Garage Sound Festival – 15 de Julio ’17 – Auditorio Miguel Ríos, Rivas-Vaciamadrid (Madrid)

Grandes sensaciones nos quedaron el día anterior, por lo que con ánimo empezamos pronto la jornada, aguantando estoicamente el calor allí reinante.

Alberto López
Fotos: Mario López

Ya a medio día empezaba el movimiento con una American Party, barbacoa incluida, que amenizaron los madrileños Folson Prison Band con una buena dosis de Country.A primera hora de la tarde tocaba una de las citas ineludibles del festival, que no era otra que ver a Los Brazos y su Blues-Rock de alto octanaje. Las 16:50, con casi 40 grados, seguramente no sea la mejor hora, pero lo cierto es que el trío bilbaíno salieron a comerse el mundo y consiguieron una gran respuesta por parte del público.

Tras pegar el pelotazo con “GAS”, la banda ha estado girando casi sin parar, y hay que reconocer que a su inherente calidad como músicos le han sumado un directo potente, enérgico y a prueba de bombas. No se cortaron en comenzar con uno de los dos temas nuevos que nos ofrecerían esa tarde. “One Way” sigue la estela de “GAS”, al igual que “They Don’t Care”, el otro corte inédito, y demuestra que Los Brazos están de dulce. La gente tardo poco en ponerse en movimiento ante la energía que llegaba desde el escenario. Son tres, ¡pero qué tres! William toca y canta magníficamente bien, mientras que el peso que aportan Txemi y Koki es demoledor. Todo ello aderezado con una gran simpatía y complicidad que enseguida contagian al público.

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“Have Mercy” y Cold” fueron enlazadas y no dieron respiro alguno, dejando el ambiente más caldeado que el astro rey, que seguía golpeando con fuerza. No he tenido la oportunidad de verles en otras condiciones, pero lo cierto es que después de lo vivido en Rivas tengo claro que si rinden así en condiciones complicadas no puedo tardar en verles en sala, con su show completo. “Tales”, “Fearless Woman” o “Not My Kind”, en la que hicieron que el público corease su riff, siguieron la estela marcada y no se produjo bajón alguno, al contrario, cada vez se les veía más cómodos sobre las tablas. Antes de comenzar “Juice”, Txemi nos comentaba que fue la primera composición de la banda y que es la favorita de William, para acto seguido encarar la recta final de su actuación. A guitarrazos nos despidieron con “Boogie” y “Say My Name”, dejándonos con ganas de mucho más.

Tras el Bike Show que amenizó la espera, salían a escena Barbe-Q-Barbies, que dieron toda una lección de energía y vitalidad. Con dos embarazos en sus filas, el de la bajista Minttu y el mucho más evidente de la vocalista Niki, arrasaron con todo, demostrando una actitud encomiable durante todo el show. “One More (And I’ll Be Gone)” fue la primera en caer, un buen trallazo de Hard Rock macarra y desenfadado que conectó enseguida con el público.

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“Whole Lotta You”, “Driver`s Seat” e “Incomplete” dejaron claro que las finesas saben de qué va esto, dando un buen show sin caer en convencionalismos y demostrando que estaban allí por algo más que unas caras bonitas, comentario deleznable que en pleno siglo XXI todavía tuve que soportar. A ver si terminamos de una vez por todas con esa imagen asquerosa de que las mujeres, en el rock sobre todo, están ahí únicamente por su cara bonita, despreciando lo que de verdad han ido a hacer allí, que no es otra cosa que música. Esperemos que pronto, la proporcionalidad entre bandas y géneros en los carteles de grandes festivales sea una realidad. Dicho esto, el concierto continuaba frenéticamente, con breves y simpáticos discursos en un español más que decente la mayoría de las veces, y temas como “Twisted Little Sister”, “Aggression” o “Under My Skin” fueron moviendo a un público cada vez más numeroso y entusiasta.

Fueron sonando más temas como “Spell” o “Let Me Out” hasta llegar a su auténtico y demoledor hit llamado “STFU”, con la que dieron por terminada su actuación un poco antes de la hora marcada, hecho que en un principio nos resultó algo extraño, pero que poco importó finalmente, porque el show que dieron fue de lo más completo y manteniendo el buen nivel general que estábamos presenciando durante todo el festival.

Esta vez sin espectáculo entre grupos, y con una espera mínima, salieron a escena Terrorvision. Llegaba la hora del remember noventero, y es que los ingleses no tienen demasiado material nuevo. Su último disco es de 2011, pero es que previamente habían estado 10 años sin ningún lanzamiento. Además, tuvieron su época, muy muy exitosa, donde todos sus singles estuvieron en el Top 40 del Reino Unido, donde fueron banda sonora de numerosos anuncios y sus temas sonaban en cualquier lugar. Así que, tratándose de un festival, fue totalmente lógico encontrarnos con un setlist basado en sus grandes hits y que fue de lo más divertido de todo el festival.

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“Alice What’s The Matter?” fue la primera piedra de toque y ya pudimos ver cómo la gente coreaba el repetitivo estribillo. Tony Wright, su hiperactivo vocalista no paraba quieto un segundo, algo en lo que le acompañaban sus lugartenientes. Mucho movimiento y diversión sobre el escenario que supieron transmitir rápidamente al público con cortes como “Disco Wreck” o “Tequila”, que en su día llego al número 2 de las listas británicas y que todo el mundo disfrutó muchísimo. Seguramente Tony no estuviese en su mejor momento en cuanto a voz, pero con oficio y mucha actitud y cachondeo montaron una auténtica fiesta sobre el escenario del Garage Sound Fest. Tras un breve parón, continuaron con “My House” y “Celebrity Hitlist”, tras la cual el incansable vocalista hacía mención al calor reinante y se acercaba a la tarima de la batería a refrescarse.

Y, sin pausa, encadenaron “American TV”, “New Policy One, la cual fue una agradable sorpresa, “Josephine” y “DYa Wanna Go Faster”. Casi nada. Pusieron el auditorio Miguel Ríos patas arriba, y todavía quedaba mucho por llegar, ya que “Some People Say” tampoco fue algo desdeñable, aunque menos mal que la única inclusión en el setlist de algo relacionado con su último disco, en este caso “Demolition Song”, nos dio un pequeño respiro. Volvió la locura, y otra vez encadenaron varios temas, conocidos por todos, sin pararse a respirar. No paraban quietos sobre el escenario, llegando a desquiciar por momentos, mientras daban rienda suelta a su actitud más Punk con cortes como “Friends And Family”, “Pretend Best Friend” o “Perseverance.

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Parecía que la celebradísima “Middleman” ponía punto y final a su actuación, aunque todos sabíamos que había un tema que no podía faltar. Y así fue, tras contarnos que la primera vez que aterrizaron en Madrid, mientras recogían las maletas, sonaba de fondo aquel tema suyo, que aquello les hizo sentirse como dioses, y que por ello se lo dedicaban a la ciudad. Como no podía ser de otra manera, “Oblivion” cerró una actuación divertidísima, y ellos se fueron entre aplausos y vítores.

Tras otra espera amenizada por las acrobacias sobre dos ruedas del Lleides Team, le llegaba el turno a Ugly Kid Joe, otros que están de vuelta tras un largo parón y que supusieron una agradable sorpresa en el cartel, acabando por ser de los más destacados de este.Tras una breve intro salían a escena Whitfield Crane y compañía para comenzar su show con, ni más ni menos que “Neighbor”, al igual que comenzaba su celebradísimo disco debut de 1992, “America’s Least Wanted”. Las reacciones no se hicieron esperar, y hay que reconocer que desde el comienzo gozaron de un sonido bastante más contundente de lo que yo esperaba, mucho más adaptado a los tiempos que corren, algo que hizo que su concierto superase todas las expectativas.

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“Jesus Rode A Harley” y “Panhandlin’ Prince” fueron las siguientes en caer, demostrando que la banda está en un gran estado de forma, sobre todo Whitfield y su voz. Al público ya le tenían en el bolsillo y se notaba que estaban disfrutando sobre el escenario, algo que muchas veces, con este tipo de reuniones no se percibe, más bien todo lo contrario. El derroche de potencia y calidad continuó con temas como “No Ones Survives”, “Devil’s Paradise”, “So Damn Cool” o la versión de Harry Chapin “Cat’s In The Cradle”, dejándonos momentos realmente brillantes en cuanto a ejecución.

Los californianos continuaron despachando hits antiguos sin tiempo para florituras. “I’m Alright”, “Milkman’s Son” o la potentísima “Goddam Devil” pasaron casi sin darnos cuenta y nos encarrilaron a una recta final de órdago que comenzó con una versión más que decente del “Ace Of Spades” de Motörhead, la cual incluyeron en su último lanzamiento. Para cerrar una espectacular “Funky Fresh Country Club”, en la que dieron rienda suelta a todas sus influencias, y una pegadiza y coreadísima “Everything About You”. Gran concierto de Whitfield y compañía, que superó ampliamente las expectativas.

Y tras más Freestyle llegó el plato fuerte de la noche y del festival. Extreme son palabras mayores, y aunque no venían tocando el “Pornografitti” íntegro como últimamente, sí que le dieron un buen repaso, aderezado con otros de sus grandes temas que hicieron las delicias de los asistentes. Ellos fueron la razón de que el sábado incrementase notablemente el público con respecto al viernes y se notaba ya en el ambiente minutos antes de salir a escena. Esa electricidad y expectación que se crea ante la inminente salida de un grupo que hay muchísimas ganas de verles es única.

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Y para responder a las expectativas, salieron arrolladores con “It (‘s A Monster)” y “Li’l Jack Horny”, reventando el ambiente en un momento. Ya desde los primeros acordes pudimos comprobar que Gary Cherone está en un gran momento de forma. Bien es cierto que con el paso de los años anda algo más justo de voz, algo que resulta totalmente comprensible, pero aun así respondió con soltura, además de que físicamente sigue siendo el mismo frontman que no para de moverse, gesticular, animar al público, divertirse y divertir. Obviamente las miradas se repartían entre él y Nuno Bettencourt, el auténtico líder de la banda, que estuvo absolutamente magistral durante todo el show. ¡Qué bueno es! Aunque no sería justo olvidarnos de la labor de los otros miembros que permiten brillar a las dos caras más visibles de la banda. Kevin Figuereido fue un metrónomo, mientras que el Groove y la solidez que aporta Pat Badger al bajo son impagables. Pronto pudimos dar buena fe de ello, ya que “Get The Funk Out” fue la siguiente en caer. ¡Espectacular! Una de las más esperadas de la noche, que fue ampliamente coreada y disfrutada al máximo por todo el mundo.

Para completar un arranque de infarto llegó “Rest In Peace”, tras la cual Nuno nos conminó a tomarnos un respiro, y tras un breve solo, dio comienzo a la más pausada “Am I Ever Gonna Change”.Siguieron el repaso a su discografía y “Kid Ego”, “Play With Me” y “Midnight Express” sonaron antes de alcanzar otro de los puntos álgidos de la noche. Por más radiada y trillada que esté, escuchar “More Than Words” en directo sigue siendo una auténtica maravilla. Gusto y clase destilando por los cuatro costados. El ambiente relajado y algo empalagoso que se había creado fue rápidamente levantado por “Cupid’s Dead”, donde la base rítmica volvió a brillar con nombre propio.

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“Take Us Alive”, un breve recordatorio al “Kashmir” de Led Zeppelin y “Hole Hearted”, impresionante, fueron las siguientes. Tras esta última sus compañeros dejaron solo a Nuno sobre el escenario, y este, en tono de comediante se preguntaba por qué mientras se olía el sobaco. Le llegaba el turno de lucirse, si es que no lo estaba haciendo ya con cada nota, con su solo, que lo basó casi íntegramente en el mítico interludio clásico compuesto por Nikolái Rimski-Kórsakov y que todos conocemos como “El vuelo del abejorro/moscardón”. Un gustazo. Seguían con el cachondeo ya de vuelta todos en el escenario, y Pat le enseñaba el setlist a Nuno y lo arrugaba y tiraba, como diciéndole que ya estaba bien. Acto seguido comenzaron con el otro auténtico pelotazo de la noche, también largamente esperado y que desató la locura en el auditorio Miguel Ríos. Sí, estoy hablando de la magnífica “Decadence Dance”.

Se retiraron y volvieron rápidamente para los bises. El primero en caer fue “Warheads”, tras el cual Bettencourt reconoció que se estaban pasando de tiempo, por lo que pidió disculpas y enseguida encararon el final del show, que no fue otro que una gran versión del “We Are The Champions” de Queen. Gary y Nuno tuvieron tiempo además de acercarse a las primeras filas a estrechar manos. Buen gesto este.

Estuvieron a la altura de lo esperado, sin duda, dejando una muy difícil papeleta a los que vendrían después.

Después de entregar los premios al coche y la moto más espectaculares de los allí expuestos, les tocó el turno a Thunder, que salieron a escena con retraso, siendo esta la causa de que acortasen su setlist. Dio la sensación de que al término del concierto se marchaban algo contrariados, sin saludar ni siquiera, pero su show fue impecable, demostrando una profesionalidad y una elegancia fuera de toda duda, y con todo, fueron una de las bandas que mejor impresión nos dejaron. Quizá el hecho de no haber pasado por España presentando sus dos últimos trabajos como tal, pesó a la hora de elegir los temas a interpretar, dejándose varios clásicos en el tintero.

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Ese sería el único pero que podríamos poner a los británicos, que abrieron su actuación con “Wonder Days” y “Enemy Inside”, demostrando que de clase van sobrados. La interpretación de los temas fue simplemente perfecta, dejando claro que la veteranía es un grado, y “River Of Pain”, “Resurrection Day” o “Higher Ground” sonaron claras, orgánicas y potentes, con un Danny Bowes al frente por el que si pasan los años no lo hacen por su voz. Sobrios y sin alardes, pero imparables, continuaron su set con “In Another Life”, “Backstreet Symphony”, “Low Life In High Places” y “The Thing I Want”. Poco tiempo tuvieron para parar o dirigirse mínimamente al público, y con “Serpentine” y “I Love You More Than Rock ‘n’ Roll” dieron por cerrado un concierto corto pero sumamente intenso y excelso.

Y para cerrar un gran festival, le tocaba el turno a los polos opuestos de Thunder. La macarrería, la suciedad, la rudeza y la actitud irreverente de Nashville Pussy entraban en escena. Los que todavía aguantaban en pie, jalearon ampliamente a Blaine Cartwright cuando saltó al escenario, botella de Jack Daniel en mano. Pronto dieron comienzo al repaso a su carrera, donde el Southern Rock, el Punk, el Metal y el Hard Rock se funden con un estilo tan particular.

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Potentes y directos, así comenzaron y así acabaron, dejando por el camino temas como “Everybody’s Fault But Mine”, “I Am So High”, donde nos invitaron a hacer ruido hasta que viniese la policía, “Go Motherfucker Go”, “Up The Dosage” o “Piece Of Ass”. Una pasada el desempeño de Ruyter Suys a las 6 cuerdas y de Bonnie Buitrago al bajo, demostrando una vez más en el día, que las mujeres también saben rockear, ¡y de qué manera! Acabaron el show con Blaine bebiendo de su sombrero y Ruyter destrozando su guitarra.

Alberto López
Fotos: Mario López