Concierto de El Riff – 13 de Junio 2026 – Sala Villanos (Madrid)
En 1992, coincidiendo con la Expo de Sevilla, España acogió uno de los acontecimientos guitarrísticos más importantes que se recuerdan. Bajo el nombre de Leyendas de la Guitarra, durante cinco jornadas desfilaron por el escenario algunos de los nombres más importantes del instrumento a nivel mundial. Salvo las excepciones de Paco de Lucía y Vicente Amigo, el cartel estuvo formado prácticamente en su totalidad por artistas internacionales y culminó con una jornada bautizada como La Noche de las Guitarras Locas, en la que coincidieron músicos de la talla de Joe Satriani, Steve Vai, Joe Walsh, Brian May o un entonces jovencísimo Nuno Bettencourt.
Han pasado treinta y cuatro años desde aquel acontecimiento y pocas veces se ha vuelto a contemplar en nuestro país una reunión semejante de guitarristas sobre un mismo escenario. No durante cinco días. Ni siquiera durante una jornada completa.
El pasado 13 de junio bastaron unas pocas horas para que cerca de una treintena de músicos desfilaran por la Sala Villanos de Madrid en el Concierto de El Riff, una iniciativa impulsada por Juanjo Melero que tomó forma a partir del éxito de El Riff Que Me Voló La Cabeza, el podcast que el guitarrista madrileño lleva desarrollando desde hace más de dos años y medio y que se ha convertido en una referencia para los aficionados a las seis cuerdas, como nos detallaba en la entrevista que le hicimos días atrás.
Las comparaciones con Leyendas de la Guitarra serían injustas por contexto, dimensiones y planteamiento, pero conforme avanzaba la velada era inevitable recordar el espíritu de aquella histórica Noche de las Guitarras Locas. No por la presencia de estrellas internacionales, sino por la sensación de estar asistiendo a una reunión irrepetible. Guitarrista tras guitarrista, colaboración tras colaboración, el escenario fue convirtiéndose en un lugar donde generaciones, estilos y trayectorias muy diferentes encontraban un punto de unión común.
Y es precisamente ahí donde reside el gran mérito de Juanjo Melero. Después de años conversando con algunos de los nombres más importantes de la guitarra nacional en su podcast, consiguió trasladar ese mismo espíritu de camaradería, admiración mutua y pasión por la música a un escenario real. Además de tocar, ejerció como maestro de ceremonias durante toda la noche, demostrando unas dotes de comunicador cada vez más evidentes y guiando al público a través de una velada tan compleja como apasionante.



Con una banda base formada por César Uña Valerón a la batería y Andrés Belmonte al bajo, comenzó una auténtica maratón musical que arrancó con una explosiva versión de “You Really Got Me”. Marisa de la Paz, Fernando Pardo y Dani Gómez fueron los encargados de abrir fuego mientras Susana Ruiz asumía con solvencia la parte vocal de un clásico que sirvió para marcar desde el principio el tono festivo de la noche.



La energía continuó creciendo con “Back In Black”, donde Alfonso Samos, Carlitos e Ix Valieri compartieron protagonismo sobre el escenario en una interpretación cargada de actitud y buen gusto. Una vez más, Susana Ruiz demostró una notable capacidad para adaptarse a registros muy distintos, convirtiéndose en una de las grandes protagonistas vocales de la velada.



Uno de los momentos más especiales del primer tramo del concierto llegó con Antonio García de Diego, Julio Castejón y el propio Juanjo Melero interpretando “Blues del Autobús”. Más allá del nivel instrumental, destacó la complicidad entre tres músicos que han vivido buena parte de la historia del rock español desde dentro y que transmitieron esa experiencia en cada nota.
El formato permitía constantes cambios de protagonistas, algo que mantenía la atención del público en todo momento. Tras un pequeño bloque protagonizado por Jopi, que dispuso de cuatro temas para mostrar su personalidad musical, llegó uno de los relevos más interesantes de la noche con la entrada de Miguelito Lamas a la batería.



Su aparición fue una de las grandes sorpresas para quienes no conocían de cerca su trabajo. Potente cuando era necesario, preciso en cada transición y siempre al servicio de las canciones, Lamas aportó una nueva dinámica al espectáculo y dejó claro por qué es uno de los baterías más solicitados del panorama actual.



El desfile de guitarristas continuó con Julián Kanevsky, Unai Izausti y Goar Iñurrieta abordando una vibrante versión de “Are You Gonna Go My Way”. La voz de Baol Bardot aportó la dosis necesaria de energía para convertir el clásico de Lenny Kravitz en uno de los momentos más celebrados de la primera mitad del concierto.
Uno de los aspectos más interesantes de la noche llegó cuando Juanjo Melero explicó que varios guitarristas de clásica y flamenco habían sido invitados al evento, aunque finalmente no habían podido asistir. El comentario dejó entrever una de las grandes virtudes del proyecto: su vocación de reunir todas las formas posibles de entender la guitarra. El propio Melero aseguró que trabajará para que en futuras ediciones esas disciplinas también tengan representación.



La demostración práctica de esa apertura musical llegó inmediatamente después con un inesperado giro hacia el jazz. Juanpa Mejía, Javi Sánchez e Israel Sandoval ofrecieron una magnífica interpretación de “So What” de Miles Davis. Fue uno de los momentos más elegantes de toda la noche. Lejos de buscar exhibiciones innecesarias, los tres músicos construyeron una actuación llena de sensibilidad, matices y respeto por el espacio musical, demostrando que la guitarra también puede brillar desde la sutileza.
La vuelta al rock se produjo con otra de las canciones imprescindibles de la historia del género. Chandro Catlani y Manolo Arias asumieron las guitarras de “Smoke On The Water”, mientras Baol Bardot volvía a encargarse de la voz. La respuesta del público fue inmediata ante uno de esos himnos que parecen funcionar siempre.



A continuación llegó otro de los bloques más personales de la noche, protagonizado por Santi Campillo. El guitarrista dispuso de un pequeño set propio de cinco canciones en las que pudo desplegar todo su talento acompañado inicialmente por Miguelito Lamas. Los temas fueron “El cielo de tu amor”, “La fina”, “Mi guitarra lloró”, “Donde el río hierve” y “Un buen momento”. Posteriormente regresaría César Uña Valerón para completar la actuación, que terminó con Fede Espinosa encargándose de la voz de uno de los temas.



Si hubo un momento especialmente celebrado por los aficionados a la guitarra, ese fue probablemente el protagonizado por Jorge Salán y Fernando Montesinos sobre “Walking By Myself” de Gary Moore. Montesinos firmó un despliegue guitarrero espectacular, lleno de intensidad y recursos, mientras Salán aportó la contundencia y precisión técnica que le caracterizan. Dos enfoques diferentes, pero perfectamente complementarios, que terminaron convirtiendo la actuación en una auténtica exhibición.



El homenaje a Ozzy Osbourne llegó de la mano de Alberto Marín, Robert Rodrigo y Tony Hernando, que se encargaron de las guitarras en una poderosa interpretación de “Paranoid”. La voz corrió a cargo de Susana Ruiz, que volvió a demostrar su versatilidad afrontando con personalidad uno de los clásicos más inmortales de Black Sabbath.



La emoción regresó con fuerza poco después gracias a “Still Got The Blues”. Sefo Barragán, Luis Cruz y Tony Waka encontraron en la voz de Susi la compañera perfecta para rendir homenaje al legado de Gary Moore en una de las interpretaciones más sentidas de toda la noche. Fue uno de esos momentos en los que la técnica pasó a un segundo plano para dejar espacio a la emoción.



La recta final reservaba todavía algunas de las imágenes más especiales del concierto. Juanjo Melero compartió escenario con Carlos Raya para interpretar “Como si fuera ayer”, un tema de la carrera en solitario de Juanjo, en una actuación cargada de simbolismo y afecto mutuo. Durante la presentación hubo también palabras de recuerdo para miembros de Sangre Azul que estaban en la sala Tony y para el desaparecido Julio Diaz, bajista de Sangre Azul.



Con Carlos Raya todavía sobre el escenario llegó el gran cierre de la velada. Jero Ramiro y Armando de Castro se sumaron a la fiesta para afrontar una monumental versión de “Whole Lotta Love”. Con Susana Ruiz de nuevo a la voz y tres figuras fundamentales de la guitarra española compartiendo protagonismo, el clásico de Led Zeppelin puso el broche perfecto a una noche irrepetible.



No todo salió exactamente según lo previsto. Algunos problemas técnicos y diversos contratiempos hicieron que el espectáculo acumulara retraso y que finalmente no pudiera interpretarse todo el repertorio inicialmente programado. Sin embargo, lejos de empañar el resultado, esos pequeños inconvenientes terminaron evidenciando la enorme complejidad de coordinar una reunión de semejantes dimensiones.
Si algo quedó claro al finalizar la noche fue que el público quería más. La ovación final, los corrillos de aficionados comentando cada actuación y la sensación general que se respiraba a la salida de la Sala Villanos confirmaron que el Concierto de El Riff había superado la prueba más importante: dejar a la gente con ganas de repetir.
Treinta y cuatro años después de aquella legendaria Noche de las Guitarras Locas de Sevilla, Madrid vivió su propia celebración de las seis cuerdas. Distinta en formato, distinta en contexto y distinta en protagonistas, pero igual de especial para quienes tuvieron la fortuna de presenciarla. Si esta primera edición sirve como referencia, el futuro del Concierto de El Riff promete seguir dando mucho que hablar.
Texto y fotos: David Aresté



