Parkway Drive, Thy Art is Murder, The Amity Affliction – 02 de noviembre 2025 – Sant Jordi Club (Barcelona)
Los veteranos Parkway Drive volvían a España para celebrar con todos nosotros su 20 aniversario. Para la ocasión, el combo australiano vino acompañado de dos bandas más también australianas como fueron The Amity Aflliction, con una propuesta de metalcore, y Thy Art is Murder, más extremos con sus composiciones de deathcore.
Era una tarde de competiciones en las que se disputaba, en la misma zona, un partido de fútbol entre el Barça y el Elche y, al lado, uno de los conciertos más esperados de la temporada. La larga cola rodeando el Sant Jordi Club varios minutos antes de la apertura de puertas auguraba que esa iba a ser una velada memorable y no nos equivocamos.
THE AMITY AFFLICTION
Por motivos de producción la promotora ya avisó que el inicio de las actuaciones se iban a posponer 45 minutos así que, a las 18:45 salían a escena los australianos The Amity Affliction para presentar un set list de nueve temas y 45 minutos de duración que, desde luego, sirvió muy bien para calentar a un aforo que, paulatinamente, iba llenando la sala.



Para quien no conozca la banda, el origen de The Amity Affliction se sitúa en el año 2003 y, aunque a fecha de hoy no queda ningún miembro de la formación original, se podría decir que el protagonista y miembro más antiguo es Joel Birch (vocalista desde 2004) quien, acompañado por Dan Brown (guitarra, 2013), Joe Longobardi (batería, 2018) y el nuevo bajista desde febrero de este año, Jonathan Reeves (bajo/voz limpia), repasaron 4 de sus 8 discos de estudio, a saber, “Let the Ocean Take Me” (2014), “Misery” (2018), “Everyone Loves You… Once You Leave Them” (2020) y “Not Without My Ghosts” (2023), así como el EP “Somewhere Beyond The Blue (2021) y su nuevo single “All That I Remember”, adelanto de lo que nos espera en su próximo trabajo.
Su propuesta musical está claramente enraizada en el metalcore y a muchos les podrás recordar la estructura compositiva de bandas como AS I LAY DYING porque repiten la clásica combinación de guturales con los pasajes limpios y melódicos interpretados por el bajista (igual que la referida formación). Dado que sus letras giran alrededor de temas como la depresión, la ansiedad, la muerte, el abuso de sustancias y el suicidio, no es de extrañar que su puesta en escena fuera la más oscura de la noche. Tanto que, en ocasiones, costaba ver bien a los músicos que, además, especialmente su vocalista, iba vestido de negro a juego con el resto del escenario y fondo.
Sonaron bien y los congregados pudieron disfrutar de una buena colección de breakdowns y demoledores riffs que congeniaban a la perfección de una más que contundente base rítmica a cargo de Reeves y el efectivo baterista Longobardi quien, con un sencillo kit, demostró ser capaz de exprimir al máximo el instrumento.



Así, siendo un set list breve, la banda aseguró una colección de grandes éxitos con todos ingredientes propios del género como puedan ser circles pits, death walls y, como digo, rotundos hachazos como “All My Friends Are Dead”, “I See Dead People” o su nuevo single “All That I Remember” que fue uno de los que, para mi gusto, más brilló de su actuación.
En resumen, una banda efectiva, que despertó la reacción del público y que, aunque en mi opinión, no propone nada nuevo, derrochó entrega y demostró veteranía y rodaje.
THY ART IS MURDER
A las 19:45h sonaba, en clave de humor, la discotequera “We Like To Party de Vengaboys” para dar paso a los feroces Thy Art Is Murder, banda formada en el año 2006, provenientes Sidney (Australia) y que llevan ya publicados seis discos de estudio en los que no disimulan su intención de convertirse en uno de los mayores exponentes del deathcore.



Igual que sus predecesores, Tyller Miller (voz), Andy Marsh (guitarra), Sean Delander (guitarra), Kevin Butler (bajo) y Jesse Beahler (batería), contaron con cuarenta y cinco minutos de actuación para repasar su discografía. Así, dieron cabida a temas extraídos de cinco de sus seis trabajos, a saber “Hate”(2012), “Holy War”(2015), “Dear Desolation”(2017), “Human Target”(2019) y “Godlike”(2023), éste último, con mayor protagonismo interpretando los temas “Blood Throne”, “Join Me In Armageddon” y “Keres”.
Así como The Amity Affliction resultaron bastante digeribles gracias a su combinación de guturalidad y melodía, en el caso de Thy Art Is Murder, su actuación no tuvo otra intención que la de derrumbar los cimientos del Sant Jordi a base de doble bombo y una combinación de ritmos más propios de locomotoras y aceleradísimos martillos percutores sin dar tregua al respiro.



Arrancaron con “Blood Throne”, de su trabajo más reciente y creo no equivocarme si digo que este fue el tema más “asequible” comparado con lo que vino después. Metal extremo con aritmética precisión y una violencia rítmica desmesurada que, desde luego, supuso un auténtico deleite para los amantes del género (momentos como “Join Me In Armageddon” o las desquiciante “Slaves Beyond Death” y “Holy War” fueron buena prueba de ello).
La clásica “Puppet Master” sirvió para cerrar esta breve pero intensísima actuación que, desde luego, dejó extenuadas a las primeras filas del recinto
PARKWAY DRIVE
La hora inicial prevista eran las 20:15h pero, como hemos dicho al principio, por problemas de producción, las estrellas de la noche salían a escena a las 21:00h, o mejor dicho, empezaban a cruzar la ya repleta pista, banderas en alto, desde el fondo del recinto hasta el escenario entre medio del público, para dar comienzo a lo que sería un espectáculo verdaderamente memorable.Con una producción espectacular y una escenografía enorme, todo el espectáculo está diseñado para convertir el concierto en una experiencia visual muy potente.
Así, el show empezó con “Carrion”, de su segundo trabajo “Horizons”(2007), juntos en la plataforma frontal del escenario (batería incluida) para seguir con el himno “Prey” de su “Reverence”(2018) y con el que la comunión con el público ya se estableció de inmediato con una energía brutal y un Winston esforzándose por mantener una conexión constante con el público.
Primera pequeña pausa para que los músicos abandonen la plataforma, se sitúen en sus posiciones, ocupen ya el amplio escenario, cada uno en su estudiada ubicación y presentar, a continuación, “Glitch”, en compañía de un conjunto de 4 bailarines que presentaban su coreografía en la parte central del escenario mientas Winston correteaba arriba y abajo animando a los presentes. Y aquí ya se produce la primera gran orgía de fuego. Parkway Drive ya tenía conquistada la plaza.



El siguiente paso fue presentar “Sacred”, su nuevo single, para delicia de todos los presentes. A partir de ahí, se fueron sucediendo éxito tras éxito y diversas coreografías especialmente diseñadas para cada uno de los temas. Así, llegado el momento de “Cemetery Bloom”, el escenario prácticamente se apagó para teñirse de verde y, en la zona central, Winston se vio rodeado por varios personajes vestidos con túnicas y encapuchados que proporcionaron un ambiente místico previo a la nueva explosión llena de fuego con “The Void” y, de nuevo, el público convertido en una poderosa ola de jumping entregada al unísono coreando aquello de “It’s alive, ¿can you feel it taking hold again? In your mind, all your demons are rattling chains. Welcome to a world of pain”. No íbamos ni por la mitad del show y Winston, Jeff, Luke, Ben y Jia se comían el escenario. Con una energía fuera de lo común, el evento, más que un concierto emergía como un espectáculo perfectamente diseñado, repleto de coreografías, con una producción intachable (aunque sabemos que por dimensiones del recinto no fue completa) y un sonido impecable.
“Wishing Wells” de aquel Reverence (2018), álbum que tuvo el mayor protagonismo del set list, volvía a apagar el escenario para situar a Winston en el centro de la plataforma bajo la lluvia. Con los tremendos riffs del final de “Dark Days” rodeados de grandes llamaradas, Winston aprovechaba para, discretamente, desaparecer del escenario y escabullirse hacia la parte central del público emergiendo casi por arte de magia, saludando a todos los fans que le aclamaban alrededor y dando instrucciones para llevar a cabo el mayor pogo del concierto en compañía, como no, del temazo “Idols and Anchors”, tras el cual, el vocalista seria llevado en volandas hasta el pie del escenario. La fusión entre Parkway y el público no podía ser mayor a estas alturas de la descarga.
Llegaba el momento de relajarse con la sección femenina de cuerda Queens Tet, presentando y acompañando la interpretación de “Chronos” y “Darker Still”. Esta, sin duda, fue la parte más solemne del espectáculo y la que, en cierto modo, ofreció un respiro ante tanta intensidad. “Bottom Fedder”, de aquel Ire (2015) volvió a levantar el ánimo del respetable provocando, de nuevo, que las más de 4.000 personas allí presentes saltaran al unísono demostrando que tras más de hora y cuarto de descarga las energías seguían intactas.




Se iba acercando el final y todos sabíamos que llegaba el momento del éxtasis, la esperada orgía de fuego. Apagadas las luces, de repente un potente foco daba el protagonismo a Ben y su batería, acompañado por un cuadro de cuatro bailarines que no dejaron de coreografiar el solo. Ben, y toda la estructura de la batería iba girando mientras éste seguía tocando y los bailarines fueron incendiando la estructura del instrumento y diversos puntos del escenario y plataformas para, ahora sí, con Winston ya despojado de su camiseta arrancar los primeros y poderosos gruñidos de la apocalíptica “Crushed” que culminaría con Winston ensalzado en una plataforma por encima del escenario escupiendo fuego por todos y cada uno de los rincones.
Acto seguido, saludos, presentaciones varias, reparto de púas y baquetas, un público incansable y la petición unánime del esperadísimo “Wild Eyes” que suele protagonizar la culminación final de sus espectáculos. El tema no se hizo esperar y la formación de Parkway, de nuevo juntos en la plataforma donde empezaron el show, interpretaron una despedida memorable. Bien es cierto que algún cambio hubo respecto el set list del día anterior en Madrid y es por eso que no tocaron “Boneyards”. Es cierto también que no se aprecia excesiva camaradería entre los miembros de la banda, pero bien pueda ser debido al milimetrado diseño del espectáculo que, evidentemente, deja poco margen para la improvisación y, por otra parte, el diseño del espectáculo pese a ser increíble (cuesta saber dónde mirar), bien es cierto que se percibe cierto automatismo que, en conciertos más íntimos, suele ser sustituido por ese plus de naturalidad.
Por aquello de sacar punta al lápiz, lo que se echó de menos es que se cumpliera lo prometido en la promoción de la gira y es que los Parkway nos regalaran las dos horas largas de espectáculo. Finalmente, fueron, aproximadamente, 1 hora y 45 minutos así que algo se quedó por el camino. En cualquier caso, comentadas estas pequeñas precisiones, la conclusión final es que todos los allí presentes gozamos de un espectáculo con una energía brutal, intenso y emotivo. Winston, por su parte, es quien, como de costumbre, ejerce de líder absoluto y quien mantiene esa constante comunión con el público. Un repertorio bastante equilibrado con temas de todas las etapas de la banda. Sonido impecable en el que pudimos apreciar perfectamente las guitarras, los coros y los pasajes orquestales sin perder detalles de los temas de estudio. Emotivo y divertido, un público completamente entregado convirtiendo esta celebración de las dos décadas de Parkway en una experiencia inmersiva.



Quien siga diciendo que no hay relevo generacional es que, sencillamente, no tiene el más mínimo interés de asistir a conciertos como este y comprobar que tanto las bandas, como el público, se van renovando.
Quedamos a la espera de que llegue su nuevo disco y con éste, nueva gira.
Texto: Marcel·lí Dreamevil
Fotos: Vicente Ramírez



