“Aunque a priori no lo parezca, la música y la moda han caminado de la mano a lo largo de la historia, uniéndose para ser escaparate del momento presente y de los sucesos que en cada tiempo afectaban a la sociedad. La evolución de una se ha visto fuertemente ligada a la de la otra, la mayoría de las veces como algo inconsciente y espontáneo, reflejo de lo que la gente de cada época sentía y quería expresar”.

Quizás esto suena ya a pertenecer al mundo viejuno (de verdad que intento tener la mente abierta y siempre busco cosas nuevas en todas las disciplinas artísticas que me interesan), pero hace poco tuve una conversación (varias, realmente, empecé a hacer casi una encuesta sobre esto) sobre cómo cada vez veo más adolescentes que visten exactamente igual. Mismo peinado, chaqueta, estilo, casi sin señales de identidad, sin manifestar externamente casi nada. Ropa simple, ropa sin dibujos, ropa sin identidad.

Claro que cuando yo era adolescente había subgrupos, tribus urbanas con chavales cortados por el mismo patrón según correspondía, pero el conjunto era variado. Las diferencias existían, no era una masa de ropa de deporte marrón. No digo que haya dejado de existir, no digo que no haya excepciones, es una sensación general sobre todo en ciertas franjas de edad. La lectura de este libro me ha hecho sentir todavía más esa, vamos a llamarla, homogeneización de la moda (curioso acontecimiento teniendo en cuenta que en teoría ahora la gente tiene muchas más opciones a mano cuando van a comprar que “pantalón de tiro bajo o nada porque es la moda y es lo que hay”).

El libro en cuestión es “Rock & Arte y Estética”, de los autores Erik Oz y Lorena Montón, que puedes encontrar en el sello Ma Non Troppo de Redbook Ediciones. Una mezcla de historia, estética y sociología, un viaje de la mano de la nostalgia, la evolución sociocultural.

Este recorrido por la rica relación entre la moda y la música abarca casi un siglo, estructurado en 8 décadas, pasando por los 50 hasta los 2000 y adentrándose en ellos hasta llegar a la actualidad. Amigo, no te libras del k-pop. Por estas páginas desfilan hippies, pin-ups, preppies, mods, el glam rock, el punk, el rockabilly, el emo, los grunges…

La verdad es que, como siempre, la sección que más esperaba es la previsible si habéis leído algo escrito por mí, que una tiene debilidad especial por los 80 y los cardados al límite, qué le vamos a hacer. Quizás es fruto de algo que podría llamar romanticismo por compensación, porque sí que recuerdo con claridad las mallas de tiro bajo combinadas con las plataformas con calentadores por encima de los dos mil y claro, mi mente hay cosas que prefiere olvidar.

Los autores hacen un ejercicio muy interesante que, por supuesto, va mucho más allá de la estética (aunque sea uno de los focos del ensayo) y mira en el significado, en la evolución, en la revolución, en cómo esos movimientos que se veían en el exterior realmente eran la capa visible de algo mucho más profundo, de las inquietudes de los jóvenes, la cultura de la época, la música que también era un espejo en el que se reflejaban todos los cambios sociales.

La mirada desde el futuro les permite ver desde la distancia cómo algunos de esos movimientos, en su origen subversivos y alternativos, se convirtieron en parte de, no sólo tendencias populares, sino también en, irónicamente, máquinas de hacer dinero o al menos un engranaje más del monstruo consumista contra el que actuaban.

Probablemente esta es la señal que esperabas para leer este libro (obviamente) pero también, en el caso de que hayas abandonado ese camino, para ver si alguna de esas prendas que te representaron en algún momento y quizás ya no usas, puede que por haberte quedado estancado en la comodidad y la monotonía, todavía te sirven y te recuerdan lo divertido y liberador que es manifestar tu personalidad e intereses a través de tu ropa.

Porque nunca fue solamente una fase, ya sabes.

rock-arte-redbook «Rock & Arte y Estética» de Redbook Ediciones: la música también se lleva puesta