Rock Imperium – 27 de Junio 2025 – Parque El Batel – Cartagena (Murcia)
Bajo un sol implacable y con temperaturas que pusieron a prueba tanto a músicos como a asistentes, el segundo día del festival se convirtió en una auténtica maratón sonora, donde el talento local, las apuestas internacionales y los nombres legendarios se sucedieron sobre el escenario sin dar tregua. El festival volvió a demostrar su capacidad para reunir estilos, generaciones y escenas bajo una misma bandera: la del amor por el rock y el metal en todas sus formas.
Los locales Drunkskull con su potente mezcla de thrash y groove metal, fueron los encargados de abrir la segunda jornada del Rock Imperium 2025 en Cartagena. El sol castigaba sin piedad a las 14:00 h, y solo unos pocos valientes se atrevieron a plantarse frente al escenario bajo el calor asfixiante. Sin embargo, la banda no tardó en dejar claro que su entrega no iba a depender del número de asistentes ni de la temperatura. Con “God of Thunder” como apertura, pusieron en marcha una descarga sonora que no dio tregua. Los riffs afilados y la batería implacable marcaron el ritmo de un set directo al cuello, con temas como “Don’t Tread”, “Nightmare” y la imponente “March of Iberians” demostrando por qué Drunkskull se ha consolidado como una de las formaciones más sólidas del underground nacional.
A pesar de las condiciones, la banda desplegó una energía arrolladora que contagió al público presente. “Run for Your Life” y “Get Off My Head” sonaron como auténticas bombas en directo, con un sonido compacto y una ejecución sin fisuras. El cierre con “Wishes” fue un broche melódico y agresivo a partes iguales, dejando claro que Drunkskull no entiende de concesiones ni de horarios ingratos. Su paso por el Rock Imperium no solo fue una prueba de resistencia física, sino también una lección de actitud y potencia escénica, digna de los escenarios más exigentes del metal europeo.
Tras la descarga inicial de Drunkskull, y con el calor todavía apretando con fuerza en el recinto del Rock Imperium, los granadinos Oniric Prison tomaron el relevo en una franja horaria nada fácil. Lejos de amedrentarse, ofrecieron un concierto contundente y lleno de actitud, dejando claro que su mezcla de thrash metal y hardcore no entiende de horarios ni temperaturas extremas. Desde los primeros compases de “Blood Manifest” y “Everything”, la banda se mostró firme y decidida, desplegando un sonido crudo y compacto que mantuvo al público atento pese al clima hostil.
A lo largo del set, fueron desgranando temas como “Private Hell”, “Cave of Snakes” o “Reality Overdose”, mostrando una evolución clara respecto a su primer trabajo homónimo. Con su EP Slumber como columna vertebral del repertorio, ofrecieron una actuación sólida en la que destacó especialmente su entrega en el escenario. La interpretación de “Portrait of a Liar” y la versión final de “Arise” de Sepultura cerraron una actuación que, sin necesidad de grandes alardes ni moshpits, dejó una impresión muy seria. Si Oniric Prison sigue en esta línea y se mueve con inteligencia, no sería descabellado verles escalar hacia niveles de repercusión similares a los de Crisix o Angelus Apatrida.
En una jornada aún joven del Rock Imperium, con el sol apretando y los primeros asistentes repartidos entre las sombras y las primeras filas, Head Phones President ofrecieron una de las actuaciones más intensas y peculiares del pasado 27 de junio. Formados en el año 2000 en torno a la enérgica Anza, actriz desde 1992 y eternamente ligada a la figura de Sailor Moon en su versión musical —más kawaii imposible—, la banda japonesa desplegó su mezcla de metal alternativo con tintes avantgarde en un show breve pero cargado de personalidad.
A pesar de salir tras la contundente descarga de thrash de Oniric Prison, y de que el público aún era reducido por ser el tercer grupo del día, los nipones lograron captar la atención con su enfoque visceral y emocional. Temas como “Until I die”, “Alive” o “Seeds Remain” dejaron claro por qué llevan más de dos décadas sobre los escenarios y por qué su presencia internacional —que comenzó en 2002 en Nueva York— se ha mantenido viva en Europa, Asia y Norteamérica. La apuesta de la organización por incluir bandas japonesas en el cartel volvió a sumar puntos con esta arriesgada pero acertada elección.
El foco absoluto del concierto fue Anza, sin lugar a dudas. Su voz, cambiante y desgarradora, iba de pasajes melódicos casi susurrantes a explosiones desquiciadas, propias de un estilo tan poco convencional como el de su banda. Pero fue su presencia escénica la que convirtió la actuación en una experiencia: muecas exageradas, bailes erráticos, gestos teatrales y una entrega total que transformó cada canción en una catarsis emocional. Su actuación no fue solo música, fue una performance emocional que removió a quienes se atrevieron a adentrarse en su universo.
Aunque no contaron con una gran audiencia, Head Phones President dejaron una marca imborrable en esta edición del festival. Su valentía estética y sonora demostró que el metal puede ir mucho más allá de los clichés y ofrecer algo verdaderamente único. Desde aquí solo podemos esperar que futuros carteles del Rock Imperium sigan apostando por el talento japonés —y por qué no, soñar con la presencia de sus compatriotas Galneryus en ediciones venideras. Japón tiene mucho que decir en el metal, y Cartagena ya lo está escuchando.
Hitten regresaron al Rock Imperium de Cartagena y lo hicieron con una descarga de heavy metal que confirmó por qué son uno de los nombres más sólidos del género en nuestro país. Salieron tras los italianos Secret Rule y desde el primer acorde quedó claro que jugaban en casa. No solo contaban con más público que las bandas anteriores, sino que el calor del público local les dio el primer gran empujón de la jornada. Con “While Passion Lasts”, “Mr. Know It All” y “Blood from a Stone” abrieron fuego, conectando con una audiencia que no tardó en entregarse al 100%.
La banda, que ya estuvo presente en la primera edición del festival, se mostró mucho más madura y rodada. El buen momento de forma que atraviesan quedó patente desde los primeros compases del show, avalado por hitos recientes como su concierto en Madrid abriendo para H.E.A.T. o su gira por Estados Unidos. Con cortes como “Ride Out the Storm”, “Meant to Be Mean” y “Hard Intentions”, Hitten combinó potencia y melodía con una puesta en escena efectiva, sin artificios, centrada en el músculo musical y la conexión con su gente.
El tándem formado por Johnny Lorca y Dani Meseguer brilló especialmente en este concierto, regalando un trabajo de guitarras preciso, lleno de garra y clase. En canciones como “Something to Hide”, “Twist of Fate” o “Eyes Never Lie”, sus solos y armonías elevaron el directo a un nivel de primerísimo nivel internacional. Al frente, Alex Panza volvió a demostrar por qué es una de las grandes voces del heavy europeo, manteniendo un altísimo nivel vocal pese al intenso sol que azotaba el escenario a esa hora.
Las primeras filas no dejaron de corear y alentar, con momentos álgidos en “Hold the Night” y el cierre apoteósico con “Built to Rock” e “In the Heat of the Night”. Hitten celebran este año 15 años de carrera y lo hacen con una profesionalidad y una entrega que muchos ya querrían. Tras haber demostrado su valía en giras compartidas y escenarios de renombre, solo queda que den el siguiente paso: su propia gira por salas españolas. Si siguen en esta línea, llenarlas no será un sueño, sino una consecuencia lógica.
Los veteranos del AOR murciano, 91 Suite, volvieron a pisar el escenario del Rock Imperium, consolidando su presencia en el festival por tercer año tras sus apariciones en 2022 y 2023. Esta vez compartieron jornada con Hitten, en un doble cartel murciano que dejó bien claro el nivel de talento que se cocina en la región. Tras el empuje más heavy de sus paisanos, 91 Suite supieron mantener el listón bien alto, ofreciendo un show más potente de lo habitual y, desde luego, mucho más cañero que el que ofrecieron en el Lion Rock Fest. Lejos de anclarse en la comodidad de su sonido melódico, optaron por una interpretación más afilada y directa.
Abrieron con “Seal It with a Kiss”, marcando desde el inicio un tono más eléctrico que meloso, para seguir con “Times They Change” y “Give Me the Night”, que sonaron con una solidez envidiable. La banda se mostró cómoda, bien empastada, y con una actitud que parecía querer dejar claro que el AOR también puede levantar polvo bajo el sol. Jesús Espín volvió a demostrar su solvencia vocal, mientras que la banda desplegó un sonido compacto, con riffs bien definidos y solos medidos.
El público, aún sacudiéndose el calor del mediodía, agradeció una propuesta que sabe equilibrar melodía y fuerza sin perder identidad. El setlist, basado principalmente en su último álbum Back in the Game (2022), mantuvo un ritmo constante con temas como “Starting All Over”, “All for Love” y “Give Me Your Heart”, que sonaron más vivos y dinámicos que nunca. La intensidad no decayó con “Hard Rain” y “Perfect Rhyme”, mientras que “Wings of Fire” aportó uno de los momentos más coreados del concierto. Pese a no contar con material nuevo en formato álbum desde hace tres años, 91 Suite demostraron que sus canciones siguen funcionando en directo con frescura y contundencia.
Para cerrar, eligieron su single más reciente, “See the Light”, lanzado este mismo 2025, que supuso un final redondo y esperanzador. El tema no solo dejó buenas sensaciones por su gancho y su cuidada producción, sino que sirvió como recordatorio de que la banda sigue viva creativamente. Con una actuación solvente, más potente de lo habitual y con momentos realmente destacados, solo queda esperar que este regreso al estudio no se demore y que pronto tengamos entre manos un nuevo álbum que les permita seguir girando, creciendo y ofreciendo material fresco a sus seguidores.
Bajo un sol inclemente que azotaba Cartagena en uno de los días más abrasadores del verano, Amaranthe volvió a pisar territorio español para seguir presentando The Catalyst (2024), su más reciente trabajo de estudio. Pese a la hora infernal en la que les tocó actuar, una multitud respondió al llamado, plantándose firme frente al escenario para recibir su buena dosis de metal melódico de alto voltaje.
A estas alturas, Amaranthe ya se acerca al hito de los 15 años de carrera, y su propuesta, que en sus inicios era una amalgama divertida y descarada de eurodance y metal moderno, ha ido dejando atrás ese brillo discotequero. Su directo ha virado hacia una puesta en escena más pesada y menos explosiva, algo que se notó especialmente en temas como “Call Out My Name”, al que en vivo le imprimieron una densidad que le restó parte de la frescura de su versión en estudio.
El grupo fue alternando temas de su nueva etapa con algunos clásicos infaltables. De The Catalyst sonaron, cómo no, cortes como la propia “The Catalyst”, “Damnation Flame” o “Boom!”, que han ganado empaque en directo, pero que también evidencian cierta tendencia a la linealidad en su sonido actual. La energía sigue ahí, pero se echa de menos ese punto de desenfreno que caracterizaba a sus primeros trabajos.
Hubo espacio para los infaltables: “The Nexus” y “Drop Dead Cynical” levantaron al público como era de esperar, mientras que la balada “Amaranthine” volvió a ocupar su habitual cuota emotiva en el setlist. No obstante, seguimos reivindicando la inclusión de otras baladas menos explotadas del repertorio de la banda, que podrían refrescar el show y ofrecer un matiz más interesante a mitad de concierto.
Uno de los momentos más comentados fue el inicio algo accidentado con Elize Ryd sufriendo problemas de micro que no se solucionaron hasta bien entrada la actuación. Aun así, supo mantener el tipo con profesionalidad, sin que el fallo llegara a empañar el conjunto.
Mención especial merece el bajista Johan Andreassen, que acusó especialmente el castigo del sol. La banda apareció al escenario bastante más “arreglada” de lo que pedía la temperatura abrasadora de la tarde, y el sueco se convirtió casi en un espejo del sufrimiento térmico, derrochando litros de sudor a la vista de todos.
Amaranthe salió, pese a todo, bien parado. Saben que su maquinaria en vivo funciona, y el público respondió con entusiasmo. El grupo confirmó que volverán a España en enero de 2026, esta vez acompañando a Epica, en una gira que les volverá a poner bajo los focos en sala, donde quizá su propuesta tenga más margen para brillar. En Cartagena, no dejaron a nadie indiferente, aunque también dejaron claro que el siguiente paso será clave para evitar que esa fórmula que un día fue explosiva no se vuelva, simplemente, predecible.
El sol apenas daba tregua en Cartagena cuando Stryper, una de las bandas más emblemáticas del metal cristiano, subía al escenario del Rock Imperium para celebrar su 40 aniversario. Lo hacían justo después del show de Amaranthe, y fue curioso —e incluso entrañable— ver cómo, mientras los suecos remataban su set, Michael Sweet ya se encontraba en el escenario, ejecutando una prueba de sonido meticulosa, cuidando hasta el último detalle. Un anticipo de lo que vendría: un concierto sólido, potente y, sobre todo, bien afinado.
El cuarteto angelino no solo vino a celebrar cuatro décadas de carrera, sino a dejar claro que su legado sigue vivo y en plena forma. Para ello se apoyaron en un setlist de 16 temas que repasó lo mejor de su catálogo, con especial protagonismo para su icónico To Hell with the Devil (1986), del que interpretaron varios cortes entre los que destacaron “Calling on You”, “The Rock That Makes Me Roll”, “More Than a Man” y, por supuesto, ese himno atemporal que da título al disco y que sirvió como cierre apoteósico del concierto.
También hubo espacio para clásicos como “Sing-Along Song”, “Loud ‘n’ Clear” o “Surrender”, y guiños a épocas más recientes con “No More Hell to Pay” o “The Valley”. Del más reciente When We Were Kings (2022), tan solo cayó la homónima “When We Were Kings”, quizá como gesto de que esta gira no era para mirar al presente, sino para rendir tributo al legado.
Fieles a su estética, lucieron sus inconfundibles trajes en negro y amarillo, como si el tiempo no hubiera pasado. La liturgia habitual tampoco faltó: biblias del Nuevo Testamento lanzadas al público al inicio y al final del show, completando ese sello característico que aún hoy sigue siendo tan suyo como su música.
Gracias a esa prueba de sonido concienzuda que ejecutó el propio Sweet, el resultado sonoro fue excelente. Su voz brilló con fuerza, al igual que su guitarra en tándem con Oz Fox, logrando ese tono afilado y melódico tan particular de la banda. En directo, Stryper mantiene su seña de identidad sin ceder un milímetro: riffs potentes, coros pegadizos y un mensaje positivo que sigue resonando con autenticidad.
Han pasado 14 años desde la última vez que los vimos en salas por España, y este concierto dejó un mensaje claro: el público sigue teniendo ganas de Stryper. La respuesta de los asistentes fue entusiasta, y muchos se quedaron con la sensación de que esta celebración de aniversario bien merecería una gira más cercana, más íntima. Esperamos que alguna promotora recoja el guante y nos los traiga de vuelta al circuito de salas. Cartagena fue testigo de una lección de constancia, oficio y pasión por el metal con mensaje. Cuatro décadas después, Stryper sigue cantando fuerte y claro. Y lo mejor: aún suenan con hambre.
Tras los vibrantes directos de Amaranthe y Stryper, la noche cartagenera se preparaba para recibir a unos veteranos que ya son parte del ADN de los veranos en España: Scorpions. Pero esta no era una cita más. En 2024, después de haber celebrado por todo lo alto el 40º aniversario de Love at First Sting con una gira de grandes recintos, los alemanes regresan a la carretera para conmemorar un hito aún más imponente: sus 60 años de carrera.
Antes de aparecer en escena, el grupo proyectó en las pantallas un vídeo repasando su historia, desde los años 60 hasta el presente, encendiendo la emoción del público incluso antes de sonar una sola nota. Un guiño elegante a su legado, que abría paso a un espectáculo que fue, de principio a fin, una celebración de la historia viva del hard rock.
El arranque con “Coming Home” ya marcó el tono: electricidad, fuerza y una banda bien engrasada. Siguieron con una ráfaga de clásicos como “Make It Real”, “The Zoo”, “Bad Boys Running Wild” o “Loving You Sunday Morning”, mientras el público, entregado, viajaba por las décadas con cada riff.
La base del repertorio siguió girando en torno al inmortal Love at First Sting (1984), con varios cortes que siguen encajando como un guante en directo. Del reciente Rock Believer solo sonó “Gas in the Tank”, un guiño mínimo a la actualidad, dejando claro que esta gira era puro homenaje. Entre lo más especial, el medley instrumental formado por “Top of the Bill / Steamrock Fever / Speedy’s Coming / Catch Your Train”, que dio aire a Klaus Meine, reservado pero certero durante toda la noche, sabiendo dosificar su voz para mantener intacto su inconfundible tono melódico.
Mikkey Dee, desde que se incorporó a la banda, ha supuesto una inyección de energía incontestable. Su solo de batería fue otro de los puntos álgidos del concierto, enmarcado por una plataforma propia y un juego de luces que, por momentos, devolvía la estética visual de los años dorados de la banda. A su lado, Schenker, con su habitual teatralidad, y un elegante Matthias Jabs, completaban esa imagen icónica que sigue funcionando como un reloj suizo.
Pero el golpe de efecto llegó en los bises. Con las primeras notas de “Blackout”, el escenario se transformó. Un gigantesco escorpión hinchable emergió sobre las cabezas del grupo, elevando el clímax visual del show y transportando a los asistentes, por un instante, a los conciertos mastodónticos de los 80. “Rock You Like a Hurricane” cerró el espectáculo con la fuerza de un trueno, dejando claro por qué esta banda sigue siendo imprescindible.
Scorpions demostraron en Cartagena que el tiempo no los ha desgastado, sino que los ha reafirmado. Con un show de alto nivel técnico, visual y musical, pusieron el broche de oro a una jornada histórica del Rock Imperium. Nadie sabe con certeza cuáles serán sus próximos pasos, pero si algo quedó claro, es que a estos escorpiones todavía les queda veneno para rato.
Si el concierto de Scorpions ya parecía insuperable, Gloryhammer tenía la difícil misión de mantener al público en pie en las horas más tardías del festival. Una tarea que, al igual que Kissin’ Dynamite en otra jornada del Rock Imperium, parecía cuesta arriba… pero terminó siendo una de las sorpresas más festivas y efectivas del día.
Tras su paso fugaz por algunos festivales en los últimos años, la banda volvía a sumarse al circuito veraniego en toda regla. Y lo hacía sin perder ni un ápice de su descaro escénico ni de su buen humor habitual. De hecho, antes siquiera de que sonara una nota de su propio repertorio, ya habían arrancado sonrisas con una escena tan absurda como gloriosa: una figura de cartón de Tom Jones apareció en el escenario mientras sonaba por los altavoces una versión grabada de “Delilah”, arrancando coros improvisados y carcajadas entre los presentes. Un calentamiento tan inesperado como brillante.
Acto seguido, con la épica desatada y envueltos en atuendos de guerreros espaciales y medievales (porque en su universo eso no es incompatible), los británicos abrieron fuego con “The Land of Unicorns” y no levantaron el pie del acelerador en ningún momento. Su descarga de power metal velocista, melódico y absolutamente desquiciado funcionó como una inyección de adrenalina tardía para un público que, lejos de dispersarse tras los cabezas de cartel, se entregó sin reservas a la propuesta de los de Angus McFife.
El setlist fue, como de costumbre, un desfile delirante de títulos imposibles, universos alternativos, guerreros hoots y fuego cósmico. Sonaron clásicos de su repertorio como “Fly Away”, “Universe on Fire”, “Wasteland Warrior Hoots Patrol”, “Hootsforce” o la inevitable “The Unicorn Invasion of Dundee”, que fue uno de los momentos más coreados del concierto. También hubo espacio para “Keeper of the Celestial Flame of Abernethy” y el himno “On a Quest for Aberdeen”, todos ejecutados con precisión y sin renunciar al humor característico de la banda.
Uno de los puntos fuertes fue, sin duda, el gran trabajo vocal de su actual cantante, que combinó potencia, teatralidad y tono épico a lo largo de todo el concierto, elevando aún más la fantasía ya de por sí sobredimensionada del show.
Como outro para cerrar con una última carcajada colectiva, sonó el clásico de Status Quo por los altavoces, “Rockin’ All Over the World”, que terminó de convertir el concierto en una fiesta metalera sin complejos. Antes, eso sí, sonó “The National Anthem Of Unst”, reforzando el carácter paródico y autoparódico de una banda que siempre sabe reírse de sí misma… y arrastrarte con ella.
Gloryhammer demostró que, incluso en los últimos turnos del día, se puede ofrecer un show potente, divertido y lleno de calidad musical. Una sorpresa mayúscula a última hora, que se ganó al público a base de riffs, falsetes, bromas y, cómo no, unicornios. Porque no todo en el metal tiene que ser serio… y ellos son los reyes de esa fiesta.
Al igual que el primer día, este segundo se acabó con una ración de metal extremo para las almas oscuras del lugar que disfrutaran con Decapitated, último giro de estilo reafirmando una vez más la variedad del cartel.
Texto: David Aresté
Fotos: Susana Manzanares
