Sweden Rock – 6 de Junio 2026 – Sölvesborg
Tras el chaparrón del día anterior, a los dioses suecos debió de acabárseles el agua, porque nos regalaron un cierre de festival con un sol plenamente veraniego. Coincidiendo además con la celebración del Día Nacional de Suecia, el recinto se llenó de camisetas amarillas y azules que teñían el público de los colores de la bandera nacional, mientras un cartel dominado por bandas locales reforzaba aún más el ambiente festivo. Eso sí, después de cuatro días de festival, el sol ya encontró poco que conquistar: brazos, caras, hombros y alguna que otra barriga lucían el inconfundible tono rojizo del asistente veterano, ese que vuelve a casa con más recuerdos que melanina.
Entramos cuando Nina Söderquist se disponía a interpretar el himno sueco, acompañada por una formación de auténtico lujo con Mikkey Dee a la batería y varios miembros de The Night Flight Orchestra.
Al igual que Eclipse había hecho dos días atrás, Treat ocupó el Rock Stage a primera hora de la mañana. La diferencia era que, además de presentar su reciente Wild Card, sobre el ambiente flotaba una cierta sensación de despedida. En teoría, esta será la última gira de la banda y el público respondió como si fuera plenamente consciente de que quizá estaba viviendo una de las últimas oportunidades para disfrutar de una de las grandes referencias del hard rock sueco.
Desde los primeros acordes quedó claro por qué Treat siempre convence. Da igual el tamaño del escenario o la hora del concierto: la banda mantiene intacta esa elegancia y precisión que la ha acompañado durante toda su carrera. Robert Ernlund volvió a firmar una actuación sobresaliente, combinando una voz que sigue sonando magnífica con una presencia escénica llena de naturalidad y cercanía.
El repertorio alternó varias composiciones de Wild Card con clásicos imprescindibles como “Skies of Mongolia”, “Rev It Up”, “Get You on the Run” o “World of Promises”. Precisamente durante esta última llegó uno de los muchos guiños al Día Nacional de Suecia, incorporando un fragmento del himno que fue recibido con una enorme ovación por parte del público. No sería el último homenaje que escucharíamos a lo largo de la jornada.
Cuesta imaginar el panorama del hard rock escandinavo sin Treat. Ojalá esta despedida no sea definitiva tal y como lo hablábamos con ellos, porque pocas bandas mantienen un nivel tan alto después de tantos años. Por suerte, todavía tendremos ocasión de volver a disfrutar de ellos muy pronto en el Rock The Sun de Barcelona, donde llegarán presentando Wild Card y, en principio, despidiéndose también de los escenarios españoles.
Tocaba volver a enfundarse el chaleco de parches para acercarse a la carpa y reencontrarnos con Tailgunner. Los británicos ya nos habían causado una magnífica impresión durante su gira española abriendo para HammerFall y, una vez más, confirmaron que son uno de los nombres con mayor proyección del heavy metal clásico actual.
Su propuesta bebe directamente de la escuela británica de los años ochenta. No buscan reinventar absolutamente nada, sino recuperar la esencia del heavy metal más tradicional con riffs afilados, melodías épicas y una energía contagiosa. Temas como “White Death”, “War in Heaven” o “Follow Me in Death” sonaron con una contundencia admirable.
Gran parte del protagonismo volvió a recaer sobre Craig Cairns. Resulta inevitable encontrar cierto parecido físico con Kenny Leckremo, cantante de H.E.A.T., tanto por su imagen como por algunos gestos sobre el escenario. Más allá de esa curiosidad, volvió a demostrar que posee un registro ideal para este tipo de repertorio y una actitud completamente entregada.
Respaldados por Napalm Records, Tailgunner continúa creciendo con discos como Midnight Blitz paso a paso y actuaciones como esta explican perfectamente el motivo. Potencia, velocidad, convicción y mucho octanaje para una banda que parece destinada a ocupar un lugar importante dentro de la nueva generación del heavy metal europeo.
Hablar de Yngwie Malmsteen en Suecia siempre tiene un significado especial. El virtuoso regresaba a casa y el público respondió reuniéndose en masa frente al Festival Stage pese al calor sofocante que caía sobre el recinto. Una gigantesca pared de amplificadores Marshall presidía el escenario antes incluso de que apareciera el guitarrista, dejando claro que el espectáculo giraría, una vez más, alrededor de su inconfundible figura.
Musicalmente hubo poco que reprochar. “Far Beyond the Sun”, “Black Star” o el eterno “Rising Force” volvieron a demostrar que sigue siendo uno de los guitarristas más espectaculares de la historia del rock. Cambió varias de sus inseparables Stratocaster blancas a lo largo del concierto, mantuvo completamente ocupado a su técnico durante toda la actuación y terminó destrozando una de ellas en el escenario, una costumbre que sigue provocando sentimientos encontrados entre los aficionados, especialmente entre quienes sufren viendo desaparecer un instrumento de semejante categoría.
Como ya ocurrió en su última visita a España, volvió a ser él mismo quien asumiera la mayor parte de las voces. Es inevitable pensar que la banda ganaría muchos enteros con un cantante de primer nivel como ocurrió durante sus mejores años, pero la relación de amor odio de Yngwie y sus vocalistas es bien conocida. Aun así, el sueco sigue tocando de forma extraordinaria y eso basta para justificar buena parte del espectáculo. Curiosamente, esta vez se mostró algo más cercano con el resto de músicos, situados nuevamente a un lado del escenario, intercambiando algunas miradas y gestos que no siempre forman parte de sus conciertos.
Incluso él mismo reconoció durante la actuación que le resultaba casi surrealista ver a tanta gente reunida para verlo tocar en su propio país (rechazado por ellos años atrás por irse a hacer carrera a Estados Unidos). También encontró un momento para homenajear el Día Nacional de Suecia incorporando un breve guiño al himno nacional antes de despedirse entre una enorme ovación. Además, ya ha anunciado un nuevo disco de estudio, por lo que todo indica que el genio de las seis cuerdas todavía tiene mucho que decir.
Del virtuosismo neoclásico pasamos directamente a una de las mayores fiestas del festival. Alestorm convirtió el Rock Stage en una auténtica celebración pirata donde el calor dejó de importar desde el primer minuto. Los escoceses volvieron a demostrar que son una apuesta absolutamente segura en cualquier gran festival europeo.
La respuesta del público fue espectacular. Miles de personas acudieron dispuestas a bailar, saltar y corear cada estribillo, transformando la explanada en una enorme fiesta donde no faltaron los disfraces, las coreografías improvisadas y el sentido del humor que siempre acompaña a la banda.
Canciones como “Mexico”, “Drink”, “P.A.R.T.Y.”, “Keelhauled” o “Fucked With an Anchor” hicieron exactamente lo que se esperaba de ellas: provocar sonrisas, levantar vasos al aire y recordar que el metal también sabe reírse de sí mismo sin perder un ápice de contundencia.
Puede gustar más o menos su propuesta, pero hay algo indiscutible: Alestorm nunca falla cuando se trata de animar un festival. Una vez más, los escoceses salieron vencedores convirtiendo su concierto en una de las grandes celebraciones colectivas de toda la jornada.
Mientras gran parte del público seguía disfrutando de las propuestas más multitudinarias, la carpa ofrecía una nueva oportunidad para los amantes del folk metal con la actuación de Skyclad. Los británicos volvieron a demostrar por qué son considerados uno de los grandes pioneros del género, combinando guitarras afiladas con el característico protagonismo del violín en un repertorio tan festivo como elegante.
Aunque su concierto fue relativamente breve, bastó para dejar un excelente sabor de boca. “The Parliament of Fools”, “Anotherdrinkingsong” o “Inequality Street” sirvieron para mantener el ambiente festivo mientras el festival comenzaba a afrontar sus últimas horas de vida.
Uno de los momentos más especiales de la jornada comenzó incluso antes de que sonara la primera nota. Coincidiendo con el Día Nacional de Suecia, una banda de música acompañada por majorettes desfiló por el recinto escoltando a The Halo Effect hasta el Festival Stage, regalando una imagen tan curiosa como entrañable que solo podía vivirse en un festival como este.
Una vez sobre el escenario desapareció cualquier rastro de ceremonia institucional. Mikael Stanne y el resto de la banda descargaron una auténtica tormenta de death metal melódico con la autoridad de quienes llevan décadas escribiendo la historia del género. Puede que The Halo Effect sea una formación relativamente reciente, pero basta mirar quiénes la integran para comprender que estamos hablando de auténticas leyendas de la escena sueca.
Fue una de las últimas grandes descargas del Festival Stage y una magnífica demostración del enorme nivel que sigue manteniendo el death metal melódico sueco. En una jornada dedicada a celebrar la música del país anfitrión, The Halo Effect volvió a recordar por qué Suecia continúa siendo una referencia absoluta dentro del metal mundial.
La recta final del festival también dejó espacio para una de las bandas que mejor representa el renacimiento del sleaze rock escandinavo. Crashdïet regresaba al Sweden Rock con el orgullo añadido de jugar en casa y eso se notó desde el primer instante. Los suecos habían preparado una pequeña pero efectiva producción para uno de los escenarios secundarios, presidida por un enorme telón con el logotipo de la banda y varios cañones de humo que aportaron todavía más espectacularidad al concierto.
Presentaban dos adelantos de su próximo trabajo, Chaos Magnetic, con el estreno en directo de “Chaos Magnetic” y “Quitter”, aunque el grueso del repertorio volvió a recaer sobre los temas que los han convertido en una de las referencias del hard rock moderno. “Cocaine Cowboys”, “Chemical”, “Generation Wild” o “In the Raw” fueron recibidas con el entusiasmo habitual por un público completamente entregado.
Tras su reciente paso por Zaragoza, el grupo volvió a demostrar que atraviesa un excelente momento de forma. La implicación de toda la banda fue absoluta, quizá todavía mayor por tratarse del Día Nacional de Suecia y por la responsabilidad de actuar en uno de los festivales más importantes del país. Incluso un pequeño contratiempo con la guitarra de Martin durante “Sick Enough for Me”, que obligó a reiniciar la canción, fue recibido entre aplausos y sonrisas.
Crashdïet sigue creciendo concierto tras concierto y actuaciones como esta invitan a pensar que muy pronto necesitarán escenarios de mayor capacidad. Su combinación de actitud, grandes estribillos y un directo cada vez más sólido los mantiene como uno de los nombres imprescindibles del hard rock escandinavo actual.
¿Soul en el Sweden Rock? Por supuesto que sí. Uno de los grandes atractivos del festival es precisamente esa capacidad para abrir sus puertas a estilos que, sobre el papel, parecen alejados del rock y el metal. La carpa volvió a registrar una magnífica entrada para recibir a Nikki Hill, que ofreció uno de los conciertos más intensos y sorprendentes de toda la jornada.
La cantante de Carolina del Norte, afincada desde hace años en Nueva Orleans, salió al escenario convertida en un auténtico vendaval. Durante su hora de actuación no bajó la intensidad ni un solo instante, repasando buena parte de su carrera. Cada canción desprendía una mezcla irresistible de soul, rhythm & blues, rock and roll y una actitud completamente arrolladora.
Hay algo especial en muchos músicos procedentes de ciudades como Memphis, Nashville o Nueva Orleans. Da la sensación de que la música forma parte de su manera de entender la vida desde pequeños, y Nikki Hill transmite precisamente eso. Se nota que disfruta cada segundo sobre el escenario, tanto cuando canta como cuando interactúa con sus compañeros o se dirige al público.
A su lado volvió a brillar su marido, el guitarrista Matt Hill, auténtico responsable de aportar el lado más eléctrico y contundente del repertorio. Entre ambos construyeron un concierto que fue creciendo constantemente hasta convertirse en una auténtica explosión de energía. Después de verla sobre un escenario de festival, nos quedamos con enormes ganas de comprobar cómo debe sentirse una actuación suya en una sala de pequeño aforo.
Mientras buena parte del público ponía rumbo al escenario principal para ver a Bring Me The Horizon, nosotros decidimos terminar el festival de la misma forma en la que lo habíamos vivido durante cuatro días: dejándonos sorprender por la escena sueca. La elección fue Sha-Boom, uno de esos nombres fundamentales para entender el hard rock melódico del país, que volvió a demostrar que las buenas canciones siguen siendo el mejor argumento para llenar una carpa.
Lejos de sonar como una simple mirada al pasado, el nuevo material encajó perfectamente junto a clásicos como “R.O.C.K.”, “The Wild Ones” o “Only Love”, confirmando que el grupo sigue teniendo mucho que ofrecer varias décadas después de su nacimiento.
Con estribillos irresistibles, melodías pegadizas y una actitud completamente festiva, Sha-Boom convirtió la carpa en una auténtica celebración del AOR y el hard rock escandinavo. El público respondió cantando, bailando y disfrutando de un repertorio que recuperó toda esa esencia ochentera que convirtió a la banda en una de las grandes referencias del género en Suecia.
Con los últimos acordes llegó el momento de abandonar, una vez más, Norje. Cuatro días después de cruzar las puertas del Sweden Rock Festival quedaba la sensación de haber asistido a una auténtica celebración de la música en todas sus formas. Hard rock, heavy metal, AOR, thrash, death melódico, progresivo, folk, industrial, blues, soul o rock and roll convivieron con absoluta naturalidad dentro de un recinto donde todo parece funcionar con una precisión admirable.
Más allá de un cartel espectacular, Sweden Rock vuelve a marcar diferencias por muchos pequeños detalles: como hemos dicho en todas las crónicas, un sonido sobresaliente y celestial en todos los escenarios, una organización impecable, puntualidad casi milimétrica, un recinto limpio incluso después de los chaparrones y un ambiente donde varias generaciones disfrutan juntas de la misma pasión. Aquí da igual si el protagonista es Iron Maiden, Helloween, Nikki Hill o una joven banda que actúa a mediodía; todas reciben el mismo respeto y las mismas condiciones para ofrecer el mejor concierto posible.
Esta edición volvió a demostrar el enorme orgullo que Suecia siente por su propia música. La celebración del Día Nacional, el protagonismo de las bandas locales y la extraordinaria respuesta del público convirtieron la jornada final en algo más que un cierre de festival: fue una auténtica celebración de la identidad musical sueca.
Con la vista puesta ya en la próxima edición, abandonamos Norje con esa mezcla de cansancio y satisfacción que solo dejan los grandes festivales. Sweden Rock no es únicamente una sucesión de conciertos; es una experiencia que cualquier aficionado al rock y al heavy metal debería vivir al menos una vez. Nosotros, desde luego, ya estamos contando los días para volver.
Susana Manzanares / David Aresté
