AMFest 2019. Barcelona, del 10 al 13 de Octubre de 2019. Centre d’Art Contemporani Fabra i Coats.

El pasado fin de semana se celebró la octava edición del AMFest, el gran evento de la ciudad de Barcelona para aquellos amantes del post-rock, metal alternativo y toda aquella música que de un paso más allá de las barreras y cánones establecidos; un festival donde descubrimos a nuevos e innovadores artistas como Portayal of Guilt, Brutus, Bo Ningen o Ainara LeGardon y pudimos disfrutar de algunos grandes nombres como Deafheaven, Touché Amoré, Zeal & Ardor, Pelican o Alcest.

Texto y fotos: Quim Torres

El festival dio comienzo el jueves 10 de octubre, con una fiesta de apertura modesta, con tan sólo dos grupos – Foscor y Daughters – y un escenario, pero con unas ganas de festival increíbles, que se vieron plasmadas en el cartel de “Sold Out” que colgaron en la entrada del Centre d’Art Contemporani Fabra i Coats.

Con esta gran asistencia desde el inicio, empezaron Foscor el directo que presentaría su último trabajo, Els Sepulcres Blancs, publicado hacía poco más de un mes. Pudimos disfrutar de las buenas canciones de este álbum con un poco más de dinamismo, ya que al disco, para mi gusto, le hace falta algo de esa energía que sí que tenía Les Irreals Visions y que recuperan en directo. Sacaron un buen sonido y supieron crear su particular atmósfera, llegando a los puntos álgidos con canciones conocidas como “Ciutat Tràgica” o “Altars”, que fueron las que más motivaron al público.

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Después del set de casi una hora de Foscor era el momento de los cabezas de cartel de esta primera jornada, los americanos Daughters, que fueron, para muchos unas de las grandes sorpresas del festival, pues era difícil de imaginar semejante intensidad. Actitud perturbadora y muy entregada a un público que se hizo partícipe, junto con una música tremendamente penetrante y oscura hicieron de este concierto una experiencia que solo nos podía traer esta banda salida de la ciudad que vio nacer a H.P. Lovecraft.

Daughters desgranaron, sobretodo, su último y exitoso You Won’t Get What You Want y nos trajeron también algunos temas del disco homónimo de 2010, entre las cuales destacaron “Satan In the Wait”, “Less Sex” o las que cerraron el concierto: “Daughter” y “Ocean Song”. Cabe decir que la puesta en escena del vocalista fue uno de los grandes ingredientes del directo, con su demacrada actitud que nos transmitió a todos cierto malestar psicológico aunque extrañamente adictivo y a él le abrió un par de heridas en la frente.

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Con esta rara sensación nos fuimos más que satisfechos para casa, con ganas de mucho más para el día siguiente. Durante el viernes nos esperaban diez buenas bandas que sonarían sin parar y sin necesidad de sacrificar una por otra, pues uno de los mejores detalles del AMFest es que las bandas nunca se solapan.

Volví al recinto sobre las 17:40 para ver, desafortunadamente, sólo la última canción de Tides of Man, en el escenario principal. Estaban dando mucha caña y tenían a un buen número de público entregado, además de un buen sonido, lo cual hizo arrepentirme de no haber llegado antes. Sin embargo, me esperaba otra cita en el escenario 3, donde tuvieron lugar aquellas propuestas de carácter más íntimo y tranquilo, aunque no menos interesantes, como fue, en este caso, el de las locales Falç de Metzinera, un curioso trío que reivindica la espiritualidad de las antiguas (y no tan antiguas) brujas catalanas a través de una mezcla entre danza, performance y rock, doom, psicodélia y música tradicional. Podéis escuchar su primer trabajo de estudio recién publicado, aunque la manera de disfrutar al cien por cien de su carácter hipnótico y de la historia que nos cuentan es en directo.

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Después de los ritmos placenteros de Falç de Metzinera nos ibamos a uno de los directos más cañeros del festival, con los jovencísimos tejanos Portayal of Guilt y su mezcla entre death y black metal con post-hardcore. Aunque en general, y personalmente, gustaron bastante, sobretodo por la potente voz del cantante y las frenéticas baterías, quizás no acabaron de conectar del todo con el público por su estática puesta en escena y un estilo demasiado “metalero” para el festival.

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Era la hora de volver al escenario principal para ver a Tides From Nebula, el ahora trío de post-rock instrumental llegado de Polonia, que nos tenía preparado un espectacular montaje de luces que daría a este concierto unos puntos más de goce. Aunque considero que, con un segundo guitarrista, como tenían antes, ganarían mucho más dinamismo, fuerza y matices, el concierto estuvo bastante bien y sacaron el mejor sonido de esa noche. Venían a presentar su último disco, From Voodo to Zen que, como novedad, incluye muchas partes con sintetizadores y electrónica y empezaron haciendo gala de esto con “Ghost Horses”, la canción que abre este nuevo álbum. No obstante, tocaron un setlist variado con varios temas antiguos y conocidos, acabando con la mítica “Tragedy of Joseph Merrick”.

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Seguidamente llegó uno de los dos grupos que más ganas tenía de ver esa noche, Brutus, la banda belga de post-hardcore a la que la mayoría nos enganchamos este año, a raíz de que el AMFest nos lo descubriera y después de la publicación de un discazo como es Nest. Tan sólo con las pruebas de sonido ya se llevaron aplausos, pues la voz bella y desgarrada de Stefanie Mannaerts combinada con esos potentes riffs que rozan el black metal en ocasiones, tienen algo muy especial que han sabido aprovechar al máximo en su último trabajo y que se multiplica en directo, aunque me hubiera gustado que la voz estuviera más alta en esta ocasión. Empezaron “Fire” y “Cementery”, y siguieron con los temas del anterior disco, “Horde II” y “Drive”, pero el momento álgido que todos esperábamos llegó con “War”, que fue cantada por gran parte del público. Siguieron con “Space” y volvieron a la caña con “Justice de Julia II”, “Techno” y “Baby Seal”, acabando con la magnífica “Sugar Dragon”.


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Brutus bordaron el final de su show, aunque algunas personas estaban ya en el escenario principal, cogiendo un buen puesto en el que las columnas no molestaran a la vista, para disfrutar de Deafheaven, sin duda los más esperados de la noche y, para muchos, del festival. Los americanos se han vuelto verdaderamente conocidos desde la publicación, el año pasado, de su cuarto álbum, Ordinary Corrupt Human Love, que ha llevado al gran público su post-black metal tan característico que juega con la contraposición entre luz y oscuridad. En este caso empezaron fuertes el concierto, con su última canción y la más cercana al black metal tradicional, “Black Brick”, una forma de empezar curiosa pero efectiva, siguiendo con otra de las más tenebrosas como es “Brought to the Water” del New Bermuda.

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El de San Francisco fue seguramente el grupo que más alto sonó de todo el festival, hasta el punto que un decibelio más podría haber sido perjudicial, esto nos hizo disfrutar de unos Deafheaven mucho más bestias que en estudio, pero sin embargo, este sonido hacía que algunas de sus bellas melodías de guitarra se perdieran entre la distorsión. A pesar de esto y del casi inaguantable calor que hacía en esos momentos en el recinto, hicieron uno de los grandes conciertos del festival, que contó también con una destacable puesta en escena.

Junto a las mencionadas anteriormente, sonaron los tres mejores temas de su último LP seguidos, “Honeycomb”, “Canary Yellow” y “Worthless Animal”, para acabar con la gran canción del Sunbather, “Dream House” y su apoteósico riff final, que se podría haber alargado una hora más y nadie se hubiera quejado.

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Después del éxtasis y la adrenalina de Deafheaven tocaba relajarse un poco saliendo fuera del recinto a cenar o escuchando al sentimental Daniel Blumberg, pues justo después vendría otro plato fuerte con Touché Amoré, que repasaría nada menos que su primer disco, …to the Beat of a Dead Horse, de principio a fin y en orden, en motivo de su décimo aniversario.

El concierto fue abrumador desde el primer momento, con el público entregadísimo, montando un pogo constante y haciendo surfear al vocalista Jeremy Bolm por todo lo alto. Show directo, buen sonido y mucha actitud fueron los ingredientes de este bolo y, aquellos fans que fueran más seguidores de su última época, más melódica, pudieron disfrutar aun más de la segunda mitad del concierto, una vez acabadas las once canciones del primer disco. Sonaron temas de toda su discografía como “Amends”, “Just Exist”, las grandes “Flowers and You” y “Deflector” que animaron a todo el público con sus pegadizas melodías, “Home Away From Here” o “Rapture, entre otras, acabando con “Skyscraper”. Finalizaron así con una segunda parte llena de sentimentalidad, muy contrastada con la primera y más acorde con el resto del festival, que tuvo muchas palabras de agradecimiento e incluso una dedicatoria a la madre de Bolm, que falleció recientemente.

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Llegamos al final de esta segunda jornada con una de las mayores sorpresas que nos brindó el día, con los japoneses Bo Ningen, un grupo que puede ser difícil de escuchar en casa por su rara mezcla entre rock setentero, noise y cultura japonesa y que en directo empezaron más bien modestos, pero abriéndose poco a poco, hasta desarrollar una locura colectiva entre el público que hizo de este concierto una gran fiesta para cerrar la noche, llena de bailes, pogos y movimientos de cuello.

Con este buen sabor de boca y vaciados por completo de energías nos fuimos a la cama antes de que cerrara el metro, para coger fuerzas para el día siguiente, que tendría como grandes funciones los directos de Zeal & Ardor y Pelican.

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Texto y fotos: Quim Torres