“Por increíble que pueda parecer hoy, «Bohemian Rhapsody» estuvo a punto de no ver la luz. Considerada demasiado larga y atípica por el productor, esta canción-puzzle es desconcertante en más de un aspecto. ¿Pero acaso lo propio de las obras maestras no es romper los códigos?”
Parece que los astros se alinean y, justo en una etapa en la que prácticamente lo único que leo son novelas gráficas, llega a mis manos otra de la serie “La Novela Gráfica del Rock” que publica Redbook Ediciones dentro de su sello Ma Non Troppo. En esta ocasión no aparece el carisma desquiciado de nuestro amigo Ozzy (robando televisores que se le caen encima y ropa de bebé que no puede revender, nunca me canso de contarlo), pero tenemos a uno de los mejores frontmans de la historia y uno de los grupos más grandes que han existido. Redoble de tambor para los míticos, legendarios, incomparables: Queen.

Tengo que decir ya de entrada que esperaba una novela gráfica al uso, como muchas otras de la colección, pero resulta que es un híbrido y se alternan páginas de cómic con textos documentales sobre la banda (elaborados por Sophie Blitman y acompañados también de ilustraciones y fotografías) y las historias individuales de sus miembros (aunque el foco está muy centrado en Freddie Mercury, no podía ser de otra forma). Hay bastante fluidez entre los saltos de formato y, además, es detallista al nivel de incluir hasta un análisis del famosísimo blasón real que el cantante diseñó como símbolo del grupo. No es tan ligero como una novela gráfica clásica, pero si quieres algo a medio camino entre un ensayo más denso y un recorrido ilustrado que recoge lo más esencial, pues aquí has encontrado un nuevo amigo.
Esta novela gráfica es un proyecto colaborativo de una larga lista de artistas. Profundizando un poco en este tema del apartado artístico, pasa lo de siempre con proyectos colaborativos de estas dimensiones: algunos funcionan mejor que otros (a criterio personal) y, la verdad, es un formato del que no soy demasiado fan. Entiendo lo que aporta este estilo de colaboración y es una cantera de talentos por descubrir, pero me gusta mucho más que haya una consistencia estética o que, en todo caso, la alternancia esté justificada por una necesidad marcada de cada parte (que los flashbacks sean cosa de un dibujante diferente para crear una barrera temporal clara a través del arte, o episodios oníricos, por poner un par de ejemplos). La opción elegida me hace apreciar el trabajo de algunos artistas pero, al final, no siento que aporte mucho al proyecto y la cohesión del mismo.
Volviendo a Queen, el aura de leyendas del rock que trascienden todas las barreras culturales es impresionante. Todo lo que rodea a este grupo es puro show. La estética, la innovación, el manejo del público en los conciertos, la presencia escénica impecable, canciones que tienes tan interiorizadas como parte de tu vida que, a veces, hasta se te puede olvidar que en cierto momento fueron creadas por una banda, como si hubieran estado siempre ahí, eternas y atemporales. Recuerdo que, incluso, cuando hace años conocí al hijo de Roger Taylor, Rufus (que ejerce también como batería en el grupo The Darkness), me sentía como si estuviera delante de un miembro de la realeza (un tío totalmente encantador por cierto, como el resto de esa banda si se me permite mencionarlo). La narración clásica de “empezamos con un sueño y conquistamos el mundo” no termina con la muerte de Freddie, hay un pequeño… digamos “epílogo” que resume la vida después de la pérdida del cantante, su legado y su influencia en otros artistas de décadas posteriores.

Incluso con los aspectos que no me han entusiasmado, esta novela gráfica me parece un reflejo mucho más fiel, respetuoso y grandioso de lo que fue (y sigue siendo) esta banda y todos sus miembros que lo que hizo la película “Bohemian Rhapsody”, que me pareció casi una producción de sobremesa para la tele, pero con más presupuesto para pelucas. No me arrepiento de nada de lo que acabo de escribir.
Marta Montero



