“Este es el poder del metal. Es una música hecha desde el corazón que muchas veces busca trascender o conectar con nuestro pasado, a veces con canciones que describen pasajes épicos y en otras ocasiones con riffs realmente bestias y acelerados, pero todos sirven, pero todos sirven para hacernos aprender que nuestra historia ha sido muy heavy.”

Hace muchísimo tiempo que sigo el contenido que crea Miguel de Lys y recomiendo con ganas todos sus vídeos, una mezcla de divulgación de historia, cultura popular, análisis de canciones, errores históricos en películas… Eso sí, tengo que decir que nunca voy a olvidar el shock que me causó su comentario de que las personas de cierta edad hemos visto la evolución de Noodles (guitarrista de The Offspring) con los años, pasando de tener el pelo negro y teñirse mechones de blanco a tener el pelo blanco y teñirse todo de negro menos unos mechones. Traumático. Fuera de eso, es uno de mis divulgadores favoritos y en cuanto me enteré de que iba a publicar un nuevo libro ya me moría de ganas de leerlo. Y no defrauda, se nota que es un proyecto hecho con cariño y no deja dudas sobre el tiempo y el trabajo que tiene detrás.

“El Poder del Metal” es un ensayo publicado por Redbook Ediciones (dentro de su sello Ma non troppo) en el que las canciones de grupos de metal se fusionan con un recorrido por la historia y la mitología. El propio Miguel, en su presentación en Barcelona, reflexionaba sobre esa conexión que existe entre el metal y la historia, esos puntos épicos y oscuros en los que ambos mundos conectan, siendo, además, un género con un gran alcance en la cultura popular. Esto se ve sobre todo en la abundancia, reflejada en este libro, de canciones (o incluso discos enteros) precisamente destinadas a la narrativa de acontecimientos históricos. Hay algunos capítulos de historia que en el metal han sido muy utilizados a nivel lírico y, como explica el autor, en ensayos tradicionales serían tocados por encima como mucho, pero en este género musical dan para páginas y páginas por la fascinación que despiertan, con casos como los de Elizabeth Bathory y Nostradamus.

El libro abarca un territorio extremadamente extenso. Y cuando digo eso, va en serio, literal y figuradamente. Aquí se toca el origen de la vida, dinosaurios, prehistoria, Antiguo Egipto, celtas, mitología china, Edad Media, las guerras mundiales… un ensayo desbordante de figuras históricas, referencias musicales y datos culturales, con una lista larguísima de grupos, desde los más famosos del género, auténticas leyendas que llenan estadios, hasta casi desconocidos. Guarda muchas sorpresas pero, por supuesto, no faltan las combinaciones más clásicas y, digamos, estereotípicas, como los vikingos, espadas, dragones y power metal. Obviamente, aunque está lo más actualizado posible a fecha de su publicación, con la divulgación histórica tienes que cerrar en algún momento porque es un proceso que nunca termina y está en continua evolución.

En cuanto a mi perspectiva sobre el contenido en sí, por si no se ha notado todavía lo mucho que me ha gustado y lo impresionada que estoy, me parece una obra muy interesante y entretenida, con el humor que se puede esperar del autor (tengo debilidad por los juegos de palabras ridículos, qué le voy a hacer) y gran rigor de documentación al mismo tiempo. A mí, personalmente, me encanta esto de que me cuenten algo tan terriblemente denso como la historia de la humanidad refiriéndose a un emperador como “un tipo muy importante”, es una cercanía que agradezco para aligerar un poco el asunto. “El Poder del Metal” tiene un formato fantástico lleno de ilustraciones (trabajo de David Mallo), con una edición muy elaborada en cuanto a diseño y estética. La organización de información es cómoda para la lectura y también para la consulta posterior. La guinda del pastel: el prólogo lo firma el cantante de WarCry, Víctor García. También incluye un póster y códigos QR para acceder a la selección musical del libro. Miguel, gracias por este trabajo mastodóntico, pero lo de Noodles y la repentina consciencia del paso de los años no lo perdono.

Marta Montero