En 2010, Angelus Apatrida publicó Clockwork, su tercer álbum de estudio y el primero bajo el respaldo de Century Media. A día de hoy, quince años después de su lanzamiento, ese disco se mantiene como una de las piedras angulares del thrash metal nacional contemporáneo. No solo consolidó el sonido del grupo al margen de etiquetas regionales, sino que lo proyectó internacionalmente con una claridad de intenciones y una madurez compositiva que sorprendió incluso a quienes ya seguían su carrera desde Evil Unleashed (2006) y Give ‘Em War (2007).
Grabado mayoritariamente en Ultrasound Studios, en Braga (Portugal), bajo la producción compartida entre la propia banda y Daniel Cardoso —quien también se encargó de la mezcla y el masterizado—, Clockwork no fue simplemente un nuevo paso discográfico: fue un punto de inflexión. Con un sonido más robusto, limpio y directo, y una ejecución precisa, el álbum consiguió una síntesis efectiva entre el legado del Bay Area thrash, la influencia evidente de la N.W\.O.B.H.M., y un enfoque más personal, que empezaba a separar a Angelus Apatrida del resto de la escena europea emergente.
Desde la introducción instrumental “The Manhattan Project”, que servía de antesala al estallido inmediato de “Blast Off”, el disco mostraba una urgencia distinta, una necesidad de ir más allá del circuito underground. Temas como “Of Men and Tyrants”, “Clockwork” o “Legally Brainwashed” ofrecían estructuras directas pero no previsibles, con riffs marcados, solos melódicos y cambios de ritmo que aportaban dinamismo sin perder agresividad. Como decíamos, Clockwork no se limitaba a cumplir con los estándares del género: los redefinía desde dentro, sin renunciar a las formas clásicas.
El apartado lírico también daba un salto cualitativo. Críticas sociales, reflexiones personales y una dosis importante de rabia contenida se desplegaban a lo largo de temas como “The Misanthropist”, “Get Out of My Way” o “My Insanity”, donde la banda demostraba que podía sonar igual de contundente en lo musical como en el mensaje. La voz de Guillermo Izquierdo, entre la agresividad del thrash clásico y la claridad melódica, se posicionaba como un elemento diferenciador en una escena a menudo más centrada en la forma que en el fondo.
La edición británica del álbum incluía como bonus track una versión notablemente sólida de “Be Quick or Be Dead” de Iron Maiden, no solo como guiño a sus influencias, sino también como demostración de que podían reinterpretar con solvencia a los gigantes del heavy metal sin perder su propia identidad. Una versión rápida, técnica y fiel, que terminó por cerrar el álbum como un extra inesperado pero perfectamente integrado. A nivel de producción, Clockwork se benefició del trabajo de Cardoso, que supo darle a la grabación una claridad y contundencia raras en una banda española de metal en aquel momento. El resultado fue un disco que sonaba profesional, pulido y, al mismo tiempo, agresivo, sin perder ni un ápice de frescura. Como decíamos, fue esa conjunción de precisión técnica y visceralidad lo que terminó por situar a Angelus Apatrida en el radar internacional.
En pleno 2025, mientras la banda se prepara para celebrar su 25º aniversario con dos conciertos especiales este otoño en Madrid y Barcelona, Clockwork se relee con la perspectiva que da el tiempo. Es un disco que no solo marcó el inicio de su relación con una discográfica de prestigio, sino también un momento en el que el thrash español dejaba de mirar hacia fuera para empezar a exportarse con orgullo. Quince años después, su impacto sigue intacto, y su relevancia, si cabe, aún más consolidada.
Angelus Apatrida no solo supo capturar el momento. Supo definirlo. Y Clockwork sigue siendo una de las pruebas más claras de ello.
David Aresté



