“El glam o glitter rock fue capaz de subvertir lo normativo, principalmente en cuestiones de género, así como el modo en que este propósito ha mutado a lo largo del tiempo”

Ese subtítulo de “La revolución de las lentejuelas” no podría ser más adecuado para este movimiento musical espectacular, llamativo, brillante y, realmente, bastante más complejo de lo que puede percibirse si solamente juzgas la estética. Porque sí, es muy relevante esa parte de espectáculo, la teatralidad, los looks imposibles y maquillajes de colores. Pero detrás de eso hay también reivindicación, sexualidad, libertad creativa y temas tan actuales como las identidades fluidas. En “Glam Rock”, publicado bajo el sello Ma Non Troppo de Redbook Ediciones, la periodista Noelia Murillo nos acerca a este gigante de la música.

Voy a ser muy transparente ya desde el principio: me encanta todo el tema del glam. He crecido con David Bowie, en la pared que tengo delante ahora mismo hay un cuadro de él con el clásico rayo cruzando su rostro. Mi libro musical favorito, con el que siempre molesto a todo el mundo esperando que me hagan caso por agotamiento y lo lean, es “Los Trapos Sucios” de Mötley Crüe. Muchos artistas actuales (o ya no tan nuevos por sus años de trayectoria pero igual de fantásticos como The Darkness) que todavía siguen esta corriente están entre mis favoritos. Vamos, no soy la persona más objetiva para juzgar este ensayo. Aún así, he intentado controlar mi lado más fan mientras leía y también escribiendo estas líneas.

Esta rama de nuestro querido rock and roll apareció con fuerza en los años setenta, para ir disolviéndose en los noventa, víctima del éxito del grunge, terreno en el que ya no encajaban precisamente las citadas lentejuelas y el maquillaje con purpurina. Pero como estos ciclos funcionan con el conocido “es que todo siempre vuelve”, sus pisadas siguen marcando a muchísimos artistas que se incorporan a día de hoy a altísimos niveles de la cultura popular. Ojo, que el brillo y lo aparentemente desenfadado de ciertos aspectos del asunto no engañen: la autora hace un trabajo excelente de documentación y exposición de la complejidad de los aspectos sociales, culturales y puramente musicales que dan lugar a todo lo que se engloba bajo la etiqueta del glam rock, profundizando bastante en las distintas bandas o solistas que van desfilando por las páginas (incluso siendo un recorrido que va saltando de unas a otras sin centrarse específicamente en una, lógicamente).

No soy una eminencia del género pero, teniendo detrás muchos años de cercanía a él, he descubierto gran cantidad de información que desconocía y hasta artistas que ni me sonaban previamente, sobre todo en las páginas dedicadas a figuras que pasaron fugazmente por el panorama musical de la época. No tengo que destacar solamente el volumen de artistas, bandas, subgéneros o historia que se presentan, sino también la investigación sobre sus antecedentes, trasfondo, influencia posterior o impacto y hasta representación en nuestro país (“los Bon Jovi españoles” es un concepto que no sabía que necesitaba). Aquí se da un paseo desde los esenciales del género y su génesis como Marc Bolan hasta llegar a la actualidad e, incluso, a participantes del Festival de Eurovisión. En definitiva, me ha sorprendido para bien la profundidad que tiene este ensayo.

La cereza encima de este postre la ponen las fotografías a todo color (porque era necesario no, obligatorio en un libro sobre este tema), un estilo que hace la lectura muy amena y unos complementos finales que consultaré y seguiré sin dudas: películas relacionadas, documentales recomendados, biografía y una playlist de acompañamiento para la lectura. Aunque tengo que destacar la parte dedicada al sleaze rock de los ochenta (basándome exclusivamente en preferencia personal), con todos sus excesos y arrogancia, en general ha sido sin dudas uno de los libros musicales que más he disfrutado. Deja atrás los prejuicios (si los tienes) y sube a este carro con tu mejor boa de plumas: súper interesante y recomendado con ganas.

Marta Montero