Sweden Rock – 3 de Junio 2026 – Sölvesborg
El Sweden Rock 2026 comenzó de una forma tan inesperada como espectacular. Antes incluso de que el programa oficial echara a andar, Europe apareció por sorpresa para ofrecer un breve concierto de 25 minutos que sirvió para inaugurar el festival y, de paso, confirmar su presencia en la próxima edición. Un regalo para los asistentes que marcó el tono de un primer día que demostró, una vez más, por qué este festival sigue siendo una referencia absoluta para cualquier amante del rock y el metal.
Con el recinto despertando poco a poco y los primeros miles de asistentes tomando posiciones entre escenarios, nuestra primera parada fue el Rock Stage para asistir al regreso de The Poodles. La reunión tenía una excusa perfecta: celebrar el vigésimo aniversario de Metal Will Stand Tall, el disco que les abrió las puertas del éxito.
El concierto arrancó de forma algo contenida, con la sensación de que tanto banda como público necesitaban unos minutos para volver a encontrarse. Sin embargo, conforme avanzó el repertorio, el grupo fue ganando confianza y terminando de engrasar una maquinaria que llevaba demasiado tiempo parada. Además, dejaron varios guiños para los seguidores más fieles recuperando canciones poco habituales como “Shadows”, que no interpretaban desde 2014, o “Without You”, ausente de sus directos desde 2008.
Con Jakob Samuel ejerciendo de perfecto maestro de ceremonias, The Poodles acabaron encontrando el ritmo y la conexión que se esperaba de ellos. Temas como “Thunderball”, “Crying” o “Line of Fire” fueron elevando la temperatura de un público cada vez más entregado, hasta desembocar en un tramo final que terminó conquistando definitivamente al Rock Stage.
Y es que pocas maneras mejores había de cerrar su regreso que encadenando “Like No Tomorrow”, “Seven Seas” y “Night of Passion”. Tres clásicos que transformaron un concierto que había ido claramente de menos a más en una auténtica celebración del hard rock melódico sueco. No sabemos cuáles serán los siguientes pasos de la banda una vez termine el verano ni si esta reunión tendrá continuidad a largo plazo, pero sí sabemos que los seguidores españoles podrán volver a disfrutar de ellos en el Zurbarán Rock de Burgos.
A medida que avanzaba la mañana y el sol comenzaba a apretar con fuerza, tocaba cambiar completamente de registro. Bajo un calor abrasador aparecía Jared James Nichols en el escenario Blåkläder dispuesto a seguir conquistando terreno en Europa.
Nuestro grandullón favorito llegaba al Sweden Rock apenas dos días antes de la publicación de Louder Than Fate, su nuevo trabajo, y en un momento especialmente positivo para su carrera. Hace no demasiado lo vimos en el Monsters of Rock Cruise y también en su propia gira, así que cada vez que vuelve a cruzarse en nuestro camino es como reencontrarse con un viejo conocido.
Lo curioso de esta ocasión es que jugaba fuera de su zona de confort. El propio Jared se encargó de comprobar durante el concierto que buena parte de los asistentes nunca le había visto en directo. Lejos de acusarlo, pareció crecerse ante el reto. Más salvaje que nunca, descargó un show lleno de garra y actitud, apoyándose en un sonido potente y directo que encajó a la perfección con el ambiente del festival.
Además, tuvo la valentía de presentar casi la mitad de Louder Than Fate cuando el disco ni siquiera había salido a la venta. “Easy Come, Easy Go”, “Ghost”, “Way Back”, “Runnin’ Hot” o “Killing Time” sonaron con total naturalidad junto a temas ya habituales de su repertorio, demostrando la confianza que tiene en este nuevo material.
El cierre con “Nails in the Coffin” y la imprescindible versión de “War Pigs” puso el punto final a una actuación que confirmó el gran momento que atraviesa el músico de Wisconsin.
Si Jared aportó músculo y blues rock al primer día, uno de los momentos más especiales de toda la jornada estaba todavía por llegar. Pocos conciertos despertaban tanta expectación en esta edición del Sweden Rock como el de Roy Khan.
Tras su regreso a la actividad con Conception, el vocalista noruego decidió dar un paso más y volver a interpretar material de Kamelot, algo que parecía impensable hace apenas unos años. La gira conmemorativa del vigésimo aniversario de The Black Halo se ha convertido por méritos propios en uno de los acontecimientos del año para los seguidores del metal melódico.
Como ya había ocurrido en el resto de fechas de la gira, Khan estuvo acompañado por los músicos de Seven Spires, con Adrienne Cowan asumiendo un papel fundamental tanto en las partes vocales como en la puesta en escena. El rodaje de la banda era evidente desde el primer minuto y permitió que canciones como “When the Lights Are Down”, “Soul Society”, “Center of the Universe” o “The Haunting (Somewhere in Time)” sonaran con una naturalidad asombrosa.
La abundante pirotecnia terminó de reforzar un espectáculo cargado de nostalgia y emoción, culminado por “Ghost Opera” y “March of Mephisto”. Alguien tenía que devolver estas canciones a los escenarios y, sinceramente, menos mal que fue él quien decidió hacerlo.
Desde la elegancia de Khan nos trasladamos hasta el Festival Stage para encontrarnos con una propuesta completamente diferente. Allí esperaba Zakk Wylde al frente de Black Label Society, una de esas bandas que no necesitan demasiadas presentaciones.
Desde los primeros compases de “Funeral Bell” y “Name in Blood” quedó claro que el objetivo era golpear duro. Black Label Society desplegó uno de esos repertorios construidos para mantener la intensidad constante, alternando momentos más pesados con otros de mayor carga melódica gracias a canciones como “A Love Unreal” o “Heart of Darkness”.
La recta final con “Fire It Up”, “Suicide Messiah” y “Stillborn” terminó de poner patas arriba el escenario principal en una actuación tan sólida como efectiva.
Pero si hubo un concierto que terminó adquiriendo una dimensión especial gracias a las circunstancias, ese fue el de Michael Monroe. Su actuación en el Sweden Stage ya estaba funcionando a pleno rendimiento con clásicos como “Dead, Jail or Rock ‘n’ Roll”, “Motorvatin’” o “Last Train to Tokyo” cuando apareció la lluvia.
Lo que para otros habría sido un problema se convirtió en gasolina para el espectáculo. El ambiente se volvió todavía más punk, más salvaje y más caótico. Mientras las gotas seguían cayendo, Monroe hizo lo que mejor sabe hacer: vivir cada segundo como si fuera el último.
Corriendo de un lado a otro sin parar, interactuando constantemente con el público y encontrando incluso el momento para trepar por la estructura del escenario, volvió a demostrar que sigue siendo uno de los frontman más carismáticos del circuito.
El cierre con “Up Around the Bend” y “I Feel Alright” puso punto final a una actuación memorable. Lo suyo no es nostalgia ni revisionismo, es una forma de entender el rock and roll que sigue funcionando décadas después: descarada, imprevisible y peligrosamente divertida. Por suerte, no tardaremos demasiado en volver a disfrutar de él por nuestro país, ya que Michael Monroe estará en septiembre en el Rock The Sun y regresará en octubre con una nueva gira española. Lo suyo no es nostalgia ni revisionismo, es una forma de entender el rock and roll que sigue funcionando décadas después: descarada, imprevisible y peligrosamente divertida. Como si los fantasmas más elegantes del Sunset Strip se hubieran ido de fiesta con los macarras del CBGB bajo una tormenta sueca.
Cuando la lluvia ya había desaparecido y buena parte de los asistentes ponían rumbo al Festival Stage para ver a Volbeat, nosotros decidimos hacer justo lo contrario. Mientras los de Michael Poulsen ponían más dificultades de las deseables al trabajo de la prensa, optamos por dirigirnos a la carpa para descubrir cómo sonaban Seven Spires defendiendo su propio material después de haber acompañado a Roy Khan horas antes.
Y la decisión no pudo ser más acertada. La banda liderada por Adrienne Cowan confirmó todas las buenas sensaciones que había dejado durante el concierto del vocalista noruego, mostrando una personalidad propia capaz de combinar elegancia, técnica y una intensidad difícil de encontrar incluso dentro de la escena actual.
Temas como “Songs Upon Wine-Stained Tongues”, “Almosttown”, “Love’s Souvenir” o “This God Is Dead” fueron recibidos con entusiasmo por una audiencia completamente entregada.
Precisamente durante “This God Is Dead” llegó uno de los momentos más especiales de toda la noche, con la aparición de Roy Khan para interpretar junto a Adrienne Cowan las partes que ambos comparten en la grabación de estudio. Un detalle que sirvió para cerrar el círculo iniciado horas antes y que provocó una de las mayores ovaciones de la jornada.
Y quizá ahí resida una de las grandes virtudes del festival. En apenas unas horas habíamos pasado por el hard rock melódico de The Poodles, el blues rock musculoso de Jared James Nichols, la emoción de Roy Khan, la contundencia de Black Label Society, el caos glam punk de Michael Monroe y la elegancia moderna de Seven Spires.
Seis conciertos completamente distintos, seis maneras de entender la música y una sola conclusión: el Sweden Rock sigue siendo uno de los pocos lugares donde todo eso puede convivir con absoluta naturalidad.
Susana Manzanares / David Aresté
