Hay discos que, escuchados muchos años después de su publicación, permiten entender por qué una banda terminó convirtiéndose en algo grande. The Phantom Agony, debut de Epica, es uno de ellos. Publicado en 2003, apenas un año después de la fundación del grupo por Mark Jansen, el álbum todavía muestra a una banda buscando su identidad, pero también contiene buena parte de los elementos que convertirían a Epica en uno de los nombres fundamentales del metal sinfónico europeo.

La historia comenzó en 2002, cuando Mark Jansen dejó After Forever y puso en marcha un nuevo proyecto, inicialmente llamado Sahara Dust. La incorporación de Simone Simons fue decisiva para cambiar el rumbo de la formación. Junto a Ad Sluijter, Coen Janssen, Yves Huts y Jeroen Simons, aquella primera encarnación de Epica grabó un debut que, visto desde 2026, resulta especialmente interesante: aquí está una banda todavía joven, pero con unas ambiciones enormes.

The Phantom Agony no oculta sus influencias. El metal sinfónico y gótico que habían popularizado grupos como Nightwish o Theatre of Tragedy está presente, pero Epica añade una mayor dimensión clásica y coral. La producción de Sascha Paeth ayuda a construir ese universo, aunque el sonido también deja entrever que estamos ante los primeros pasos de una banda que todavía tenía mucho margen para crecer.

Epica – Sensorium

Desde “Adyta ~ The Neverending Embrace”, Epica deja claras sus intenciones. La introducción, dominada por voces y arreglos clásicos, desemboca en “Sensorium”, donde guitarras, teclados, coros y la voz de Simone empiezan a definir la fórmula. Es un tema que todavía bebe claramente de la escena de aquellos años, pero ya contiene una de las grandes virtudes de Jansen como compositor: entender que la épica no consiste únicamente en aumentar el volumen, sino en crear atmósferas.

Y entonces llega “Cry for the Moon”, probablemente la canción que mejor representa al Epica de aquellos primeros años. El contraste entre la voz limpia de Simone, las voces guturales de Jansen, los coros y la instrumentación sinfónica funciona especialmente bien. La canción forma parte además de The Embrace That Smothers, concepto iniciado por Jansen en After Forever y continuado en Epica. Su temática, relacionada con los abusos cometidos en nombre de la religión, muestra ya otra de las características que acompañarían a la banda durante su carrera: utilizar el metal sinfónico para plantear cuestiones sociales, filosóficas y religiosas.

“Feint” apuesta por una vertiente más melódica y emocional, mientras que “Illusive Consensus” mantiene ese equilibrio entre delicadeza y contundencia. El disco alcanza otra de sus cimas con “Façade of Reality”, donde Epica combina sus recursos sinfónicos con una temática relacionada con el fundamentalismo religioso y las consecuencias de los atentados del 11-S. Jansen demuestra así que sus letras no pretenden limitarse a la fantasía: también existe una voluntad de reflexionar sobre acontecimientos y problemas del mundo real.

Epica – The Pantom Agony

“Run for a Fall” recupera una mayor intensidad y presenta una composición cargada de dramatismo, mientras “Seif Al Din” introduce influencias orientales y vuelve a conceder un protagonismo especial a las atmósferas. Es uno de los momentos más particulares del álbum y una muestra de que Epica ya intentaba ampliar las posibilidades del género.

El cierre llega con “The Phantom Agony”, una extensa composición de nueve minutos que funciona como resumen de todo lo que la banda ha desarrollado durante el álbum. Cambios de ritmo, guitarras, coros, arreglos sinfónicos, voces limpias y guturales se suceden en una pieza ambiciosa que anticipa el camino que Epica seguiría durante los siguientes años.

Por supuesto, The Phantom Agony no es todavía el Epica completamente definido de sus trabajos posteriores. En determinados momentos las guitarras podrían tener mayor contundencia y la propuesta resulta claramente deudora de las bandas que habían abierto el camino al metal sinfónico. Simone Simons, además, todavía estaba desarrollando la personalidad vocal que terminaría convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad del grupo. Pero esas imperfecciones forman parte también de su encanto.

Epica – Feint

Porque el valor del disco está precisamente en comprobar cómo una banda recién formada reunió todas esas influencias y empezó a transformarlas en algo propio. Más de veinte años después, The Phantom Agony no suena simplemente como el debut de una banda prometedora, sino como el primer capítulo de una trayectoria que llevaría a Epica a escenarios de todo el mundo y convertiría su combinación de metal, orquesta, coros y conceptos filosóficos en una referencia del género.

Y ahora resulta especialmente apropiado volver a él. Epica celebra en 2027 los 25 años de su fundación, y las celebraciones arrancarán en Ámsterdam con tres conciertos especiales en el Royal Theatre Carré los días 29, 30 y 31 de enero. La banda también ha anunciado un concierto en el Royal Albert Hall de Londres el 6 de octubre de 2027, dentro de sus celebraciones de aniversario.

Escuchar hoy The Phantom Agony permite comprobar cuánto ha evolucionado Epica, pero también cuánto de aquella identidad inicial continúa presente. Antes de las grandes producciones, de las orquestas completas y de los escenarios monumentales, estuvo este disco: ambicioso, melódico, teatral y por momentos excesivo, pero también lleno de ideas.

David Aresté