Drums of War – 27 – 29 de agosto de 2026 – Atlantic Events (Barcelona)
Aunque el cansancio acumulado empezaba a hacer mella, la tercera jornada empezaba por todo lo alto con los germanos Nocturnal, que nos ofrecieron una buena descarga de Blackened Thrash Metal primitivo y de vieja escuela que nos quitó las lagañas y nos devolvió al campo de batalla.
Desde la inicial “Satanic oath” que, por cierto, empezó antes de la hora prevista, derramaron azufre sin miramientos ¡qué manera de derrochar energía!




Como ya había pasado el resto de días, el sonido iría mejorando conforme avanzaba su actuación y así fue con “Rising demons”, “Thrash attack” o “Speed Metal attack” (los títulos ya son indicativos de los derroteros de la los germanos) atronaron con fiereza. Avenger, su guitarrista fundador, y Invoker, su vocalista, llevaron el peso de la actuación y aunque a la voz ha tenido predecesores, lo cierto es que Invoker lo borda por voz, espíritu y puesta en escena. No podía empezar mejor el día.
Mi mayor motivación en esta jornada eran los suecos Gates of Ishtar por cuanto soy hijo del Death Metal sueco de los noventa, bien sea originario de Estocolmo o Goteborg, y a los de Mikael Sandorf no había tenido aun ocasión de verlos nunca. No solo no decepcionaron sino que escuchar entero su primer disco ‘A bloodred path’ fue una exquisitez.




Entre el público había muchos fans de banda, no solo por la cantidad de camisetas de ellos que se veían sino también por la respuesta a canciones como “Where the winds of darkness blow” o “The silence”. Su concierto solo tuvo un pero y es que no tocaran el bonus track de ese disco, la versión del “I wanna be somebody” de W.A.S.P. aunque lo compensaron tocando “Dreamfields” de su segundo trabajo, ‘The dawn of flames’, y cerrando con “Ghost” como premier de su próximo disco.
Mientras los veía no podía evitar acordarme de Oskar Karlsson, su primer batería, con quien tenía apalabrada una entrevista poco antes de morir y eso dotó, en lo personal, de un punto de nostalgia y sensibilidad a su actuación. Aun con todos los condicionantes, Gates of Ishtar estuvieron inmensos.
Y tras ellos, el mejor concierto del día. Sin palabras para lo que hicieron Hellbutcher. Una salvajada arriba y abajo del escenario con un setlist centrado en su primer, y homónimo, larga duración y que terminaría con tres versiones que, aunque sean las que tocan siempre, desgañitaron al personal: primero el “Losfer words (Big ‘Orra)” de Iron Maiden, siguieron con el “Die in fire” de Bathory y terminaron con el “Black Metal” de Venom, sin duda tres de las más grandes referencias musicales de los suecos.




El histérico Black Metal de Hellbutcher multiplica su efervescencia por mucho en directo tal y como vimos en Drums of War en un concierto memorable. De entre los temas propios, “The swords of wrath” “Perdition” o una “Death rider” con Hellbutcher vociferando y arengando al público desde el foso de fotógrafos fueron bombas atómicas. Sin duda, el gran protagonista fue Hellbutcher, su vocalista, maquillado, ataviado en cuero, tachas y pinchos larguísimos, con cara de psicópata y voz desquiciada encarnando a la máxima expresión del metal extremo.
Y a media tarde empezaban a llegar las bandas grandes de nombre y a fe que se notó en la cantidad de público que había en la sala, que se volvió incómoda por momentos. Impaled Nazarene inauguraban este segmento de bandas. Los de Mikka Luttinen hicieron un concierto aguerrido y con la mala hostia que les caracteriza pues la amabilidad no está entre sus cualidades.




La expectación era máxima y los finlandeses no defraudaron. Clásicos como “Kali-Yuga” o “Motorpenis” no podían faltar aunque también hubo tiempo para rescatar “Eight headed serpent”, el title track de su último disco, de 2021. Para el tramo final se guardaron “Armageddon death squad” y la hímnica “Total War – Winter War”. Recuerdo haberlos visto por primera vez en el Atarfe Vega Rock de Granada en 2006 y ahí Mikka y Mika Arnkil al bajo ya comandaban la nave. Desde entonces nada ha cambiado, sus shows siguen siendo incendiarios y provocativos y sus fans les veneran sin medias tintas.
Era uno de los conciertos más esperados de todo el festival y no defraudaron. 1349 llegaron al escenario con su equipo de seguridad abriéndoles paso. Abusaron de luces rojas y azules y especialmente de humo y eso creó un ambiente más oscuro y demoníaco si cabe, pero claro, cuando apenas puedes ver a los músicos se convierte en un problema. Bien para los que disfruten de ello pero creo que ver algo más hubiera favorecido su actuación.




En lo musical estuvieron impecables, sonaron perfectos y Frost volvió a dar una lección de batería aunque en realidad apenas lo vimos; sé que era él porque le vi ensayar en la retaguardia de la sala mientras tocaba Hellbutcher con una batería que le montaron para la ocasión.
Aunque centraron su repertorio en sus dos últimos discos, tuvieron a bien acordarse de cortes como “Blood is the mortar” o “I am abomination”. Sonaron atronadores y volvieron a demostrar porque son una de las bandas más respetadas y veneradas dentro del Black Metal.
Otro plato fuerte era la actuación de Unleashed, una banda que se prodiga poco por España, y que si no me falla la memoria no venían desde 2019 que estuvieron en el Leyendas del Rock. La banda de Johnny Hedlund y Anders Schultz tiene una formación estable desde 1995 y eso se nota al verlos pues tocan de memoria y la compenetración entre músicos es la del mecanismo de un reloj suizo. Y, por si fuera poco, su bagaje discográfico es tan amplio y de tanta calidad que da igual lo que toquen, que el repertorio va a estar a la altura. No obstante, los buques insignias como “To fly we Asgaard” con la que abrieron, “Hammer battalion” o “The immortals” no podían faltar.



El nivel de entrega de la banda fue en concordancia al del respetable por lo que la comunión fue perfecta y ese era el reflejo de las ganas que había de ver a los suecos. Para el final dejaron “Death Metal victory” en la que Johnny hizo el juego de partir al público en dos bandos a ver cuál gritaba más y lo cierto es que eso llevó a la canción al clímax absoluto. Terminaron su concierto con una celebradísima “Before the creation of time” que lo puso todo patas arriba ¡vaya lección de Death Metal sueco vikingo nos dieron Unleashed! ¡Esto sí es Viking Death Metal del de verdad! No te conformes con medianías.
A Destruction no los vamos a descubrir a estas alturas, tampoco a Schmier. Decir que los germanos nunca defraudan en directo está de más y aunque no se olvidaron de los clásicos, venían a presentarnos su reciente ‘Birth of malice’, para mí su mejor trabajo desde aquel ya lejano ‘Metal discharge’ de 2003, aunque para gustos, colores. Otro tema para debatir ¿es la actual, la mejor formación de Destruction? Sigo echando de menos a Mike Sifringer en el escenario pero es que Martin Furia y sobre todo Damir Eskic tienen un nivel espectacular y ofrecen un dinamismo desbordante a los conciertos.




Los moshpits no cesaron en todo el concierto y el crowdsurfing era continuo por lo que el personal de seguridad tuvo que emplearse a fondo. Ignoro el motivo pero las máquinas de aire acondicionado estuvieron apagadas un buen rato y el calor sofocante por la acumulación de gente y la adrenalina concentrada se multiplicó por mucho. “Nailed to the cross” Bestial invasión” “Thrash ‘till death” o “Total desaerre” no podían faltar a la cita de los carniceros Destruction.
Con Aeternus hubo gente que empezó a abandonar el festival. Mal por ellos porque se perdieron tres grandes conciertos, bien por los demás para ganar en comodidad. Los noruegos no son una banda fácil de escuchar, tampoco es habitual verlos por estos lares y además iban a tocar entero ‘Beyond the wandering moon’ por lo que la ocasión la pintaban calva.




Tan solo queda Ares de la formación que grabó aquel disco pero se ha rodeado de músicos muy solventes, como el bajista Eld, que también toca con Hellbutcher. Densos, oscuros y gélidos fueron desgranando temas como “Sentinels of darkness” o “Winter tale” a los que sucumbimos sin remedio.
Encarábamos la recta final con los valencianos Orthodoxy. No tuvieron mucho tiempo pero aprovecharon para mostrarnos los baluartes que esconden sus discos ‘Ater ignis’ y ‘Novus lux dominus’.




Temas largos, densos y técnicos con un sonido correcto que fueron bien recibidos por los fans que les esperaban a esas horas. Una pena que tocaran tan tarde porque podrían haber dado más juego en otro horario.
Y, para cerrar, llegaban los cántabros Funebre Devastation que desplegaron todo su arsenal de batalla. Cómo impone Erun Dagoth al frente de la banda y que fiereza desprenden con trallazos de la talla de “Rise of the crawling dominion” o “Nuclear peace”. Como en el caso de Orthodoxy, una pena que tocaran a una hora tan tardía, aunque eso no fue óbice para que nos desgranaran toda su mala hostia.



Así terminaba un festival con un line up que es para frotarse los ojos porque era impensable que esto sucediera en Barcelona. Creo que el festival es para salir más que satisfechos, para que tenga continuidad y una organización que se ha ganado la credibilidad que le confiere un éxito de esta magnitud ¿hay cosas a mejorar? Por supuesto y preocupante sería que un festival novel lo hiciera todo bien a la primera pero también es cierto que el run run previo al Drums of War hablaba de cancelaciones, fracaso, mala sala y vete tú a saber qué más y Manguales ha callado bocas, muchas. Ahora solo queda esperar a la próxima edición, que ya está confirmando bandas y caramelitos como Thulcandra, Dismember o los Gehennah suecos.
Texto y fotos: Marc Gutiérrez
Drums of War 2026: Blackcelona desata su jornada más extrema



