Con la edición del año pasado en mente nos acercábamos, ya a primerísima hora, al Auditorio Miguel Ríos, con una mezcla de expectación y ganas que no empañaba la intensa lluvia que caía en esos momentos sobre todo Madrid.

Texto: Alberto López
Fotos: Mario López

El año pasado fue la agradable sorpresa de los eventos veraniegos, este debía ser el de la confirmación. Desconozco los datos oficiales, pero quizá se volvió a echar en falta algo más de gente, a pesar de que la propuesta, al igual que el año pasado, era interesantísima a la par que divertida, y los que pudimos disfrutarlo, una vez más salimos encantados. Calidad musical a raudales y horas de diversión, ¿Qué más se puede pedir?

Los primeros en salir a la palestra fueron los británicos de Stone Broken, joven banda que con su segundo álbum recién salido del horno fueron un más que destacado comienzo de festival. Ni la temprana hora ni la intermitente lluvia que cayó durante sus primeros temas hicieron mella en ellos, dejándose la piel en el escenario desde el minuto uno. Hard Rock de corte moderno, muy enérgico, el que practican los de Walsall, que ya desde las primeras piezas como “Heartbeat Away” o “Better”, supieron imprimirle al show lo necesario para contrarrestar todas las pegas que supone el abrir un festival, y con mal tiempo.

  

La voz de Rich Moss tiene personalidad propia, ese tipo de voces medio rotas que enganchan, aunque por momentos tuviese dejes que nos trajesen a la mente nombres propios como Nickelback o Black Stone Cherry. “Let Me Go” o “Worth Fighting For”, grandes temas que pueden atestiguar este hecho y que sonaron realmente bien. La actuación fue saltando indistintamente entre sus dos únicos discos, con cortes tan buenos como “Follow Me” y “Not Your Enemy”, hasta que, en un visto y no visto se despedían, dejando un gran sabor de boca a los presentes.

Mención aparte merece la versión tan chula que hicieron del “Larger Than Life” de Backstreet Boys, la cual muchos dieron como propia de la banda.

Uno de los mejores conciertos del festival llegó verdaderamente pronto, y no fue otro que el de los australianos Mammoth Mammoth. Es realmente difícil de explicar la que liaron en un momento Mike Tucker y compañía, quienes salieron en tromba, dejando con la boca abierta a la audiencia allí congregada. Ya entre el primer y el segundo tema, Mike pensó que cantarlo entre el público era la mejor opción. No debió ver claro el salto al foso, ya que ni corto ni perezoso rodó por el escenario hasta caer de bruces en él. Ya una vez abajo se dedicó a cantar entre la gente mientras repartía abrazos, besos y algún que otro lametón. Musicalmente estaban sonando con su sucia contundencia habitual y la gente disfrutaba al máximo. El show de Tucker no había llegado a su fin, ya que únicamente dos o tres temas después decidió cantar desde las alturas, escalando la estructura del escenario un buen trecho sin ningún tipo de sujeción, algo que, en un día mojado como aquel, no fue todo lo sensato que podía ser. Eso sí, el espectáculo estaba funcionando a las mil maravillas.

  

“Mount The Mountain”, “Sick (Of Being Sick)” o “Fuel Injected” sonaron monumentales, con el plus de estar viendo a una banda hiperactiva sobre el escenario que no daba respiro alguno. “Sleepwalker” fue otro de los momentos que eligió el bueno de Tucker para volver a rodar sobre el escenario y acabar berreando entre un gentío cada vez mayor. Se centraron sobre todo en su material más reciente, pero no faltaron cortes de otras épocas como “Hell’s Likely” o “Dinosaurs”, marcándose un repertorio, que dentro de las limitaciones horarias fue bastante completo.

Espectacular concierto el que nos ofrecieron, por calidad y por intensidad. De lo mejor del día y del festival.

En un día de clara tendencia al macarrismo, The Temperance Movement iban a poner la clase. Un gustazo presenciar tal demostración de feeling y buen hacer sobre el escenario. Ya desde el principio, con “Only Friend” y “Love And Devotion”, el público quedó prendado con el blues rock con toques setenteros de la banda liderada por un Phil Campbell en estado de gracia, que se metió al público en el bolsillo desde el primer momento con su rasgada y particular voz. El otro pilar fundamental de la banda es el bajista Nick Fyffe, quien ha tocado, entre otros, con gente de la talla de Jamiroquai. Una pasada como llevó a la banda en volandas, tema tras tema, con un groove tremendo.

  

El resto de la banda no se quedó atrás, y contando además con unos buenos coros, los temas iban cayendo uno tras otro de manera suave y natural. “Caught In The Middle”, “Battle Lines” o “White Bear” brillaron con luz propia, aunque fue con “Deeper Cut”, “Know For Sure” o la más macarra “Midnight Black”, al más puro estilo Free, cuando más aplausos arrancaron. Es sin duda una banda para degustar, en la que no hay puntada sin hilo, con infinidad de arreglos y detalles por parte de Matt White y Paul Sayer, cada uno con un estilo bien definido a la guitarra, que ejecutaron a la perfección.Quizá el sonido pudo ser algo más claro dependiendo de la zona en la que se estuviese, pero es que, señores, estábamos en un festival, al aire libre, y había viento. Tampoco se puede pedir peras al olmo. Pero bueno, la ignorancia es muy atrevida y de sordos están los conciertos llenos. O eso dicen.

Otro muy buen concierto el ofrecido por The Temperance Movement, y todavía quedaban por delante cuatro bandas y más de seis horas de un viernes que no podía haber comenzado mejor.

Llegaba la hora de uno de los grandes atractivos del cartel: los suecos Hardcore Superstar. Es por todos sabidos que les puedes pillar en un mal día, pero que como estén en forma son una auténtica apisonadora en directo. Y, por suerte, así fue. Ya desde el comienzo fue un no parar de botar, corear cada estribillo y disfrutar a lo grande. Todos. Jóvenes, mayores, niños… Una despedida de soltero que por allí había… Todo el mundo lo pasó en grande ya desde el comienzo, en el cual encadenaron “Kick On The Upperclass”, la nueva “Electric Rider” y “Dreamin’ In A Casket”. Casi nada.

  

Más madera con “My Good Reputation”, coreadísima, y “Liberation”, de aquel magnífico y lejano, “Bad Sneaker And A Piña Colada” fueron una gran continuación tras un breve discurso. “Touch The Sky” nos dio un breve respiro, pero volvieron a pasarnos por encima con la frenético y enérgica “Last Call For Alcohol”. Una vez más estábamos presenciando a una banda hiperactiva sobre el escenario, el cual no paraban de recorrer de punta a punta, y a la vez perfectamente engrasada. Algún desajuste sin importancia, típicos del directo, es el único pero que les pudimos encontrar.

“Bring The House Down” y “Baboon” fue quizá el momento más flojo del show para mi gusto. Dos temas en los que la gente se quedó algo más fría, pero claro, teniendo en cuenta la marcha que llevábamos tampoco es que fuese un bajón de proporciones bíblicas, ni mucho menos. Jocke aprovechó también, como su colega Mike había hecho antes, a bajar del escenario y cantar unas estrofas con las primeras filas.

El final fue de auténtico órdago y seguramente el causante de más de una afonía. “Moonshine”, la incomparable “We Don’t Celebrate Sundays” y “Above The Law” pusieron punto y final a una gran actuación que, en líneas generales, nos dejó con ganas de más y pensando en la posibilidad de verles en sala a no mucho tardar.

  

Tras el concierto de los suecos, tocaba tomarse un respiro, en cuanto a lo musical, no así en lo tocante a la diversión, ya que era el turno del motor. Durante la jornada ya nos habíamos ido acercando, entre conciertos, a las diferentes exposiciones de coches, motos e incluso bicicletas, que poblaban los distintos rincones del recinto, y ahora era el momento de presenciar a los chicos del Lleides Team con su espectáculo de Freestyle. A pesar de que en algún momento, viendo la lluvia que había caído durante buena parte del día, llegamos a pensar que igual no se celebraba, la verdad es que Ryko Díaz y Marc Pinyol ofrecieron un show espectacular con sus motos.

Y llegó la hora de los cabezas de cartel, que fue también la gran decepción de un festival que mantuvo un nivel envidiable salvo cuando Buckcherry estuvo sobre el escenario.

Para empezar, de los Buckcherry originales el único que queda es Josh Todd, quién hizo directamente el ridículo en buena parte de los temas. La banda estuvo muy correcta, pero Todd lo tiro todo por los suelos ya desde el comienzo con “Ridin`” y “Broken Glass”. El vocalista apenas tenía voz, quedándose totalmente sin ella en varias partes, y la que tenía no era la que todos esperábamos para corear grandes clásicos como los que tocaron. Ya habíamos leído que en el Sweden pasó algo parecido, pero quisimos pensar que fue un mal día…

  

La gente estaba parada y observaba como Todd iba despojándose de ropa según iban pasando los temas. A pesar de la frialdad en cuanto al movimiento, el público si cantó. Cantó, de hecho, bastante más que el propio Todd, quien en los coreados estribillos, como el famoso “I love the cocaine” de “Lit Up”, quedaba tapado totalmente por la audiencia, que decidió pasarlo bien y si tenían que cantar ellos pues que así fuera. No todo fue malo en Josh, porque a pesar de la voz sigue siendo un buen frontman, como pudimos atestiguar en la mayoría del concierto, lo cual mitigó un poco el sentimiento de decepción que ya campaba por Rivas tras “Slamin’”, “Rose” o “Say Fuck It, la versión de Icona Pop

“Tired Of You” o “Rescue Me” nos dejaron claro que Stevie D. ha asumido a la perfección el papel de guitarrista principal de la banda, siendo seguramente lo mejor del concierto.“Too Drunk…”, “Gluttony” o “Sorry” fueron cayendo sobre una audiencia desencantada, que, en un alarde de ánimo, volvió a venirse arriba para corear los últimos temas de la noche: “Out Of Line”, “Tight Pants” y la versión de The Doors, “Roadhouse Blues”.

Decepción, no se puede calificar de otra manera el concierto de Buckcherry.

La banda sonora de “Los Intocables de Elliot Ness”, compuesta por Ennio Morricone, daba paso al que nunca falla, al que siempre divierte, al valor seguro que es Danko Jones. Ya saltó al escenario haciendo bromas sobre su nombre y su pronunciación en castellano (“Dan Cojones”), y es que si algo caracteriza al de Ontario es su buen humor. Aunque hubo quien dijo que no terminaron de sonar bien, lo cierto es que fue un show con un sonido potente y más que decente, por lo menos desde donde yo estaba, frente a la mesa de sonido, así lo percibí. Algún problemilla puntual con el paneo de las guitarras, poco más.

  

Brutales sonaron “Sugar Chocolate” o “The Twisting Knife” prácticamente nada más salir para, seguidamente, poner patas arriba el Auditorio Miguel Ríos con “First Date”, que posee un estribillo que siempre es de los más coreados en sus conciertos. En su trayectoria discográfica seguramente haya más altibajos, pero en directo no fallan, por muy a tópico que suene. Divertidos, enérgicos y con calidad. El propio Danko posee una personalidad a prueba de bombas, pero es que Calabrese y Knox, al bajo y a la batería respectivamente, realizan su labor de escuderos a la perfección. Quizá estuvo menos comunicativo que otras veces, pero tuvo palabras de cariño hacia el público en incluso los compañeros fotógrafos que por allí andaban.

“Code Of The Road”, “Dance”, “My Little Rock And Roll” o la más reciente “Wild Cat” sonaron sin concesiones.Llevábamos más de ocho horas de festival, pero todavía nos quedaban fuerzas para movernos al ritmo de “Full Of Regrets”, “I Think Bad Thoughts” y “Had Enough”, que enlazadas formaron una tríada espectacular. Otros temas como “I Gotta Rock” o “We’re Crazy” completaron una actuación que nos hizo disfrutar y, sobre todo, nos quitó el mal sabor de boca que nos habían dejado los cabezas de cartel.

  

Pasadas las dos de la madrugada, solo los valientes seguían al pie del cañón, y es que el frío, la escasez de transporte y la maratoniana jornada que esperaba al día siguiente, provocaron que los germanos Motorjesus salieran a escena con poquito público, algo que no les amilanó en absoluto. Su propuesta, mezclando el Hard And Heavy con toques Stoner suena bastante fresca, y desde luego que si hubiesen tocado a una hora más temprana, seguramente habrían cosechado un notable éxito.Pero como digo, ellos salieron a lo suyo, y aunque el sonido fue el más flojo de la jornada, algo que ya pasó el año pasado con Mustasch en el mismo horario, demostraron su buen hacer con temas como “Motor Dicipline”, “Dead Army” o “Legion Of Rock”.

Un más que digno cierre para una gran jornada de Rock and Roll.

  

Texto: Alberto López
Fotos: Mario López