Red Sun Fest Vol.5. Sala Rocksound, Barcelona, 9 y 10 de marzo, 2018.

Los amantes del Stoner tenían una cita obligada este marzo, dos días llenos de riffs pesados, Fuzz, Groove y, sobre todo, buen rollo, en la quinta edición del Red Sun Fest, que, como no podía ser de otra forma, tuvo lugar en la meca del Stoner de Barcelona, la sala Rocksound.

Texto y fotos: Quim Torres

Suerte tenemos de Red Sun, que nos trae casi cada semana grupos de gran calidad que mantienen viva la escena y monta pequeños festivales como este o el magnífico Riff Ritual Fest del año pasado, el cartel del cual es francamente difícil de superar. Esta vez nos deleitaron con tres grupos para cada día, el primero con el sello de la denominación de origen francesa, con The Necromancers y Deadly Vipers, teloneados por los locales Fuzz Forward; y el segundo con los suecos Langfinger, Electric Valley desde Madrid y los barcenoleses Electric Monolith.

Dia 1: The Necromancers + Deadly Vipers + Fuzz Forward

A una hora que nos permitía cenar sin prisas a nuestro horario habitual, lo cual parece bastante difícil de encontrar en esta ciudad, empezó el primer día de este festival, y el grupo encargado de abrirlo sería Fuzz Forward, a quien ya habíamos visto hace poco más de un mes en la misma sala, pero que justo ese día sacaban a la luz su álbum debut Out of Nowhere.

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Quizás por ese detalle se les veía especialmente felices, más sueltos y con más conexión entre los componentes. Si no me equivoco, hicieron casi el mismo set-list que en la pasada ocasión, empezando por el riff aplastante de “So Fad” y acabando con “While They Corner”. Pero se les perdona la repetición, porque me conformo con volver a escuchar ese bajo tan demoledor que tienen.

Para ser el primer grupo, la sala ya estaba considerablemente llena, y Fuzz Forward supieron calentar muy bien al público con su buena dosis de Stoner y Grunge pesado, que hizo mover muchas cabezas y creó un buen ambiente para recibir al próximo grupo: Deadly Vipers.La primera formación francesa de la noche destacó por su energía, imparablemente, sacudieron al público un riff tras otro y su actitud encima del escenario fue la guinda del pastel; aunque quizás el cantante, aun teniendo una gran técnica vocal -seguramente la mejor de la noche-, no acabó de convencer a algunos de los asistentes por cómo se combinaba con el resto de la música.

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Venían a presentar en casi 40 minutos su trabajo recién editado Fueltronaut. Tras una pequeña lenta, fuerte y grave introducción empezaron con dos grandes canciones, y quizás mis preferidas, como son “Doppleganger Sun” y “The Prey Goes on”. La influencia del desierto californiano de Kyuss se hacía palpable en temas como “Universe” o “Meteor Valley”, que mostraron un tipo de Stoner bastante típico, pero muy cañero y lleno de potencia.La potencia iba en aumento tras el temazo de “Dead Summer”, y en las últimas dos canciones consiguieron crear una cosa que parece bastante difícil en un concierto de Stoner: un pogo. Si durante todo el concierto la marca personal que presentaron fue la de su gran potencia, lo acabaron de remarcar con “River of Souls” y, finalmente, la cañera “Supernova”, que acabó de volver locos a los asistentes.

Deadly Vipers nos hizo descargar tensiones con su frenético directo, así que estábamos preparados para adentrarnos ahora en otro mundo mucho más oscuro, el de sus compatriotas The Necromancers, que también venían a presentar su disco debut Servants of the Salem Girl.Esta jovencísima banda de Poitiers ha sido una de las grandes revelaciones del pasado 2017, seguramente, gracias a un estilo muy personal, pero, a la vez, que recoge influencias de muchos sitios distintos, mezclando cosas como Doom, ocultismo, psicodélia, sonido vintage y una voz que también podría encajar perfectamente en un grupo de Sludge, por ejemplo.

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No había visto cómo eran ellos hasta ese día, y por la madurez de sus composiciones me imaginaba que se trataría de unos músicos más bien rodados, por lo cual lo primero que me sorprendió al verlos en el escenario fue su juventud, no se cuantos años deben tener exactamente, pero su media de edad debe rondar los 25.The Necromancers arrancaron con uno de los riffs más directos y cañeros que tienen, el que da inicio a “Grand Orbiter”. Desde el mismo inicio los acompañó un buen sonido que hizo más que justicia a la buena producción que tiene su álbum.El cantante y guitarra rítmico, Tom, demostró una voz interesante, sencilla y grave, pero con una especie de sensualidad misteriosa que encaja perfectamente con la actitud de su música. Las dos partes de “Salem Girl” fueron buenos temas para apreciar esto y sirvieron para entrar ya en conexión con el público.

Pero cuando realmente se los ganaron fue con “Lucifer’s Kin”, con sus lentos y Black-Sabbatheros riffs, terroríficos y pesados, que crearon bastante movimiento en la sala, que aumentó con la canción que lleva el nombre de la banda. Si estos dos temas no consiguieron invocar a Lucifer, creo que sí que transmitieron su esencia, pues The Necromancers han recuperado la fórmula para transmitir con la música la belleza y sensualidad del terror y de lo oculto, una combinación que contra más la escuchas más te atrapa.

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Terminaron su corto setlist de 6 canciones -es lo que tiene hacer canciones de 7 minutos de media- con la cañera “Black Marble House” y su aplastante riff final, perfecto para hacernos llegar a la catarsis de este ritual, haciendo que los asistentes corearan insistentemente que querían más. La joven banda no se había preparado nada más, de hecho, no tienen más canciones, así que, ante la insistencia del público, terminaron repitiendo la magnífica primera parte de “Salem Girl”.Y así acabó la primera parte de este Red Sun Fest, dejándonos ir a dormir pronto, pues más nos valía descansar, porque creo que pocos nos imaginábamos lo que íbamos a vivir la noche siguiente, una bestialidad.

Dia 2: Langfinger + Electric Valley + Electric Monolith

De los cuartetos de la pasada noche, en esta pasamos a los tríos, y no por tener menos cantidad de personas en el escenario teníamos menos caña, sino que en algunos casos esto pareció ser inversamente proporcional.

Los encargados de abrir esta tanda final fueron Electric Monolith, una de las bandas de Barcelona con las que más disfruto en directo. Electric Monolith es una máquina del tiempo que nos devuelve a los 70, su sonido ácido y muy trabajado y sus composiciones con estribillos pegadizos y solos eternamente perfectos nos adentran en toda una espiral de psicodelia.

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Pero, sin duda, lo que más me gusta de esta banda es la batería de Pepo Villena, con sus ritmos constantemente cambiantes, inesperados y originales, hace que las canciones caminen de una manera espectacular. Supieron transmitir una gran energía al público, el cual, al finalizar, pidió un bis que, como pasó con The Necromancers la noche anterior, tuvieron que sacar de algunas de sus canciones ya tocadas, que en este caso fue “Ressurect the Dead”, con la que la máquina del tiempo se convierte en una nave espacial que nos lleva a “ver las lunas de Jupiter”.

Y ya lanzados al espacio exterior, sería la hora en que los madrileños Electric Valley nos conducirían por él, a través de canciones de sus dos LP’s Multiverse y Two Realities at War. Y si del grupo anterior destacaba la batería, de Electric Valley encuentro característica la combinación contrastada entre un guitarrista técnicamente impecable y un bajista y cantante que llena de Groove los escenarios.

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Unos riffs muy bellos y melódicos también buscan el contraste con la voz desgarrada y personal de Miky Simon y las partes ambientales y psicodélicas que se juntan a su Stoner de influencia californiana son quizás dónde muestran su mayor potencial.

Y así llegamos a la recta final del festival, ¡y qué final! A eso de las 23:30, los suecos Langfinger se subían al escenario para ir preparando con tranquilidad su equipo. La sala estaba a petar desde la anterior actuación, el ambiente estaba muy animado y el público tenía ganas de caña, tanto que ya empezaron a corear el nombre de la banda mientras estos colgaban su pancarta con ciertas dificultades pero con mucha gracia.

Con el público ya ganado antes de empezar a tocar, se colgaron ahora los instrumentos y empezaron a tocar el riff en crescendo de “Fox Confesor”. Y en crescendo iría todo el concierto, aunque desde esta primera canción ya sonó un pensamiento en mi cabeza: “estos tíos están zumbados”, una idea que se fue reforzando hasta el final, haciendo que sea Langfinger una de las bandas más locas que he visto encima de un escenario en los últimos años.

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Los suecos no paraban de moverse, saltar y liarla, con una energía descomunal, transmitida a su público, que se volvía tan loco como ellos. Si bien en estudio tienen un sonido más vintage y todo parece más correcto, en directo, ese sonido va en consonancia con su actitud, se vuelve mucho más distorsionado, más potente, la voz es más desgarradora y, todo en conjunto, es una tormenta de maravilloso Stoner Rock, una pasada.

En la primera parte del setlist figuraron sobre todo canciones de su último trabajo, Crossyears, “Caesar’s Blues”, “Say Jupiter”, “Feather Beader” o la misma “Crossyears”, mientras que en la segunda parte tocaron específicamente temas de su primer LP Skygrounds, lo cual es curioso porque dejaron prácticamente de lado el álbum de 2012 Slow Riders.

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En las canciones de su trabajo debut se notaba mucho más esta diferencia entre estudio y directo, no sólo en el sonido sino en la manera de tocar las canciones, totalmente desenfrenada y colando algunas buenas improvisaciones. Después de “Fantasy Ridge” y “Electric Boogieland”, uno podía pensar que la cosa poco más podía dar de sí, pero entonces nos regalaron dos canciones más, dos canciones que hicieron vibrar toda la sala y crearon toda una catarsis colectiva.

El final empezó por “Herbs in my Garden”, donde Victor Crusner acabó de demostrar toda su potencia vocal, por si no lo había hecho suficientemente hasta entonces; se mezclaron pesados riffs con un suave interludio, en el que surgió la magia del directo, de la conexión entre el público y banda, pues sobre la base de la canción, de improviso, los asistentes empezaron a cantar los famosos coros de “Sympathy for the Devil” de Rolling Stones, a los que Victor les siguió el rollo, haciendo de ello algo irrepetiblemente magnífico. Pero la apoteosis final llegó con “Ragnar”, donde, en una de sus partes, Crusner despositó su confianza en uno de los desconocidos asistentes, colgándole su propio bajo y dejándole seguir la canción. El final no podía ser más grande, el público flipaba, el guitarrista Kalle Lilja se subía encima de la batería, el batería Jesper Pihl parecía salirse de ella y nos hubieran dejado sordos, a mucho gusto, de durar un minuto más.

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Con este gran final acababa de forma inmejorable la quinta edición del Red Sun Fest, que esperemos que dure muchos años más, así como no sólo este festival, sino toda la magnífica labor que lleva a cabo Red Sun durante todo el año y que va mejorando con el tiempo.

Texto y fotos: Quim Torres