Drums of War – 27 – 29 de agosto de 2026 – Atlantic Events (Barcelona)
Arrancaba la segunda jornada llena de platos fuertes y The Night Eternal era uno de ellos. Una banda que está creciendo como la espuma, primero de la mano de Ván Records y ahora ya con una major como Metal Blade.




Pese a que ‘Cold velvet’ copó la mayor parte del repertorio, no se olvidaron de sus discos previos, especialmente de ‘Moonlit cross’ que fue el que les descubrió al mundo y, quizá por ello, “Elysion (take me over)”, “Prison of flesh” y “Moonlit cross” fueron tan celebradas.
Su Heavy ocultista cala entre los fans y el carisma de Ricardo, su vocalista, hace el resto. Concierto soberbio que se hizo muy corto y con el que se evidenció nuevamente que la pantalla que había justo encima del escenario ensombrecía a los músicos por cuanto tapaba luces que iban al escenario. Pese a ello, embriagadores The Night Eternal.
Y llegaron los noruegos Deathhammer, nos dieron una patada en la boca y se lo llevaron todo por delante con su Blackened Thrash Speed Metal. Sergeant Salsten y Sadomancer dieron una lección de lo que es tocar a toda pastilla, repartir zapatilla y azufre y sembrar el caos absoluto entre el público con un repertorio que recogió temas de toda su carrera.




Que a Sergeant Salsten le falte un diente y grite y haga agudos como si lo estuvieran matando no hace sino engrandecer a la banda. En una onda distinta, me quieren recordar a Darkthrone por cuanto se mantienen como dúo, unidos desde el principio y fieles a su estilo, la diferencia entre ambos, eso sí, es que estos actúan en directo.
‘Crimson dawn’ de 2025 es su más reciente trabajo y con cortes como “Abyssic thunder” o “Legacy of pain” dieron buena cuenta de él. Sin piedad y sin darnos respiro, Deathhammer devastaron Barcelona.
Acto seguido llegaron los estadounidenses Negative Plane, una banda que se prodiga poco tanto en estudio como en vivo. La suya era una de las propuestas más particulares del festival por cuanto no hablamos de un Black Metal al uso sino más bien del desarrollo del género a terrenos más atmosféricos, densos, progresivos y oscuros si cabe y con una duración considerable.



Especial protagonismo cobró en su repertorio su último trabajo, ‘The pact’ de 2022 con cortes como “Poison and the crucifix” o el cierre con “And soit came to pass”. Costó que calara su propuesta pese al buen sonido.
Y a media tarde vivimos uno de los grandes conciertos de esta edición del Drums of War con Pestilence. Patrick Mameli es sabedor que su mejor etapa compositiva pasó hace tiempo y que sus cuatro primeros discos son ley dentro del Thrash / Death progresivo y por ello centra sus repertorios en esos trabajos.




La actuación del Drums of War no fue diferente. “Twisted truth”, “Lost souls”, “Testimony”… clásico tras clásico sonando atronadores y con el público entregado. Pese a que en los últimos tiempos nos han visitado en varias ocasiones, Pestilence es de los que nunca fallan y siempre apetece verlos. Sin duda, la mejor forma de levantarnos el ánimo después de Negative Plane.
Con Kampfar llegó el primer momento del día en que el sold out se hizo más patente. El público llegaba hasta la pared del fondo y moverse era realmente complicado. Hacía mucho tiempo que no veíamos a la banda de Dolk por aquí y la excitación se palpaba en el ambiente.




El suyo fue un concierto muy sobrio, donde el ritmo y el repertorio estaban muy medidos y donde cada uno de sus componentes tiene un papel claro. Así las cosas, Ese al bajo y Per a la guitarra no dejaban de posar en busca de un flash y arengar a las primeras filas. Mientras, Dolk ejercía de líder y controlaba la escena a su antojo porque el saber hacer que tiene le confiere galones para ello.
Pese a que no tocaron ningún tema de ‘Mallom skogkleede aaser’, el repaso a toda su discografía fue espectacular y ‘Fra underverdenen’ cobró especial protagonismo con “I ondskapen kunst” y “Norse”. Los fans salieron más que extasiados, y exhaustos por el cansancio y el calor.
Acto seguido llegaba uno de los conciertos más especiales del festival y es que Vinterland, ese grupo de culto que ya no creíamos que veríamos nunca, venían celebrando el treinta aniversario de su “Welcome my last chapter”.




Cierto es que les costó encauzar el sonido pero cuando tu repertorio incluye clásicos del calibre de “A castle so cristal clear” o “Wings of sorrow” y los fans conectan con ellas, la magia del momento ensombrece cualquier deficiencia. Fanatismos aparte, el sonido no fue el mejor posible pero fue mejorando a medida que avanzaba el concierto. Estuvieron sobrios, demostraron la gran calidad instrumental que poseen y consiguieron embaucarnos con su Black Metal melódico. Una actuación soberbia con DF Bragman comandando la nave con maestría mientras Andreas Jonsson a la batería marcaba el paso. Apabullantes.
Era la hora de Tormentor, la banda de Attila Csihar. Quien nos iba a decir que veríamos por estos lares a Tormentor a estas alturas y eso es gracias a Manguales. Sí, es la banda de Attila pero ojo, que esta gente toca y de qué manera y lo vimos en cortes como “Elizabeth Bathory” o “Recipe ferrum!” con largas instrumentaciones que permitían la teatralidad de un Attila desatado, que apareció en escena con gafas de sol, un peinado un tanto extraño y muñequeras y chaleco de tachuelas.



Y es que su indumentaria y las diferentes performances que iba descubriéndonos durante el concierto formaban parte de su espectáculo. En “In gate of hell” apareció con un látigo de siete puntas para autoflagelarse y azotar a sus compañeros y en “Live in damnation” con la careta de un cerdo. Attila no deja indiferente a nadie y en Tormentor se siente totalmente liberado pues es su banda, tocan para él y maneja el cotarro a su antojo. Excelente sonido para un concierto crudo y áspero en lo musical y muy atractivo de ver. Excelentes Tormentos confirmando el acierto de tenerlos como cabezas de cartel.
Y tras la tormenta de Tormentor llegó el vendaval de Grave ¡Que bárbaro! Sin intro sin parafernalia ni atrezzo. Les costó ajustar el sonido pero cuando lo consiguieron (a medias) devastaron el festival. El suyo fue un concierto 100% old school, centrado en sus tres primeros trabajos, ‘Into the grave”, ‘You’ll never see…’ y ‘Soulless’ y por si fuera poco nos regalaron la versión del “Black dawn” de Corpse, la precuerla de Grave. Arrancaron con “Eroded” y “Deformed” y desataron las hostilidades sin apiadarse de nosotros.




La lección de Death Metal que nos dieron fue antológica. El público desatado y la sala a reventar convertida en una olla a presión. “For your god” o “Into the grave” nos hacían vibrar y provocaron pogos a pares. Por si fuera poco, al bajo estaba la leyenda Tobias Chriatiansson, que es uno de los nombres capitales de la escena por haber estado o estar en bandas como Dismember, Necrophobic y Grave entre otros muchos. Y para acabar el concierto, locura máxima con “Extreme rotten flesh” y “… And here I die”. Grave fueron una máquina de matar, bueno como siempre, porque los suecos no defraudan. Contando los días para volver a verlos.
El cansancio empezaba a hacer mella pero Onslaught no nos iban a dar tregua con otro concierto apabullante. Los ingleses, comandados por Sy Keeler a la voz y Nige Rockett a la guitarra nos recordaron su legado. ¡Qué bien sentaron Onslaught a esas horas! El público les tenía ganas y ellos, que son una de esas bandas infravaloradas dentro del Thrash europeo, respondieron con creces a ritmo de “Let there be death” o “Fight with the beast”. Pogos y crowdsurfing se sucedían al ritmo de la música. La satisfacción era absoluta tanto para los músicos como para el respetable porque las caras de unos y otros no mentían.




Concierto old school centrado en los discos ‘Power from hell’, ‘The force’, y en menor medida ‘Killing peace’ y algún recuerdo a ‘Sounds of violence’ fueron el esqueleto de su show y por si fuera poco sonaron muy bien. Aunque hubo quien se marchó de la sala, al aspecto era espectacular con muchísima gente con ganas de más tralla.
Y para cerrar la segunda jornada llegaban Unbounded Terror desde Mallorca con un repertorio exclusivo centrado en su primer trabajo ‘Nest of affliction’. La banda de Vicente Payá, asidua de los escenarios barceloneses, tiene ahora una formación de garantías con Andrew Spinosa al bajo y voz que da consistencia a su propuesta.



Los entusiastas fans que quedaban ya a esas horas los llevaron en volandas, y ellos lo dieron todo sobre el escenario. Vicente estuvo todo el día en el puesto de merch del festival y a esas horas se cogió su guitarra para hacer lo que más le gusta y además volver a dar vida a uno de los discos claves de los inicios del Death Metal patrio.
Texto y fotos: Marc Gutiérrez
Drums of War 2026: crónica de la segunda jornada en Blackcelona



