Festival




